Discurso de Obama en la ONU

Qué quieren que les diga… la verdad es que me convenció, me encantó y me emocionó el discurso del presidente estadounidense en la Asamblea General. Lo digo desde el corazón, pero también desde la razón.

TEXT OF PRESIDENT BARACK OBAMA´S ADDRESS TO THE UNGA (ESPAÑOL)TEXTO DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE BARACK OBAMA A LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU

Comentarios del Presidente Barack Obama Preparado para su IntervenciónDiscurso para la Asamblea General de las Naciones UnidasNueva York, NY – 23 de septiembre 2010

(TRADUCCIÓN LIBRE DE ANA)

Señor Presidente, Señor Secretario General, compañeros delegados, señoras y señores: Es un honor dirigirme a esta Asamblea por segunda vez, casi dos años después de mi elección como Presidente de Estados Unidos.Sabemos que este no es un tiempo normal para nuestro pueblo. Cada uno de nosotros viene aquí con sus propios problemas y prioridades. Pero también hay desafíos que tenemos en común como líderes y como naciones.Nos encontramos dentro de una institución construida a partir de los escombros de la guerra para unir al mundo en búsqueda de la paz. Y estamos en una ciudad que -durante siglos- ha dado la bienvenida a personas de todo el mundo, lo que demuestra que los individuos de todos los colores, creencias y posición social pueden unirse en busca de oportunidades; construir una comunidad y vivir con la bendición de la libertad humana.

Fuera de las puertas de esta sala, las cuadras y los barrios de esta gran ciudad cuentan la historia de una década difícil. Hace nueve años, la destrucción del World Trade Center, señaló una amenaza que no respeta los límites de la dignidad o de la decencia. Hace dos años este mes, una crisis financiera en Wall Street devastó a las familias norteamericanas en Main Street. Estos problemas distintos han afectado a los pueblos de todo el mundo. Hombres, mujeres y niños han sido asesinados por extremistas desde Casablanca a Londres, desde Jalalabad a Yakarta. La economía mundial sufrió un golpe muy duro durante la crisis financiera, paralizando a los mercados y aplazando los sueños de millones en todos los continentes. Por debajo de estos desafíos a nuestra seguridad y prosperidad yacen temores más profundos: que viejos odios y divisiones religiosas están una vez más en ascenso, que un mundo que ha crecido más interconectado, de alguna manera se ha deslizado fuera de nuestro control.

Estos son algunos de los retos que mi gobierno ha enfrentado desde que asumimos el poder. Hoy me gustaría hablarles acerca de lo que hemos hecho en los últimos 20 meses para responder a estos desafíos, que nuestra responsabilidad es buscar la paz en Medio Oriente, y qué clase de mundo estamos tratando de construir en este siglo 21.

Permítanme comenzar con lo que hemos hecho. En nada me he concentrado más como Presidente que en rescatar a nuestra economía de una catástrofe potencial. Y en una época en que la prosperidad se comparte, no podíamos hacerlo solos. Entonces Norteamérica se ha unido a las naciones de todo el mundo para estimular el crecimiento y la demanda renovada de que podría recomenzar la creación del empleo. Estamos reformando nuestro sistema de las finanzas mundiales, empezando por la reforma de Wall Street en casa, para que una crisis como ésta nunca vuelva a suceder. Y hemos hecho del G-20 el punto central para la coordinación internacional, porque en un mundo donde la prosperidad está más difusa, debemos ampliar nuestro círculo de cooperación para incluir a las economías emergentes.

Hay mucho para mostrar sobre el resultado de nuestros esfuerzos, aún cuando hay mucho más trabajo por hacer. La economía mundial se ha retirado desde el borde de una depresión, y está creciendo una vez más. Hemos resistido el proteccionismo, y estamos explorando las formas de expandir el comercio e intercambio entre las naciones. Pero no podemos descansar -y no lo haremos- hasta que estas semillas de progreso se conviertan en una prosperidad más amplia, para todos los norteamericanos y para los pueblos de todo el mundo.

