Situación actual en medio oriente

 

Uno de los objetivos centrales de la Fundación Hadar es esclarecer los acontecimientos que tienen lugar en el medio oriente, frecuentemente distorsionados por el maniqueísmo mediático, la izquierda lunática y la judeofobia militante, que hoy en día encauza su odio contra el país judío. Para poner un ejemplo cotidiano de esta tendencia, Aluf Benn, un periodista de Haaretz (diario israelí de izquierda), dijo al comienzo de la revuelta tunecina que “no hay certeza absoluta de que si se llegara a congelar la construcción en la ciudad de Ariel (“asentamiento” israelí), los tunecinos dejarían de hacer tumultos en su país”. Esta afirmación alunada no requiere comentarios. No obstante, hoy no quería reflejar la triste decadencia de una ideología que se convirtió en un panfleto de revanchismo anti-occidental; sino tratar de desempeñar la noble misión de la Fundación Hadar que describí anteriormente. Una que, en estos tiempos, parece una misión imposible.

Hasta hace más o menos 3 meses, la imprevisible región que nos convoca estaba ideológicamente separada en dos bloques, división que Daniel Pipes denomina “La guerra fría del medio oriente”. El primero de ellos, el bloque revolucionario, es encabezado por Irán y compuesto por Siria, Qatar, Omán y dos organizaciones terroristas financiadas por el régimen de los ayatollahs, Hezbollah y Hamas, que ejercen el poder sobre El Líbano y la Franja de Gaza respectivamente. Turquía vendría a ser como un soporte del grupo y, por ahora, no representa un desafío para el liderazgo iraní sobre el mismo. El segundo, el bloque Statu-quo, estaba conformado por Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Túnez, Argelia, Marruecos, Libia y la gran mayoría de los países árabes, junto con Fatah. Israel es un caso aparte.

En ambos bloques, las elites que gobiernan son, en términos generales, políticamente opresoras y, en algunos casos, conservan los rituales islámicos del siglo VII (esclavización de la mujer, azotes a los que beben alcohol, apedreamiento a los que cometen adulterio y mutilación genital a las niñas, entre otras barbaridades). Sin embargo, existe una diferencia trascendental entre ambos: mientras que los regímenes autocráticos que conforman el bloque Statu-quo utilizan sus petrodólares para prevalecer en el poder y enriquecerse (es decir, como su nombre lo indica, para mantener todo tal y como está), Irán utiliza sus petrodólares para exportar la revolución islámica a todo el mundo, empezando por el medio oriente. En otras palabras, mientras que en un caso hablamos de dictaduras, en otro caso hablamos de dictaduras que tienen una aspiración totalitaria cimentada en la versión más extremista del Islam; y que gozan del respaldo ideológico, económico y militar de la tercera potencia petrolera mundial. Esta diferencia, sumada al hecho de que Irán es un país Chiita mientras que Arabia Saudita y Egipto son países sunitas, es lo que separaba las aguas en la región.

Como decía antes, este retrato del medio oriente era válido hasta hace 3 meses. Lo que empezó a ocurrir desde entonces es que los regímenes dictatoriales del bloque Statu-quo están cayendo como piezas de dominó y, paralelamente, Irán se está convirtiendo en el país más influyente de la región.

Comencemos por lo primero. Ya sea de forma relativamente prolija como en Túnez o brutalmente sanguinaria como en Libia, la cúpula de la pirámide de estos países cae o se tambalea frente a una muchedumbre que, contagiada por sus vecinos, grita basta de opresión y corrupción. Ahora bien, aunque la convulsión regional pueda explicarse por este motivo, uno esperaría que el futuro político de cada país varíe de acuerdo a sus propias características. Pero lo cierto es que así como las causas de las revueltas tienen un denominador común, las consecuencias también. Veámoslo en el caso de Egipto y Arabia Saudita.

Si uno ve la situación política egipcia con las lentes simplistas y maniqueas que utilizan los medios masivos de comunicación, entonces el “abajo Mubarak” se convierte en el cantito que todos queremos escuchar. El pueblo oprimido derrota a una dictadura malvada; el bien triunfa sobre el mal; descorchemos y comprimamos nuestro análisis en un “viva la revolución”. Pero hacer esto sería un acto de completa irresponsabilidad, porque a pesar de que – por enriquecerse a costa de su población y burlarse cotidianamente de los derechos humanos – Mubarak merecía que le den una buena patada; no es menos cierto que la Hermandad Musulmana podría tomar las riendas del país.

Primero, porque las protestas anti-Mubarak no fueron aceitadas por un líder firme, sino que respondieron a una situación de malestar general que, originalmente, se canalizó a través de las redes sociales (Facebook y Twitter) y, cuando estalló la revuelta en Túnez, se extendió espontáneamente a la calle Egipcia. Segundo, porque, en palabras de Pilar Rahola, “la única oposición estructurada, sólidamente asentada en amplias capas sociales, con líderes visibles y carismáticos y con una capacidad operativa internacional, es justamente la oposición que nadie quiere ver, que casi nadie nombra, pero que prácticamente todos temen: el movimiento de los Hermanos Musulmanes… Si este importante fenómeno no tuviera miles de militantes, no fuera –desde su creación en 1928 por Hasan al Banna– una de las organizaciones radicales islamistas más importantes del mundo, no hubiera inspirado a grupos yihadistas de todo el planeta y no tuviera el cuerpo teórico tan sólido que tiene, a la par que una enorme influencia en sectores intelectuales, el problema de Egipto sería de solución más rápida y menos incierta.”

