¿Carter ha cruzado la barrera del antisemitismo? – Alan Dershowitz (2)

La segunda parte de este excelente artículo de Dershowitz. Para leer la parte I click acá.

  Desde la publicación de su libro “Palestina: Paz no Apartheid”, el ex presidente Jimmy Carter ha estado de gira por la televisión y la radio. En sus entrevistas, se explayó más allá de lo que dice en su libro. Y pudo haber cruzado la línea de la tolerancia. Presentaré los hechos y dejaré a los lectores decidir.

Carter ha implicado, basado en una premisa falsa, que los judíos controlan el proceso de los medios, los ámbitos académicos y políticos en Estados Unidos. Y destacó que “Nunca escuchas nada sobre lo que les sucede a los palestinos por culpa de los israelíes.” Pero esta afirmación es, cuanto menos, incorrecta. La situación de los palestinos se ha convertido en un tema de importancia en las universidades americanas, excluyendo la atención prestada a Rwanda, Darfur, a la ex Yugoslavia, Tíbet, Chechenia y a otros lugares en donde ha sucedido un real genocidio. Todos los periódicos importantes de los EE.UU. cubren regular y ampliamente el conflicto en Cisjordania y Gaza.

¿Por qué Carter promueve esta mentira? Hay sólo una respuesta: para jugar con el viejo estereotipo antisemita del control judío de los medios. Cuando le preguntaron por qué piensa que los medios no han prestada ninguna atención a la agresión israelí contra los palestinos, él sonríe y dice: “No lo sé”. Sin embargo, agrega que “ha experimentado la censura”, implicando que alguien, o un grupo, obstruye el libre debate y la libre expresión. En su presentación en “Meet the Press”, Carter señaló “al lobby judío” como “parte” del problema. Pero Carter nunca explicó quiénes forman parte del supuesto lobby.

En un artículo reciente, Carter fue aún más específico en su error. “Las críticas de libros en los medios masivos de comunicación han sido escritas sobre todo por los representantes de organizaciones judía”. Una vez más, un absurdo total. ¿A qué revisiones se está refiriendo? Ciertamente no fueron mías, las primeras en aparecer y que han sido utilizada por varios entrevistadores para desafiar Carter. No soy un “representante de organizaciones judías.” De hecho, soy un partidario y un admirador de Jimmy Carter, y, claro está, hablo por nadie más que por mi mismo. Y tampoco son representantes de organizaciones judías los otros críticos que han desacreditado su libro con citas como “Va contra la historia, es un idiota”, según Michael Kinsley, o “es un cínico” como dijo Jeffrey Goldberg del Washington Post. A pesar de su demostrable falsedad, Carter ha repetido la idea acerca de las supuestas “organizaciones judías” que desacreditan su libro en recientes talk shows.

Carter también se queja por el control judío de las universidades. Se está refiriendo a Brandeis. El rector de la facultad lo invitaría si Carter estuviese dispuesto a discutir su libro públicamente con un crítico bien informado. Carter declinó, alegando que sólo daría un discurso si se presentase más de una posición. ¿Por qué distorsionaría la verdad de esta conversación? ¿Para resaltar su postura sobre el control judío de la libertad académica en las universidades “con alta inscripción judía?”

Carter no excluye del supuesto control judío, al ámbito de la política, y exagera aún más. Según Jimmy, muy pocos se atreven a visitar las ciudades palestinas de Ramallah, Nablus, Hebrón, Gaza o Bethlehem y a dialogar con los residentes insurgentes. Pero este es otro absurdo total. Muchas figuras políticas americanas han visitado ciudades palestinas. Los he visto y he hablado sobre sus visitas.

¿Por qué distorsiona tanto la verdad y alimenta el estereotipo de la influencia judía sobre el proceso político?
Promoviendo estos modelos falsos: el control judío sobre los medios, la universidad y la política, Carter ha contribuido al crecimiento aceptable del antisemitismo alrededor del mundo. Exagerar sobre los males del conflicto palestino-israelí, y el sufrimiento de los palestinos en particular, ha legitimado la comparación, hecha a menudo por los antisemitas más extremos, entre el Estado judío y los más viles crímenes perpetrados contra los derechos humanos.