En cuanto a nuestra seguridad común, Norteamérica está librando una lucha más eficaz contra Al Qaeda, mientras que está terminando la guerra en Irak. Desde que asumí el poder, Estados Unidos ha sacado de Irak cerca de 100.000 soldados. Lo hemos hecho responsablemente, en tanto los iraquíes han hecho la transición para tomar la responsabilidad de la seguridad de su país. Ahora estamos enfocados en la creación de una asociación duradera con el pueblo iraquí, manteniendo nuestro compromiso de sacar al resto de nuestras tropas a finales del próximo año.

Mientras nos retiramos de Irak, nos hemos concentrado en derrotar a Al Qaeda y en negarles a sus asociados un refugio seguro. En Afganistán, Estados Unidos junto con nuestros aliados estamos llevando a cabo una estrategia para romper el impulso de los Talibán y para desarrollar la capacidad del gobierno afgano y de sus fuerzas de seguridad, de modo que una transición hacia la responsabilidad afgana pueda comenzar en julio próximo. Y desde el sur de Asia hasta el Cuerno de África, nos estamos moviendo hacia un enfoque más específico, uno que refuerce a nuestros socios y desmantele las redes terroristas sin desplegar grandes ejércitos norteamericanos.

Mientras perseguimos a los extremistas más peligrosos del mundo, también estamos negándoles las armas más peligrosas existentes, en pos de la paz y la seguridad en un mundo sin armas nucleares. A principios de este año, 47 naciones han adoptado un plan de trabajo para poner a seguro todos los materiales nucleares vulnerables dentro de los próximos cuatro años. Nos hemos unido a Rusia para firmar el acuerdo de control de armas más completo en décadas. Hemos reducido el papel de las armas nucleares en nuestra estrategia de seguridad. Y aquí, en las Naciones Unidas, nos reunimos para fortalecer el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Como parte de nuestros esfuerzos en materia de no proliferación, ofrecí a la República Islámica de Irán una mano extendida el año pasado, y subrayé que tiene derechos y responsabilidades como miembro de la comunidad internacional. También dije -en esta sala- que Irán debe ser considerado responsable si no cumpliera con esas responsabilidades. Eso es lo que hemos hecho. Irán es el único partido en el TNP que no puede demostrar las intenciones pacíficas de su programa nuclear, y esas acciones tienen consecuencias. Por medio de la Resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU, pusimos en claro que la ley internacional no es una promesa vacía.

Ahora permítanme ser claro una vez más: Estados Unidos y la comunidad internacional busca una resolución a nuestras diferencias con Irán, y la puerta sigue abierta a la diplomacia si Irán decide caminar a través de ella. Pero el gobierno iraní debe demostrar un compromiso claro y creíble, y confirmar al mundo la intención pacífica de su programa nuclear.

A medida que combatimos la propagación de armas mortíferas, también estamos enfrentando el fantasma del cambio climático. Después de realizar en casa inversiones históricas en materia de energía limpia y eficiencia, ayudamos a forjar un Acuerdo en Copenhague que -por primera vez- compromete a todas las grandes economías a reducir sus emisiones. Esto es sólo un primer paso. En el futuro, vamos a apoyar un proceso en el que todas las grandes economías cumplan con las responsabilidades de proteger a nuestro planeta, mientras que liberan el poder de una energía limpia para servir como motor del crecimiento y desarrollo.

