Cuando la ignorancia es una elección

Para Cristina

En referencia a la intervención de la Presidente de la República Argentina, Doctora Cristina Fernández de Kirchner, en la Tercera Cumbre de países de América del Sur y Países Árabes (ASPA), realizada en Lima recientemente en donde la presidenta argentina comparó la causa palestina con la ocupación colonial británica en Malvinas.

Cuando en las Islas Malvinas, sólo se veían pingüinos, y los ambiciosos y sangrientos aventureros españoles no molestaban aún a los querandíes, que vivían en paz, soberanos y libres, en sus propias tierras; cuando aún los celtas no conquistaban las Islas Británicas, que siglos después serían una colonia romana; cuando en Hispania se hablaban dialectos fenicios y celtíberos, ya entonces nosotros éramos una nación soberana en nuestra tierra, Israel, hablando nuestra lengua hebrea en nuestros campos y ciudades y ya Jerusalem era nuestro magnífico centro nacional administrativo.

No voy a relatarle nuestra muy larga historia, pero le quiero hacer conocer “lo mínimo” para que comprenda hasta qué punto llega su errónea comparación. Ya diez siglos antes de la era común, el Rey Salomón decía: “La muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios).

El pequeño Israel no es un país colonial y los llamados “territorios” lo son en disputa, no en ocupación.

No existió jamás una entidad o Estado llamado “Palestina”. Las tierras que los hoy llamados palestinos reclaman son parte de nuestra nación y fueron ocupadas por extranjeros durante largos períodos. Uno de los nombres de ocupación extranjera se lo debemos al emperador romano Adriano (reinó del 117 al 138 después de la era común) que ahogó en sangre, en el año 135, la segunda gran rebelión judía y trajo a nuestra patria, Israel, las tropas de Sixto Julio Severus de Britania (esto sí tenemos en común con el caso Malvinas…) y éstos masacraron a nuestras fuerzas revolucionarias dirigidas por Shimón Bar Kojba e impusieron al país (Israel) el nombre de ocupación de Syria Palaestina (que significa Siria de los Filisteos – pueblo extranjero oriundo del norte del Mediterráneo extinto ¡más de diez siglos antes!). En todo caso, la remito a las escrituras cristianas para ver el nombre de nuestra tierra (Mateo 2:19-21).

A nuestra capital, Jerusalem, Adriano la “refundó” como Aelia Capitolina poniéndole su nombre y el del Capitolio Romano dedicado a Júpiter. Sólo a título ilustrativo, aclaro que los filisteos que llegaron alrededor del siglo 12 antes de la era común, fueron llamados así por la población local. “Filisteo” significa en hebreo “invasor” (no creo que ellos utilizaran este nombre despectivo para sí mismos).

Los ocupantes “de turno” que siguieron a Roma fueron los bizantinos, los árabes (¡sí, los extranjeros de la península arábiga incluyeron a Israel en el imperio musulmán!), los cruzados, los mamelucos, los turcos, los británicos y por fin reestablecimos nuestra soberanía en 1948. Simbólicamente, reubicamos el emblema de la Nación, que expone aún en Roma, el “Arco del Triunfo de Tito” del primer siglo de nuestra era y éste forma parte de nuestro escudo nacional: La Menorá (histórico candelabro de siete brazos).

Israel reconoció el derecho de los “palestinos” a formar su entidad nacional por primera vez en la historia, ya que su presencia en la región es una realidad del último siglo con la que debemos coexistir en paz, con fronteras seguras y reconocidas. Ellos son en nuestra región una realidad nueva como los cubanos en la Florida y los albaneses en Kosovo. No hay ni historia, ni arqueología palestina, pero hoy existen palestinos. Sus áreas fueron ocupadas en 1948 por Transjordania (después Jordania) y Egipto. La OLP fue creada en enero de 1964, cuando los territorios “reclamados” hoy estaban bajo poder jordano y egipcio. Así que la “Palestina” por liberar “era”… Israel. Y ésta es una historia casi actual y demasiado extensa. Es la historia del terrorismo árabe que comenzó muchas décadas antes de que hubiera un renacido Estado de Israel, con las masacres de 1920, 1921, 1929, 1936-1939 y durante los primeros años del Estado judío.

Sra. Presidenta: Por un lado, Argentina reconoce públicamente la responsabilidad iraní en el horrible atentado terrorista que destruyó la AMIA y cercenó las vidas de 85 ciudadanos argentinos; por otro lado disimula usted, en su discurso, la beligerancia del mismo régimen que asesinó y asesina a mansalva, a través de sus redes de terror, y su muy clara política de lograr armas nucleares para destruir a Israel. No es átomo para la paz, Señora, ¡es para la destrucción!

Yehoshua Erlich

Haifa – Israel

Fuente: Correo de lectores publicado en la edición 532 del periódico Comunidades

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Aquellos que intentaron cortar el vínculo de Israel con su tierra o exterminarnos en el pasado – llámese Filisteos, Asirios, Babilonios, Amalekitas, Seléucidas, Romanos, Imperio Español, Tercer Reich o Saddam Hussein – ya no existen más. Porque no hay fuerza en el mundo que pueda cortar el lazo entre el pueblo de Israel y su único país. Y a quien intente cortarlo, se le cercenará la mano y la maldición de D’s pesará sobre él a perpetuidad.

Y si quieren enterarse por qué las acciones unilaterales de la Autoridad Palestina en la ONU no acercan la paz y la solución de dos Estados para dos pueblos, aquí hay un breve resumen.

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Una respuesta

  1. Totalmente de acuerdo, en este mundo occidental es mucha nuestra ignorancia, en muchas cosas, pero sobre todo en cuanto al Pueblo del Creador del Universo, Israel.

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