Cuando le preguntaron si creyó que la “persecución” de Israel a los palestinos era peor que Rwanda, Carter contestó que sí. Pero la comparación es absurda. Las milicias del Hutu mataron a alrededor de 800.000 Tutsis y miles fueron violados en un intento por exterminar a esa gente del país. Durante cualquier período comparable, el número de muertes palestinas nunca ha excedido los centenares, y en su mayoría fueron combatientes, terroristas, escudos humanos, o civiles asesinados inadvertidamente. Además, los Tutsis nunca tuvieron la oportunidad de prevenir su matanza, en cambio los palestinos iniciaron la violencia contra Israel y rechazaron en varias ocasiones cualquier clase de acuerdo de paz, ya sea la Comisión Peel, el plan de la partición de la ONU, o el acuerdo del Camp David en el año 2000. La idea de pronunciar Israel y Rwanda en la misma oración y de citar que Israel es el mayor violador de los derechos humanos es una obscenidad.

Ésta es exactamente la clase de exageración que motivó al congresista Juan Conyers, miembro fundador del Congressional Black Caucus, a desafiar a Carter por utilizar la palabra “apartheid” en el título de su libro, minimizando el horror de la verdadera discriminación racial. Como Conyers señaló, acusar a Israel de apartheid “no sirve a la causa de paz”. A propósito, Conyers no representa a ninguna “organización judía,” que yo sepa. Carter parece haber cambiado de idea con respecto a su comparación con Rwanda y el apartheid, sólo después de la polémica que generó. Dijo que él no quiere hablar “nuevamente sobre la historia antigua de Rwanda.” Pero esto es falso. Rwanda, cuando es invocado en el contexto de una discusión sobre los derechos humanos, es un evidente genocidio, como lo es el apartheid, las prácticas discriminatorias y la segregación opresiva en Sudáfrica antes de 1990. Cada uno entiende estos símbolos y Carter irresponsablemente los menciona hasta que alguien le llama la atención y es forzado a recapacitar.

Asimismo, sostiene a pesar del título de su libro, que no hay apartheid en Israel, sólo en los territorios palestinos, pero no es la impresión sugerida al lector. De hecho, en una reciente entrevista de la PBS, Carter reafirmó la mentira: “Diría que el trato de Israel hacia los palestinos es peor que el de los negros sometidos al apartheid. ¡Es peor!”

Más allá de los ejemplos y los detalles, la esencia relevante de todos los dichos de Carter es que su verdadero instinto consiste en acusar a Israel. Esta actitud se ha manifestado de manera irracional en su campaña contra el Estado judío, que legitima a los activistas que definen a Israel como a un Estado genocida y terrorista, comparable con la Alemania nazi y al apartheid en Sudáfrica.

En mi libro, “The Case for Peace”, señalo que la crítica a Israel no debe incluir la comparación con el antisemitismo. Y enumero una serie de criterios para determinar si se ha traspasado al abismo del antisemitismo:

*Emplear los estereotipos contra Israel que se han usado tradicionalmente contra los judíos a lo largo de la historia.
*Caracterizar a Israel como “el peor,” cuando está claro que esto no es una acusación comparativa veraz.
*Señalar sólo a Israel como el Estado merecedor de sanciones políticas que también son aplicables a otras naciones, o exigir a los judíos que sean mejores o más éticos que otros pueblos debido a su pasado como víctimas.
*Acentuar ciertas características entre los partidarios de Israel que se han utilizado tradicionalmente en ataques antisemíticos, por ejemplo: “los judíos americanos son demandantes”, “los judíos controlan los medios” y “los judíos controlan los mercados financieros.”
*Acusar sólo a los judíos de tener una doble lealtad.
*Culpar a Israel por los problemas del mundo y exagerar la influencia del Estado judío sobre los asuntos y conflictos del mundo.
*Sostener que toda crítica legítima de las políticas israelíes es condenada inmediatamente y ampliamente por los líderes judíos como antisemita, a pesar de cualquier evidencia que apoye esta acusación.
*Intentar ilegitimizar a Israel cuando su intención es alcanzar la paz.
*Fomentar y vociferar acusaciones falsas contra Israel y los judíos.

Invito a los lectores, a repasar estos criterios y a decidir ustedes mismos si el señor Jimmy Carter ha cruzado la barrera de la crítica legítima de Israel para pasar al antisemitismo ilegítimo.

Por Alan Dershowitz, Jerusalem Post

Traducción: Nicole Grouman para Radio Jai

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