Norteamérica también ha abrazado responsabilidades únicas que vienen con nuestro poder. Desde que llegaron las lluvias y las inundaciones crecieron en Pakistán, nosotros comprometimos nuestra asistencia, todos deberíamos apoyar al pueblo pakistaní en su recuperación y reconstrucción. Y cuando la tierra tembló y Haití fue devastada por las pérdidas, en respuesta nos unimos a una coalición de naciones. Hoy honramos a los miembros de la familia de las Naciones Unidas que perdieron su vida en el terremoto, y nos comprometemos a apoyar al pueblo de Haití hasta que puedan pararse sobre sus propios pies.En medio de esta agitación, hemos sido persistentes en la búsqueda de la paz. El año pasado comprometí mis mejores esfuerzos para apoyar el objetivo de dos estados, Israel y Palestina, viviendo lado a lado en paz y seguridad, como parte de una paz global entre Israel y todos sus vecinos. Hemos recorrido un camino sinuoso en los últimos doce meses, con pocos picos y muchos valles. Pero este mes estoy complacido porque hemos continuado con negociaciones directas entre israelíes y palestinos en Washington, Sharm el-Sheij y Jerusalén.Ahora muchos son pesimistas acerca de este proceso. Los cínicos dicen que los israelíes y los palestinos desconfían demasiado unos de otros, y que están demasiado divididos internamente para forjar una paz duradera. Los detractores de ambos lados tratan de interrumpir el proceso, con palabras amargas y con bombas. Algunos dicen que las brechas entre las partes son demasiado grandes, que la posibilidad de que las conversaciones se rompan también es demasiado grande y que después de décadas de fracasos la paz simplemente no es posible.

Pero consideren alternativas. Si no se alcanza un acuerdo, los palestinos nunca conocerán el orgullo y la dignidad que viene con su propio estado. Los israelíes nunca conocerán la certeza y seguridad que viene de vecinos soberanos y estables que están comprometidos con la coexistencia. Tendrán lugar las duras realidades de la demografía. Más sangre será derramada. Esta Tierra Santa seguirá siendo un símbolo de nuestras diferencias, en lugar de nuestra humanidad común.

Me niego a aceptar ese futuro. Todos tenemos que tomar una decisión. Y cada uno de nosotros debe elegir el camino de la paz. Esa responsabilidad comienza con las propias partes, que deben responder al llamado de la historia. A principios de este mes, en la Casa Blanca, me impresionaron las palabras tanto de los dirigentes israelíes como de los palestinos. El Primer Ministro Netanyahu dijo: “Hoy vine aquí para encontrar un compromiso histórico que permitirá a ambos pueblos vivir en paz, seguridad y dignidad.” El Presidente Abbas dijo: “No escatimaremos esfuerzos y trabajaremos con diligencia y sin descanso para asegurar que estas negociaciones logren su objetivo.”

Estas palabras deben ser seguidas por acciones, y creo que ambos líderes tienen el coraje de hacerlo. Pero el camino que tienen que recorrer es difícil, por eso hago un llamamiento a israelíes y palestinos -y al mundo- para que se reúnan detrás del objetivo que estos dirigentes comparten. Sabemos que habrá pruebas a lo largo del camino, y que se acerca rápidamente. La moratoria de los asentamientos de Israel ha hecho una diferencia en el terreno, y mejoró la atmósfera para las conversaciones. Nuestra posición sobre esta cuestión es bien conocida. Creemos que la moratoria debería extenderse. También creemos que las conversaciones deberían seguir avanzando hasta que estén terminadas. Ahora es el momento para que las partes se ayuden mutuamente a superar este obstáculo. Ahora es el momento de construir confianza -y dar tiempo- para el progreso sustancial que se debe hacer. Ahora es el momento para aprovechar esta oportunidad de modo que no se escape.

La paz debe ser hecha por los israelíes y los palestinos, pero cada uno de nosotros también tiene la responsabilidad de hacer su parte. Aquellos de nosotros que son amigos de Israel deben entender que la verdadera seguridad para el Estado judío requiere una Palestina independiente, una que permita al pueblo palestino vivir con dignidad y oportunidades. Y aquellos de nosotros que son amigos de los palestinos deben entender que los derechos del pueblo palestino se ganarán sólo por medios pacíficos, incluyendo una auténtica reconciliación con un Israel seguro.

