Una calle Raoul Wallenberg en Eurabia

El Dr. Simon Shmuels, Director de Relaciones Internacionales del Centro Simon Wiesenthal, escribe sobre una calle inaugurada en Francia con el nombre de Raoul Wallenberg, un diplomática sueco en Budapest que rescató a mas de 35.000 judíos, lo insolito es que en la placa en homenaje a el no aparece el motivo por el que es homenajeado, de esta manera las autoridades responsables de esto se ahorran un problema con los islamistas radicales:

A casi sesenta y dos años de la desaparición de este “justo gentil”, la ciudad de Paris dio su nombre a una de sus calles. Siendo un diplomático sueco en Budapest durante la Segunda Guerra, Raoul Wallenberg rescató a más de 35.000 judíos húngaros y evitó su segura deportación a campos de la muerte. Debido a que la ceremonia se realizó un sábado a la mañana, las instituciones judías y la Embajada de Israel no pudieron estar presentes. La invitación incluía al embajador de Suecia en Francia como uno de los oradores. Irónicamente, ese mismo día, el Canciller sueco anunciaba su futuro encuentro con el “gobierno de Palestina” encabezado por el grupo terrorista Hamas. Esta visita puede interpretarse como una bofetada a la memoria de Wallenberg, dado que, implícitamente, otorga legitimidad a la carta orgánica de Hamas que llama al exterminio del pueblo judío, incluyendo a los descendientes de aquellos que fueron rescatados por un justo hijo de Suecia. Rue Raoul Wallenberg corre a lo largo de una corta extensión de un vecindario descuidado, y lleva hacia la carretera perimetral sobre los límites de Paris. Sin un equipo GPS, los taxistas no podrían encontrar sus coordenadas. La placa que se colocó en ese sitio es sumamente intrigante: “Rue Raoul Wallenberg. Un diplomático sueco nacido en 1912, y desaparecido en 1945 en la Unión Soviética. Un Justo entre las Naciones”. Las palabras “judío” y “Holocausto” se destacan por su ausencia. Es probable que los responsables de la zona consideraran la sensibilidad de los islamistas radicales que habitan en el vecindario. Mientras Wallenberg solloza en una esquina de Paris, uno se pregunta cuál fue el sentido de esta triste ceremonia.

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