Entre parecidos, traidores, dictaduras y “subversivos”

Este es un post dirigido a nuestros lectores argentinos. Antes que nada, les aclaro que los textos que leerán a continuación no representan en lo más mínimo los valores o el pensamiento de mí ni de mis colegas, sino que se trata de un simple ejercicio que creo necesario aplicar para entender algunos parámetros ideológicos. Espero que sepan entender el mensaje del post. Si alguien se siente ofendido por alguno de los artículos, de antemano le pido mis más sinceras disculpas, realmente no era mi intención.

Pues bien, aclarado ese punto, ahora vamos a jugar un juego. Es la adivinanza… Adivina, adivina, adivinador, quién escribió esto…

1 de marzo, 1978

Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos, El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de febrero que “La disidencia argentina sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Rodolfo Walsh”. Afirmación tan rotunda como falsa.

Afortunadamente, una nota publicada por el prestigioso intelectual Abel Posse permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. En ella se demuestra que el supuesto “prisionero de conciencia” no era tal; por eso nunca figuró en la lista de “prisioneros políticos” elaborada por la ya disuelta CONADEP, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por el Consejo de Derechos Humanos.

Entonces, ¿quién era Rodolfo Walsh? La respuesta es bien simple: era un preso común con una frondosa carrera delictiva. Procesado por “violación de domicilio”, “lesiones menos graves”, “estafa”, “lesiones y tenencia de arma blanca” entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. La justicia argentina le concedió la libertad bajo fianza el 9 de marzo de 1973, pero pocos días después reincidía en sus delitos. Fue detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Allí se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la “libertad” y la “democracia” en Argentina. Astutamente reclutado por sectores de la “disidencia política” argentina, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quién sabe cuáles promesas o contrapartidas de todo tipo, que seguramente el paso del tiempo no tardará en aclarar.

El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el “cambio de régimen” en Argentina; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, de que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la “disidencia” y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un “preso de conciencia” a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente “disidencia política” es, en realidad, algo bien distinto: un grupo de individuos que fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de la Unión Soviética en Buenos Aires para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno marxista de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a la Argentina, que mantiene contra nuestra patria un ataque de guerrillas unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder del proceso de reorganización nacional. ¿Cómo reaccionaría el Kremlin si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno soviético en la embajada de Afganistán en Moscú? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como “disidentes políticos” o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios argentinos, lo más probable es que los rusos hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora.

Pero nada de eso ocurre en Argentina. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en el país cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras soviéticas y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la “prensa seria” cuya supuesta misión es informar. Los argentinos somos derechos y humanos. Para la prensa de la antipatria marxista, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de París. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Argentina y sus compinches en la “prensa seria” internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo, se dice. Y si hay que decir que Rodolfo Walsh era un “prisionero de conciencia” se dice y sanseacabó.

Vamos, adivinen, no es tan difícil…

–         ¿El Teniente General Jorge Rafael Videla?

NO !!

–         ¿María Cecilia Pando?

NO !!

–         ¿Alejandro Biondini?

NO !!

–         ¿Emilio Eduardo Massera?

NO !!

–         ¿Christian Von Wernich?

NO !!

–         ¿El gordo nazi de Rivadavia?

NO !!

¿Quieren saber la respuesta? Bueno, aquí va una ayudita…

El repugnante texto anteriormente publicado se encuentra en un simple idioma codificado. Algunas palabras que hacen referencia a países o ciudades (básicamente las que están en negrita) deben ser reemplazadas por otras, como por ejemplo:

*1978 por 2010

*Argentina por CUBA

*Unión Soviética por ESTADOS UNIDOS

*Buenos Aires por LA HABANA

*Moscú por WASHINGTON

*Guerrilla por BLOQUEO

*Antipatria marxista por IMPERIO

*Proceso de reorganización nacional por REVOLUCIÓN

*Abel Posse por otro “intelectual” fracasado de nombre desconocido

*Rodolfo Walsh por Orlando Zapata Tamayo

Ahora tienen los códigos. Hagan la prueba y averigüen…

Pero… ¿Es que todavía no lo descubrieron? Bueno muchachos, les voy a decir la verdad para el que todavía no “cayó”. ¿Saben quién es el autor del repugnante texto que les presenté anteriormente? Nada menos que Atilio Boron en una de sus últimas deposiciones, se trata de un respetado docente de la Universidad de Buenos Aires. Todo un gurú para la izquierda argentina. Yo personalmente me encargué de parafrasear su artículo reemplazando algunos nombres propios. Y el artículo original no fue publicado en la revista Cabildo, sino en una nota de opinión del diario Página/12. Aquí esta:

1 de marzo, 2010

Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos, El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de febrero que “La disidencia cubana sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo”. Afirmación tan rotunda como falsa.

Afortunadamente, una nota publicada por el prestigioso intelectual cubano Enrique Ubieta Gómez permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. (http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/26/orlandozapatatamayolamuerte utildelacontrarrevolucion/). En ella se demuestra que el supuesto “prisionero de conciencia” no era tal; por eso nunca figuró en la lista de “prisioneros políticos” elaborada por la ya disuelta Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2003, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de los Estados Unidos por el Consejo de Derechos Humanos.

Entonces, ¿quién era Zapata Tamayo? La respuesta es bien simple: era un preso común con una frondosa carrera delictiva. Procesado por “violación de domicilio” (1993), “lesiones menos graves” (2000), “estafa” (2000), “lesiones y tenencia de arma blanca” (2000) entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. La justicia cubana le concedió la libertad bajo fianza el 9 de marzo de 2003, pero pocos días después reincidía en sus delitos. Fue detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Allí se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la “libertad” y la “democracia” en Cuba. Astutamente reclutado por sectores de la “disidencia política” cubana, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quién sabe cuáles promesas o contrapartidas de todo tipo, que seguramente el paso del tiempo no tardará en aclarar.