Muchos en este salón se cuentan como amigos de los palestinos. Pero estas promesas ahora debe estar respaldadas por los hechos. Aquellos que han firmado la Iniciativa de Paz Árabe deberían aprovechar esta oportunidad para hacerla realidad mediante la adopción de medidas tangibles hacia la normalización que promete a Israel. Aquellos que hablan a favor de la autonomía palestina deberían ayudar a la Autoridad Palestina política y económicamente, y -al hacerlo- ayudarían a los palestinos a construir las instituciones de su estado. Y aquéllos que están deseando ver el ascenso de una Palestina independiente deben dejar de tratar de destruir a Israel.Después de miles de años, judíos y árabes no son extraños en una tierra extraña. Y después de sesenta años en la comunidad de las naciones, la existencia de Israel no debe ser un tema de debate. Israel es un estado soberano y la patria histórica del pueblo judío. Debe quedar claro para todos que los esfuerzos para debilitar la legitimidad de Israel sólo se encontrarán con la oposición inquebrantable de Estados Unidos. Y los esfuerzos para amenazar o matar a israelíes no hacen nada para ayudar al pueblo palestino, la masacre de israelíes inocentes no es resistencia, es injusticia. No nos equivoquemos: el coraje de un hombre como el Presidente Abbas -que lucha por su pueblo frente al mundo – es mucho mayor que los que disparan cohetes a las mujeres y niños inocentes.El conflicto entre israelíes y árabes es tan antiguo como esta institución. Y podemos volver aquí, el próximo año, como lo hemos hecho los últimos sesenta, y hacer largos discursos al respecto. Podemos leer listas de quejas conocidas. Podemos presentar las mismas resoluciones. Podemos darle más poder a las fuerzas del rechazo y el odio. Podemos perder más tiempo continuando una discusión que no ayudará a un solo niño israelí o palestino a lograr una vida mejor. Podemos hacer eso.

O bien, podemos decir que esta vez será diferente, que esta vez no vamos a dejar que el terror, la turbulencia, las posturas o la mezquina política se interponga en el camino. Esta vez vamos a pensar no en nosotros, sino en la muchacha de Gaza que no quiere tener límites para sus sueños, o el muchacho de Sderot que quiere dormir sin la pesadilla de los ataques con cohetes. Esta vez, deberíamos recurrir a las enseñanzas de tolerancia que se encuentran en el corazón de las tres grandes religiones que ven a la tierra de Jerusalén como sagrada. Esta vez deberíamos obtener lo mejor dentro de nosotros mismos. Si lo hacemos, cuando volvamos el año que viene, podremos tener un acuerdo que dará lugar a un nuevo miembro de las Naciones Unidas, un estado de Palestina, independiente y soberano, que viva en paz con Israel.

Es nuestro destino llevar la carga de los retos a los que me he referido, la recesión, la guerra y el conflicto. Y siempre hay un sentido de urgencia -inclusive emergencia- que impulsa la mayor parte de nuestra política exterior. En efecto, después de milenios marcados por las guerras, esta misma institución refleja el deseo de los seres humanos por crear un foro para hacer frente a las emergencias que inevitablemente vendrán.

Pero incluso cuando nos enfrentamos a desafíos inmediatos, también debemos tomar previsiones para más allá de ellos y considerar qué estamos tratando de construir en el largo plazo. ¿Cuál es el mundo que nos espera cuando las batallas de hoy lleguen a su fin? Sobre eso es de lo que me gustaría hablar hoy con el tiempo que me queda.

Una de las primeras acciones de esta Asamblea General fue adoptar una Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Esa Declaración comienza diciendo, “el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.”

La idea es simple, que la libertad, la justicia y la paz para el mundo debe comenzar con la libertad, la justicia y la paz en las vidas de los seres humanos como individuos. Para Estados Unidos, esta es una cuestión de moral y necesidad pragmática. Como Robert Kennedy dijo, “el hombre individual, el hijo de Dios, es la piedra de toque del valor, y la sociedad toda, los grupos, el estado, existen para su beneficio.” Por lo tanto, defendemos los valores universales porque es lo correcto. Pero también sabemos por experiencia que quienes defienden estos valores para sus pueblos han sido nuestros mejores amigos y aliados, mientras que los que han negado esos derechos -sean grupos terroristas o gobiernos tiránicos- han elegido ser nuestros adversarios.

