Januca

Luego de la muerte de Alejandro Magno, el gigantesco Imperio Griego se dividió entre cinco de sus mayores generales, la parte que incluía a la Tierra de Israel estaba bajo dominio del flamante Imperio Seléucida, bajo el despótico liderazgo de Antíoco IV, quien quería asimilar por la fuerza todas las culturas del mundo a la griega. Alrededor del año 200 aEC, bajo las órdenes directas de Antíoco, se prohibió en Israel el cumplimiento de las mitzvot (preceptos) a los judíos y se les exigió su asimilación a la cultura griega. Al ser testigos los judíos de cómo se les prohibía su cultura impunemente, comenzó a gestarse el deseo de una insurrección nacional. La primera que inció la revuelta hebrea fue UNA MUJER, bella y carismática, la heroína Yehudit.

Durante la ocupación griega, salió un decreto que especificaba que, cualquier mujer judía que se casara, antes de la noche de bodas debía visitar la cama (“ser certificado” sexualmente si se quiere) del capitán de la guarnición militar griega, el Hagmón (me pregunto qué le pasaba al pobre tipo cuando la que se casaba era un bagayo asqueroso). Eso provocó que los casamientos fueran secretos. La hábil y famosa Yehudit, fingió un casamiento y fue llamada por el Hagmón. Cuando estaban en el lecho, Yehudit convenció al Hagmón de que, antes de acostarse, en vista de que tenían toda la noche por delante, tomara el vino que se acostumbraba para las fiestas judías, por lo que una y otra vez, lentamente, lo fue emborrachando… hasta que el griego quedó dormido. En ese entonces, la valiente Yehudit, arriesgando su propia vida, tomó su espada y sin miramientos le cortó la cabeza al poderoso Hagmón; la envolvió en una canasta, durmió con ella, a la mañana salió del palacio, y les dijo a los soldados que su capitán se encontraba exahusto y no quería ser molestado por unas horas.

Al día siguiente, Yehudit se apareció ante los judíos y, sosteniendo la cabeza del Hagmón, llamó a la rebelión general hebrea.

Los griegos, al ver descabezada (literal y figurativamente) su línea de mando, se empezaron a pelear entre ellos por ver quién debía ser el sucesor, mientras que enviaron un mensajero a Grecia para solicitar instrucciones. Mientras tanto, los judíos, al mando de los tzadikim y bravos guerreros de estirpe Jasmonea, organizaron una guarnición de soldados hebreos y atacaron sin piedad a las desorganizadas fuerzas griegas que ocupaban Israel, pasando por espada a todo enemigo que se encontraran en el camino. Liberaron el Templo y se apoderaron de todas las riquezas existentes allí que los griegos habían acomulado de todos los rincones del Imperio. Entonces los judíos le enviaron un mensaje a Grecia: les devolverían íntegramente el tesoro a sus propietarios (sin tomar siquiera un centavo) a cambio de que nunca más volvieran a la Tierra de Israel. El Imperio Seléucida (que se encontraba en una situación de crisis) aceptó la propuesta y nunca más molestó a los Israelitas.

Finalmente los judíos se encargaron de purificar su Templo, destruir los ídolos y encender la Janukiá (medía 1.8 metros y estaba hecha de oro macizo) para la reinaguración del sitio sagrado, cuya poca cantidad de aceite, a pesar de ser apta para un solo día de encendido de las velas, alcanzó para ocho días hasta que se pudo conseguir más. Este es el milagro de Januca que los judíos celebramos durante ocho días seguidos a partir del día 25 del mes de Kislev (este año, según el calendario gregoriano, cae del 11 al 19 de diciembre).

Si no me equivoco (pido que certifiquen con el rabino más cercano), esa es más o menos la historia de Januca (a lo mejor con algunas cosas que se me olvidaron en el medio).

Ahora bien, es llamativo cómo históricamente se rebelan los judíos, lanzan el grito en el cielo y toman las armas valientemente cuando lo que quieren sus perseguidores es acabar con el judío espiritual, es decir, la cultura, las tradiciones y las mitzvot de Israel, pero no muestran una actitud similar cuando lo que quieren nuestros enemigos no es destruir el Judaísmo, sino directamente dañar al judío de carne y hueso (persecuciones, expulsiones por parte de los romanos, pogroms en Europa y por supuesto la Shoá). Januca es una lección para todo el mundo: no se metan con nuestra Torá. El Tzahal es la contraparte del mensaje de Januca: desde 1948, tampoco se metan con nuestra gente. Amén ve amén. Jag Januca Sameaj para los lectores judíos del blog y para todo el pueblo de Israel.

En otro orden de cosas, el senador mormón por Utah, Orrin Hatch, muestra su aprecio por el pueblo judío escribiendo una canción sobre Januca:

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3 comentarios

  1. 2 pequeños detalles:

    los jashmonaim, mas que bravos guerreros, eran “simples” “rabinos” (cohanim), por asi decirlo, del Gran Templo. ese fue otro gran milagro, que gente sin entrenamiento y en cantidad puramente inferior derrotara a un gran ejercito.

    los 2do corrijo, que en vez de que hayan encendido una “janukia” cuando retomaron el Gran Templo, fue una “menorá”. la clásica de 7 brazos.
    hoy en dia tenemos la janukia que contiene 9 brazos por este evento precisamente, para encender 1 cada dia, pero en ese entonces no existia.

    mas alla de esto, increible resumen de la historia de la festividad.
    felicidades a todos!

  2. De nada por el video 😀 No cuesta nada mencionar cuando uno saca un material de algún blog, no?

    Esto fue redacción mía: “el senador mormón por Utah, Orrin Hatch, muestra su aprecio por el pueblo judío escribiendo una canción sobre Januca”:

    Todo bien igual.

  3. jaja!

    Sí, gracias Gabriela por el video. Y perdoname.

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