El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el “cambio de régimen” en Cuba; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, de que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la “disidencia” y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un “preso de conciencia” a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente “disidencia política” es, en realidad, algo bien distinto: un grupo de individuos que fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a Cuba, que mantiene contra esa isla un bloqueo criminal unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder de la revolución cubana. ¿Cómo reaccionaría Washington si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno de Estados Unidos en la embajada de Afganistán en Washington? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como “disidentes políticos” o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios cubanos, lo más probable es que los estadounidenses hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora.

Pero nada de eso ocurre en Cuba. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en la isla cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras estadounidenses y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la “prensa seria” cuya supuesta misión es informar. Para la prensa del imperio, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de París. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Cuba y sus compinches en la “prensa seria” internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo, se dice. Y si hay que decir que Zapata Tamayo era un “prisionero de conciencia” se dice y sanseacabó.

Y ahora viene el gran finale… ¿cuál es la maldita diferencia entre un zurdo Castrista y un milico Videlista? Eeeehhhh…. YA SÉ! Que uno se deja la barba y el otro bigote.

No me quepa la menor duda que los lectores, indignados seguro deben estar (sería lo normal y lógico)… ¿pero sorprendidos? No lo creo. Parece que algunos de los nuestros se equivocan, la doble vara no se aplica solamente contra nosotros. Después de todo, no iban a creer que por condenar la dictadura militar argentina los tipos como Boron son defensores de la libertad, los derechos humanos, la democracia y la justicia en el mundo… me imagino un diálogo con ese tipo:

¿Libertad para el pueblo de Birmania subyugado bajo una feroz tiranía sin parangón?

“No me jodas porque no me interesa, los yankis no están metidos ahí”.

¿Democracia para el pueblo cubano que viene soportando una dictadura que lleva medio siglo de existencia ininterrumpida?

“Es que es un tipo distinto de democracia, no-burguesa claro, donde el que gobierna no es sometido a elecciones populares y maneja todo el país ad eternum porque todos están viviendo en el paraíso y la felicidad universal con su régimen, por lo que nadie necesita cuestionar su autoridad, por eso tampoco hay necesidad de separación de poderes. Abajo Bush!”.

¿Derechos humanos en Irán?

“Los iraníes están más felices que nunca con la bendita república islámica teocrática, es cierto que a las mujeres les pegan y lapidan, a las minorías las excluyen, a los opositores los torturan y violan, a los homosexuales los ahorcan o decapitan y a los que beben alcohol le dan latigazos o le pasan un tanque encima, pero son problemas menores al lado de la brutalidad del capitalismo salvaje” (nota aclaratoria: los cubanos de Miami viven mucho mejor bajo el brutal capitalismo norteamericano que sus compatriotas en la isla, sus “hermanos” en Venezuela o sus contraparte iraníes).

¿Genocidio en Darfur?

“¿De qué hablas? Ah, sí, África… Son negros, están lejos y encima me llegó la información de que algunos de ellos tienen el atrevimiento de tratar de escapar a la pérfida entidad sionista sin poder ver dónde está el verdadero progreso, aunque en ello se jueguen la vida”.

Pero hombre!! Y si un tipo en Cuba es encarcelado por pensar diferente y está dispuesto a matarse de hambre para luchar contra el régimen… pues entonces es casi casi casi un malvado subversivo hijo de puta traidor criminal basura terrorista al servicio de la CIA y el complot secreto de la judeomasonería mundial cabalística sinárquica que busca dominar el mundo con el imperialismo y PEPSI… (Ramón Camps no lo podría expresar mejor). De todas formas la palabra ‘subversivo’ no le asquea a ninguno de los dos grupos fascistas a diestra y siniestra.

Pues, en definitiva, para esos “intelectuales” siempre que un sufrimiento humano vaya en contra de sus intereses o preferencias dependiendo de cuál sea la víctima o el victimario, pueden irse a la mierd…. absolutamente todos. TODOS. No solo no recibirán compasión de la intelectualidad progresista ni de sus “hermanos latinoamericanos”, sino que encima serán difamados después de muertos por haber tenido el atrevimiento de cuestionar los valores del infalible socialismo científico en la paradisíaca isla comunista (¿acaso no conocemos un solo ejemplo de un país que triunfó bajo la “revolución marxista”?).

Bueno, nada nuevo bajo el sol. Muchas veces dije que el discurso de la ultraizquierda es una copia del discurso de los neofascistas contemporáneos (o al revés). Este post también nos muestra cómo el discurso de la ultraizquierda cuando habla de Cuba, está calcado de una proclama de los carapintadas (o al revés). Al menos para mí, toda esa “intelectualidad” izquierdista que defiende la dictadura de los Castro y se caga en las víctimas cubanas del régimen y cualquier derecho humano o libertad civil que reclamen en su favor, ha perdido toda autoridad moral para hablar de los 30.000 desaparecidos argentinos. No por atacar a estos últimos, sino precisamente todo lo contrario, para honrar su memoria y evitar que sea manchada por gentuza como Boron. Que nos difamen a nosotros me importa un rábano y medio, porque a Israel no le cambia absolutamente en nada lo que diga ese imbécil, pero que sean tan hipócritas, insensibles y caraduras con respecto a gente que realmente sufre una dictadura brutal en el propio continente es algo que directamente me saca de quicio. Malditos sean.

(Argentina 1978/Cuba 2010: Así como no existen terrorismos “buenos o malos”, tampoco existen dictaduras buenas )

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Una respuesta

  1. Jajajaja brillante trabajo!!!

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