Los derechos humanos nunca han sido cuestionados, en ninguna de nuestras naciones y tampoco en nuestro mundo. La tiranía todavía está entre nosotros, y se manifiesta cuando los Talibán matan a niñas que tratan de ir a la escuela, cuando un régimen norcoreano esclaviza a su propio pueblo o cuando grupos armados en Congo-Kinshasa usa la violación como un arma de guerra.

En tiempos de malestar económico, también puede haber preocupación por los derechos humanos. Hoy, como en tiempos pasados de intranquilidad económica, algunos ponen a un lado los derechos humanos con la promesa de una estabilidad a corto plazo o por la falsa noción de que el crecimiento de la economía vendrá a expensas de la libertad. Vemos a líderes aboliendo los límites de sus mandatos, aplicando mano dura sobre la sociedad civil, y a la corrupción la vemos sofocando a los emprendedores de negocios propios y al buen gobierno. Vemos que las reformas democráticas son demoradas indefinidamente.

Como dije el año pasado, cada país continuará en una trayectoria arraigada en la cultura de su pueblo. Sin embargo, la experiencia nos muestra que la historia está del lado de la libertad, que la base más sólida para el progreso humano se encuentra en las economías abiertas, las sociedades abiertas, y los gobiernos abiertos. En pocas palabras: la democracia, más que cualquier otra forma de gobierno, asiste a nuestros ciudadanos. Y que la verdad sólo se hará más fuerte en un mundo donde las fronteras entre las naciones sean borrosas.

Norteamérica está trabajando para dar forma a un mundo que promueve esta apertura, la podredumbre de una economía cerrada o corrupta no debe jamás eclipsar la energía y la innovación de los seres humanos. Todos nosotros queremos tener el derecho a educar a nuestros hijos, ganar un salario digno, atender a los enfermos, e ir tan lejos como nuestros sueños y actos nos lleven. Pero eso depende de que las economías aprovechen el poder de nuestro pueblo, incluyendo el potencial de las mujeres y las muchachas. Eso significa permitir que los empresarios inicien un negocio sin tener que pagar un soborno, y que los gobiernos apoyen esa oportunidad en lugar de robar a su pueblo. Y también significa recompensar el trabajo duro en lugar de tomar riesgos imprudentes.

Ayer presenté una nueva política de desarrollo que persigue estas metas, reconociendo que la dignidad es un derecho humano y que el desarrollo mundial es para nuestro común interés. Norteamérica se asociará con las naciones que ofrecen a sus pueblos un camino para salir de la pobreza. Y juntos debemos liberar el crecimiento que impulsa a los individuos y a los mercados emergentes en todo el mundo.

No hay razón para que África no debiera ser un exportador de agricultura, razón por la cual nuestra iniciativa de seguridad alimentaria está otorgando poder a los agricultores. Y no hay razón por la cual los empresarios no deberían ser capaces de crear nuevos mercados en todas las sociedades, por tal razón auspicié una cumbre de empresarios a principios de esta primavera. Porque la obligación del gobierno es estimular a los individuos, no obstaculizarlos.

Lo mismo es válido para la sociedad civil. El arco del progreso humano ha sido formado por individuos con libertad para reunirse, por organizaciones fuera del gobierno que insistieron en el cambio democrático, y por los medios de comunicación libres que mantuvieron responsables a los poderosos. Hemos visto eso desde los sudafricanos que se enfrentaron al apartheid, a los polacos de Solidaridad, a las madres de los desaparecidos que hablaron en contra de la Guerra Sucia, a los norteamericanos que marcharon por los derechos de todas las razas, incluida la mía.

