
El régimen de los ayatollahs tiene los días contados. Aunque Estados Unidos y Europa no parezcan estar dispuestos a enfrentarlo seriamente (militarmente), China e India sigan comprando su crudo (ahora con oro) y la mal denominada “primavera árabe” — combinada con la política exterior de la administración Obama — les presente alguna oportunidad estratégica en el medio oriente, existen tres factores que van a acelerar su indefectible caída:
A) La creciente hostilidad de la población iraní hacia el régimen
B) La vulnerabilidad de la economía iraní (intensificada con las sanciones económicas). C) La profundización de los puntos A) y B) después de que Israel (¿Y Estados Unidos?) ataque sus instalaciones nucleares.
Podría fundamentar estos puntos con mayor profundidad y no hay dudas de que podríamos discutirlos, pero el objetivo de este artículo no es pronosticar la fecha exacta en que va a caer el régimen ni explorar cuáles van a ser las causas más relevantes de este evento, sino alertar sobre lo que va a ocurrir en el proceso. Y lo que va a ocurrir es simple: los ayatollahs no van a ahogarse sin manotear un poco de sangre judía.
La semana pasada, las autoridades de Azerbaiyán arrestaron a una célula terrorista que planeaba asesinar judíos; los acusados recibieron armas y equipos de contrabando suministrados por agentes iraníes. Días antes, un libanes de Hezbollah (brazo armado de Irán) fue detenido en Tailandia, antes de que pueda realizar los ataques terroristas que estaba planificando.
Estos no son episodios aislados; son un anticipo de lo que se viene. Por ahora, la prioridad del régimen es conseguir la bomba atómica y sobrevivir. Cuando llegue el ataque militar o cuando el régimen sienta que no va a poder sobrevivir por mucho tiempo más; vale decir, cuando los ayatollahs no tengan los medios para asesinar judíos de forma masiva, van a intentar asesinarlos de forma aislada. Pero como resulta cada vez más difícil perpetuar un ataque terrorista en Israel, la estrategia está y va a estar cada vez más orientada a atacar judíos en la diáspora.
Si todos los países donde hay población judía son un blanco posible, Argentina es un blanco bastante probable cuando contemplamos que
1) Los Ayatollahs tienen la capacidad logística para realizar un ataque terrorista en Argentina. Primero, porque el atentato a la embajada de Israel (1992) y el atentado a la AMIA (1994) les proporciona suficiente experiencia.
Segundo, porque con ayuda de Chávez y el bloque de países pro-bolivarianos, el régimen pudo desarrollar toda una red de terroristas, narcotraficantes e islamistas que puede ser activada para garantizar que su experiencia exitosa vuelva a repetirse. (Para más información sobre la penetración iraní en América Latina, se recomienda ver este documental)
2) Argentina no tiene la capacidad logística para prevenirlo. A pesar de que Argentina fue víctima de dos atentados terroristas catastróficos, el país no tiene agencias de contra-terrorismo, no tiene una seguridad fronteriza seria y no tiene ninguna legislación que trate a los terroristas como tales. Todo lo que tenemos para prevenir atentados terroristas son pilotes en las puertas de las instituciones judías.
3) Atentar contra Argentina no tiene ningún costo. A pesar de que el fiscal Nisman realizó un informe de 800 páginas donde está judicialmente demostrado que Irán financió y organizó el atentado a la mutual judía; a pesar de que la justicia argentina respaldó el informe y a pesar de que Interpol respaldó a la justicia argentina emitiendo un pedido de captura internacional para 8 funcionarios iraníes; el gobierno argentino no solo no cortó relaciones diplomáticas con Irán, sino que las profundizó. Una señal bien clara: mientras los representantes de casi todos los países se retiraban del último discurso de Ahmadinejad en la ONU, Jorge Arguello, el embajador argentino, fue uno de los pocos que permaneció sentado.
Si Irán cometiera un tercer atentado, ¿Existe algún motivo para pensar que la reacción del gobierno o de la sociedad argentina podría llegar a ser diferente?
Por supuesto que no. Algunos dirían que la “derecha israelí” está detrás del atentado, otros que es responsabilidad de Israel por atacar a los pobres ayatollahs, otros que fue culpa de Menem por encubrir el atentado a la AMIA y Página/12 presentaría todas las “opiniones” como válidas. Eso sí, nadie pondría en duda las buenas relaciones comerciales que hay entre Argentina e Irán, y tampoco se dudaría sobre la necesidad de actuar con “prudencia” para conservarlas. Además, si el gobierno argentino admitiera que Irán está detrás del atentado e hiciera algo al respecto, tendría que admitir que Irán se estuvo riendo detrás de sus espaldas. Aunque el costo político de admitir esto sea prácticamente nulo, no estaría dispuesto a pagarlo.
En pocas palabras, el gobierno permanecería sentado, como su embajador.
Los Ayatollahs saben esto. Son terroristas, no estúpidos.
Ahora bien, si la Argentina es un blanco tan fácil y el régimen iraní está tan enfermo de odio como decís, ¿Por qué el último atentado terrorista fue hace más de 17 años?
Repito: por el momento, lanzar una campaña terrorista a gran escala no está en las prioridades del régimen. Están desesperados por obtener la bomba y demasiado ocupados removiendo los obstáculos que tienen en el camino. Pero ni bien les caiga un misil en Qom o les caiga la ficha de que están acabados, la probabilidad de un tercer atentado va a ser preocupantemente alta.
Es más, no podemos descartar que haya un atentado antes. Según ABC News, la serie de atentados terroristas que desbarató el gobierno de Estados Unidos hace tan solo unos meses incluía ataques en Argentina. Si esto no es verdad, no hay dudas de que dado 1), 2) y 3), podría serlo perfectamente.
Ok, supongamos que te creo, ¿Hay algo que podamos hacer?
Una sola cosa: alzar la voz. Que los incrédulos nos tilden de “alarmistas” si quieren, pero acá hay vidas de civiles inocentes que están en juego.
No podemos permitir que los ayatollahs no dejen una tercera herida abierta.
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