De abusos y desproporciones

Por Rafael Bardaji:

Suele olvidarse que Israel es un Estado poco poblado, sus seis millones trescientos mil habitantes apenas superan a la Comunidad de Madrid. Su extensión también es reducida, unos 20 mil kilómetros cuadrados, un tercio menos que Cataluña. O lo que es lo mismo, el 1’7% del territorio de sus cuatro vecinos con el 6’5% de su población. Guardar las proporciones es importante a la hora de hablar del dolor y de la guerra.

Por ejemplo, desde septiembre del 2000 en Israel han sido víctimas de ataques terroristas algo más de mil civiles. En términos relativos eso quiere decir que si España hubiera sufrido la segunda intifada como Israel, los muertos en atentados hubieran alcanzado la cifra de 6.802, con más de 45 mil heridos. O, a escala de la Unión Europea, 63.900 muertos y medio millón de heridos. Cifras espeluznantes, pero las cifras con las que tienen que vivir los ciudadanos de Israel. Bajo las bombas de los suicidas y con una paciencia infinita digna de Job, a tenor de los datos.

Otro caso. En esta semana las bajas mortales israelíes en esta guerra sobrepasaban las 40. El gobierno libanés estimaba sus muertes en 360. Es decir, una relación de 1 a 9 a favor de los israelíes. ¿Es esto desproporcionado como se dice? Buscar equivalencias es siempre macabro, pero la relación de bajas entre Israel y sus enemigos no es desproporcionada ni en términos históricos ni para el actual conflicto. La primera guerra del Golfo tuvo un ratio de bajas de 1 a 180 a favor de la coalición y si tenemos en cuenta ahora que Hizboláh está alimentado por Siria e Irán, una comparación de fuerzas realista entre Israel y sus enemigos daría como resultado que deberían ir cerca de 800 muertos en el Líbano para resultar “proporcionados”. Y no van. Con los números en la mano si, la reacción de Israel es desproporcionada, pero en su contra.

La verdad es que Israel está siendo extremadamente cuidadoso en sus ataques, aunque se produzcan fallos técnicos y errores humanos, como en todas las operaciones bélicas. Si alguien del PSOE se molestara en mirar las fotos de satélite de las zonas atacadas –al alcance de cualquiera dispuesto a gastarse algunos euros y Rodríguez Zapatero debería, con lo que se ahorra en las rebajas londinenses- podría comprobar el grado de precisión de los bombardeos. Así, la destrucción del aeropuerto de Beirut se reduce a seis impactos con bombas convencionales, ni siquiera de penetración y anti-pistas. Resultado: unos pequeños cráteres en las intersecciones, fácilmente reparables una vez concluyan las operaciones. La guerra es el infierno, que dijo el general Sherman mientras quemaba Georgia a su paso, pero los israelíes nos enseñan que no es el Apocalipsis.

Una respuesta

  1. pues sí, tiene mucha razón pero cuando se trata de judios la cosa cambia.

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