Ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón

Ahora resulta que los piolas iraníes se han caído del árbol y han descubierto en carne propia lo que significa el terrorismo. Pero claro que ellos, quienes llevan décadas exportándolo, se lo han tomado fatal. Y así, el régimen ayatolá ha acusado a Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel, Pakistán y el loro de Tarzán de estar detrás del atentado que se ha llevado por delante a una treintena de personas, entre ellas varios jefes de los Guardianes de la Revolución Islámica.

Al lector habría que recordarle, nuevamente, cómo las “víctimas” de este atentado han promocionado, financiado y armado a gente que hace exactamente lo mismo que les han hecho ahora a ellos, pero todos los días. Hay que recordarle que Hamás y Hezbollah existen gracias al indispensable apoyo de todo tipo que llega de Irán. Y que cuando en Jerusalén, Kabul, Bagdad, Beirut o Buenos Aires miles de vidas inocentes han quedado truncadas por acciones de estos grupos, los responsables principales estaban cómodamente en Teherán exigiendo al servicio doméstico que sacara brillo a las medallas del uniforme.

Al lector habría que explicarle que, al contrario de lo que los iraníes hacen, nadie en Occidente brindará por ese atentado (más bien fue repudiado por el propio Obama, Hillary Clinton y los líderes de la Unión Europea). Ni se repartirán pasteles por la calle, ni nadie ofrecerá 25.000 dólares a la familia de los terroristas que se hicieron estallar. Porque, independientemente de lo que diga una “defensora de los derechos humanos” que festeja la masacre de tres mil civiles inocentes en Nueva York (como Hebe de Bonafini), para nosotros no existen terrorismos buenos y terrorismos malos. Además, lo de Jundallah es más complejo porque les ha mordido la serpiente del narcotráfico, que no conoce el lenguaje diplomático y se pasa por el forro las amenazas de Ahmanideyad.

Finalmente, a los ayatolás que lamentan este atentado, habría que recordarles que, como dicen los gallegos, donde las dan las toman… o, como prefiero decir yo, probaron un poco (solamente un poquito) de su propia medicina.

Por mi parte, lamento la pérdida de vidas inocentes cuyo único “crimen” era asistir a una celebración religiosa en una mezquita. Pero también aclaro que de ninguna manera creo que, a pesar de condenar el atentado, desde este sitio alguien no pueda dormir por las noches al saber que, nuevamente, Jundallah se ha encargado de mandar al quinto cielo de Mahoma a muchos jerarcas de los Guardianes de la Revolución Islámica iraní. Como dice el título: ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón.

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