La sociedad civil es la conciencia de nuestras comunidades, y Norteamérica siempre ampliará nuestro compromiso con los ciudadanos en el extranjero más allá de los salones del gobierno. Les vamos a llamar la atención a aquéllos que suprimen las ideas, y a servir como una voz para los sin voz. Vamos a promover nuevas herramientas de comunicación para que la gente tenga la capacidad de conectarse entre sí y, en las sociedades represivas, para hacerlo con seguridad. Vamos a apoyar una Internet libre y abierta, para que los individuos tengan información para tomar sus propias decisiones. Y es tiempo de abrazar -y supervisar de manera efectiva- las normas que promuevan los derechos de la sociedad civil y garanticen su expansión dentro y fuera de las fronteras.

La sociedad abierta sostiene a un gobierno abierto, pero no puede sustituirlo. No hay derecho más fundamental que la capacidad de escoger a sus líderes y determinar sus destinos. No nos equivoquemos: el éxito final de la democracia en el mundo no vendrá porque los Estados Unidos lo dicte, sino que vendrá porque cada ciudadano exija expresar su opinión sobre la forma en que son gobernados.

No hay suelo donde esta noción no pueda arraigarse, al igual que cada democracia refleja la singularidad de una nación. A finales de este otoño, voy a viajar a Asia. Voy a visitar la India, que pacíficamente se quitó el colonialismo y estableció una democracia floreciente de más de mil millones de personas. Voy a continuar con Indonesia, el más grande país de mayoría musulmana, que une a miles de islas por medio de un gobierno representativo y de una sociedad civil. Voy a unirme a las reuniones del G-20 en la península de Corea, que ofrece el más claro contraste mundial de una sociedad que es dinámica y abierta, y una que está aprisionada y cerrada. Concluiré mi viaje en Japón, una cultura antigua que encontró la paz y un desarrollo extraordinario a través de la democracia.A su manera, cada uno de estos países da vida a los principios democráticos. Y así como algunos gobiernos revirtieron la reforma, también celebramos el coraje de un presidente de Colombia que por voluntad propia se hizo a un lado, o la promesa de una nueva Constitución en Kenia. El tema común del progreso es el principio de que el gobierno es responsable ante sus ciudadanos. La diversidad en esta sala deja claro, ningún país tiene todas las respuestas, pero todos nosotros debemos responder a nuestra propia gente. En todas las partes del mundo, vemos la promesa de la innovación para hacer al gobierno más abierto y responsable. Ahora debemos construir sobre ese progreso. Y cuando nos reunamos de nuevo aquí el año que viene, deberíamos traer compromisos específicos para promover la transparencia, combatir la corrupción, dinamizar la participación ciudadana, y para impulsar las nuevas tecnologías para que podamos fortalecer la base de la libertad en nuestros propios países, mientras que vivimos a la altura de los ideales capaces de iluminar al mundo.Esta institución todavía puede jugar un papel indispensable en el avance de los derechos humanos. Es hora de dar la bienvenida a los esfuerzos de la ONU sobre la Mujer para proteger los derechos de las mujeres en todo el mundo. Es hora de que todos los estados miembros abran sus elecciones a los observadores internacionales, como también aumentar el Fondo para la Democracia de las Naciones Unidas. Es hora de revitalizar las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU, para que las misiones tengan los recursos necesarios para tener éxito, por lo que atrocidades como la violencia sexual puedan ser evitadas y se refuerce la justicia, porque ni la dignidad ni la democracia pueden prosperar sin una seguridad básica. Y también es el momento de hacer a esta institución más responsable, porque los retos de un nuevo siglo exigen nuevas formas de servir a nuestros intereses comunes.