Esta misma organización – que fue calificada por Obama como “una facción en Egipto” y por su director de la Inteligencia Nacional, James Clapper, como un movimiento “secular” – posee el siguiente slogan: “Alá es nuestro dios; el profeta es nuestro líder; el Corán es nuestra ley; la jihad es nuestro camino; morir por Alá es nuestro deseo”. Esta misma organización fue aliada de los nazis – a través del líder palestino y agente nazi Haj Amin el Husseini –  e importó su propaganda judeofóbica para utilizarla contra la democracia hebrea. Si llegaran a asumir la dirigencia de Egipto, el movimiento político que quiere imponer el Islam en todo el mundo – léase El Islamismo – contaría con el poder coercitivo de otro Estado más, de uno que “representa” a 82 millones de personas. Mubarak pasaría a ser el Sha, y Yusuf al-Qaradawi el nuevo Ayatollah Khomeini.

En lo que respecta a Arabia Saudita, el poder del reino yace en sus reservas petroleras y de gas, además de poseer el control sobre La Meca y Medina. Sin embargo, las fracciones ideológicas entre los saudís podrían precipitarlo. Las voces que se destacan son, en menor medida, la de los liberales artos de la corrupción y de la mano dura de la monarquía saudí; la de los Wahhabis radicales que se oponen a cualquier viraje hacia la modernidad y, por último, la de la minoría Chiita que quiere convertir al país en otro satélite de Irán. Por ahora, los únicos que han logrado organizar protestas relativamente exitosas (el 17, 24 y 28 de febrero) son los últimos. Esta amenaza, reforzada por la desafortunada política de la administración Obama – resumidamente, darle la espalda a los antiguos aliados estratégicos (como Mubarak y Saad Hariri) mientras minimiza la influencia iraní en la región -, impulsó a la monarquía saudí a estrechar sus vínculos diplomáticos y militares con Irán. Según DEBKAfile, se han destinado invitaciones para que delegaciones iraníes visiten las ciudades más importantes de Arabia Saudita.

No elegí hablar de estos dos países por su peso regional ni por sus dimensiones geográficas ni porque ambos eran aliados estratégicos de occidente, sino porque representan la situación que se vive en el nuevo oriente medio. Mientras que Egipto puede quedar a merced de una organización islamista, otros países – como Arabia Saudita, Jordania, Kuwait, Marruecos, Algeria, Bahrain y Yemen – están apaciguando a los aliados iraníes de la oposición para no terminar como Egipto. En el fondo, las dos partes de este cuadro proyectan la misma imagen: la influencia iraní crece.

Ahora, vamos a los hechos:

  • El 30 de enero, un cuerpo compuesto por hombres de Hezbollah y de Hamas (los dos brazos terroristas de Irán) liberó de una cárcel egipcia a 22 terroristas de dichos grupos, quiénes fueron recibidos por miembros de la Hermandad Musulmana para ser distribuidos entre los disturbios de El Cairo.  (ver)
  • Por primera vez en 30 años, el gobierno de los ayatollahs acordó con la cúpula militar Egipcia en permitir el paso de dos barcos de guerra iraníes por el canal de Suez; arribarían en Siria y transportarían misiles para Hezbollah. (ver)
  • El 24 de febrero, dos miembros prominentes de la oposición iraní fueron arrestados en una cárcel de alta seguridad,  destinada a los disidentes políticos e ideológicos y a los espías (nunca se ha visto regresar a nadie). Uno de ellos, Hossein Moussavi, es quién organizó las manifestaciones contra el régimen de los ayatollahs en el 2009, luego de que Ahmadinejad le ganase las elecciones de forma fraudulenta. Los arrestos fueron tan rápidos que sus seguidores políticos no tuvieron tiempo de reaccionar.  (ver)
  • Ese mismo día, el Hamas disparó desde la Franja de Gaza misiles iraníes dirigidos hacia Israel; uno llegó a dañar Beersheva. (ver)
  • Un día después, Irán firmó un acuerdo con Siria para construir una base naval en este país; sería su primera en las costas mediterráneas. El objetivo es preparar la infraestructura logística para una potencial guerra militar en el medio oriente. (ver)

Y mientras todo esto sucede, el régimen sigue financiado grupos terroristas, conservando sus buenas amistades en Latino América – con Hugo Chávez a la cabeza -, intimidando a países como Arabia Saudita y Bahrain a través de  la oposición local pro-iraní y desarrollando bombas atómicas para borrar a Israel del mapa.

Un Israel que, durante estos últimos tres meses, demostró ser el único aliado duradero y confiable que tiene el mundo occidental en el medio oriente. Un Israel que demostró ser el principal obstáculo que tiene Irán para absorber toda la región. Y, aún así, un Israel que no puede evitar el dedo acusador de todos los Aluf Benn habidos y por haber.

El Islamismo se expande en el medio oriente como el fuego en un bosque seco; pero, increíblemente, algunos siguen obsesionados con el único arbolito que conserva el color de la esperanza, se nutre de la democracia y, mientras se protege de las llamas, comparte sus frutos con toda la humanidad.

Ya es hora de que occidente empiece a valorar un poco más al Estado judío, analice la región con seriedad y prepare las aguas para atacar el fuego. Un fuego que es cada vez más expansivo, cada vez más dañino y que es permanentemente alimentado por el régimen de los ayatollahs.

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3 comentarios

  1. Excelente articulo.
    El auto odio judio de ciertos “intelectuales” israelies, en especial la banda de “Haaretz” da verguenza ajena. Llama la atencion como todavia no dijeron que el tsunami en Japon fue culpa de “la politica israeli de asentamientos”.

  2. escuchenla con atencion me gusto

  3. [...] a diferencia de mi reacción cautelosa frente a la revolución egipcia, cuando sigas el camino de Mubarak voy a festejar tranquilo. ¿Sabes por qué? Porque sea cual [...]

Los comentarios están cerrados.

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