El mundo que Norteamérica busca no es el que podemos construir por nuestra cuenta. Para que los derechos humanos alcancen a quienes sufren bajo la bota de la opresión necesitamos que sus voces hablen claro. En particular, hago un llamamiento a las naciones que surgieron de la tiranía e inspiraron al mundo en la segunda mitad del siglo pasado, desde Sudáfrica hasta el sur de Asia, desde Europa oriental a América del Sur. No hay que quedarse sin hacer nada cuando los disidentes de cualquier parte son encarcelados y los manifestantes son golpeados. Porque parte del precio de nuestra propia libertad es defender la libertad de los demás.

Esa creencia guiará el liderazgo de Estados Unidos en este siglo 21. Es una creencia que nos ha visto a través de más de dos siglos de prueba, y nos va a ver a través de los desafíos que enfrentamos en la actualidad, ya sea la guerra o la recesión, el conflicto o la división. Así que aun cuando hemos atravesado una década difícil, yo estoy aquí ante ustedes confiado en el futuro, un futuro donde Irak no estará gobernado ni por un tirano ni por una potencia extranjera, y Afganistán se librará de las turbulencias de la guerra; un futuro donde los hijos de Israel y de Palestina podrán construir la paz que no fue posible para sus padres, y que la promesa de desarrollo llegará a las cárceles de la pobreza y la enfermedad; un futuro donde la nube de la recesión cederá paso a la luz de la renovación, y el sueño de la oportunidad estará disponible para todos.

Este futuro no será fácil de alcanzar. No va a venir sin contratiempos, ni se le exige rapidez. Pero la fundación de las Naciones Unidas es en sí misma un testimonio del progreso humano. En épocas mucho más difíciles que las nuestras, nuestros predecesores eligieron la esperanza de la unidad a la facilidad de la división e hicieron una promesa a las futuras generaciones que la dignidad e igualdad de los seres humanos sería nuestra causa común.

Nos corresponde a nosotros cumplir esa promesa. Y a pesar de que nos enfrentaremos a fuerzas oscuras que pondrán a prueba nuestra determinación, los norteamericanos siempre han tenido motivos para creer que podemos elegir una historia mejor. De hecho, sólo tenemos que mirar más allá de las paredes que nos rodean. Porque por medio de los ciudadanos de toda imaginable ascendencia que hacen de ésta, su ciudad propia, vemos la prueba viviente de que todos pueden tener acceso a la oportunidad; que lo que nos une como seres humanos es mucho mayor que lo que nos divide, y que la gente de cualquier parte de este mundo puede vivir junta en paz. Gracias.

FUENTE: VOANEWS-OBAMA ADDRESS-23/09/10

Cortesía del blog de Ana
Jorge Marirrodriga también opina sobre el discurso
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Sobre la mezquita en Ground Zero

La mezquita de la discordia

Por Julián Schvindlerman
Comunidades 22/9/10


El 10 de septiembre del 2001, trescientos musulmanes se amontonaron frente a un teatro en la ciudad de Houston, Estado de Texas, para protestar por la visita al país de un afamado novelista nativo de la India y nacionalizado británico, al grito de “Muerte a Rushdie”. El régimen iraní había emitido una fatua asesina en su contra en 1989 por su novela Los Versos Satánicos. Al día siguiente, diecinueve musulmanes del extranjero atacaron el Pentágono y las Twin Towers en el acto de terror letal más espectacular de la historia moderna, pulverizando a más de 2.800 inocentes en pocos minutos. Desde entonces, seguidores del Islam fundamentalista han masacrado a soldados y civiles en Kabul, Londres, Bagdad, Madrid, Bali, Tel-Aviv y Bombay entre otros lugares. Según estimaciones conservadoras, los islamistas no representan más del 10% de la población total que compone al Islam, pero éstos, en la visión del orientalista de la Universidad de Princeton Bernard Lewis, “han adquirido una posición poderosa e incluso dominante” en el Islam contemporáneo.

De las filas del restante 90% de moderados, presuntamente, ha surgido un Imán estadounidense con una propuesta singular: construir una mega-mezquita prácticamente en el lugar de los atentados en Nueva York. La idea, presentada como un bastión del Islam moderado, ha despertado una acalorada polémica… lo cual no era difícil de anticipar. Las mezquitas son espacios ostensibles de oración, pero también han sido empleadas como centros de reclutamiento para la Jihad, incluso en territorio norteamericano. El imán estadounidense Anwar Al-Awlaki fue el líder de la mezquita de Virginia a la que asistieron dos de los kamikazes del 9/11 y mentor espiritual de al menos otros tres terroristas musulmanes que lograron o procuraron matar estadounidenses: Nidal Malik Hassan (masacre de Fort Hood), Umar Farouk Abdulmutallab (fallida detonación de explosivos en un vuelo de Amsterdan a Detroit), y Faisal Shahzad (frustrada explosión de una camioneta en Times Square). No obstante, tal como nos recuerda con tino Bret Stephens, la prensa progresista inicialmente lo presentó al público norteamericano como un moderado, con el New York Times llegando a proclamarlo en octubre del 2001 como “un líder musulmán de nueva generación capaz de integrar Oriente con Occidente”.

Ahora asistimos a un déjà vu con Feisel Abdul Rauf, el imán detrás de la iniciativa. Puede que él no sea un admirador de Bin-Laden, pero bajo estándares objetivos uno debe esforzarse mucho para poder aceptar su retrato de la prensa progresista como un moderado. Algunas de sus posturas dificultan el esfuerzo, por más empeño que uno ponga. Luego del 9/11 dijo al programa “60 minutes” que EE.UU. fue un “accesorio al crimen” y que “Osama bin-Laden fue fabricado en USA”. En 2006, condenó la publicación de caricaturas sobre Mahoma en la prensa danesa llamando al acto “fomento intencional”. En una carta al lector publicada en el New York Times en 1977 en ocasión de la visita de Anwar Sadat a Jerusalem afirmó que “En una paz verdadera, Israel se convertirá, en nuestra generación, en otro país árabe, con una minoría judía”. Dos años más tarde, en una nueva carta enviada al mismo medio comentando sobre la revolución Khomeinista, declaró, “La revolución en Irán fue inspirada por los mismos principios de derechos individuales y libertad en los que los estadounidenses ardientemente creen”. A comienzos de este mes, The Wall Street Journal consultó al imán si aún adhería a estas posiciones y recibió una respuesta indirecta pero afirmativa. No menos intrigante es ver cuál es su propio parámetro de moderación islámica. Conforme ha señalado M. Zhudi Jasser, fundador del Foro Islámico-Americano para la Democracia, en su libro Lo Que está Bien con el Islam Rauf ha definido al líder del movimiento fundamentalista Hermandad Musulmana, Yusuf Qaradawi, como un “moderado”. De esta agrupación brotaron Al-Qaeda, Hamas y Al-Gama al-Islamiyya entre otros.

Más allá de las credenciales del imán o de la inseguridad potencial de la mezquita, el quid del asunto es eminentemente simbólico: ¿Es razonable erigir un santuario del Islam en el mismísimo lugar donde miles de norteamericanos fueron muertos por asesinos musulmanes en nombre del Islam? No se trata, como engañosamente los defensores de la iniciativa alegan, de un asunto de libertad de culto. Tal libertad existe y es ejercida plenamente por los musulmanes-americanos en las múltiples mezquitas del país, incluso en Nueva York. Se trata, más bien, de un asunto de prudencia y sensibilidad hacia aquellos que aún tienen la memoria rasgada por un hecho reciente y atroz. Esta mezquita puede ser construida en cualquier otra ubicación donde igualmente la prédica de la moderación podrá ser diseminada. Como auténticos moderados, podrán hallar inspiración en Juan Pablo II, quién, ante la controversia suscitada por la edificación de un convento carmelita próximo a Auschwitz años atrás, instó a las monjas a orar fuera de allí. O mejor aún, podrán emular a los japoneses, quienes tuvieron la sabiduría de nunca proponer la construcción de un monumento nipón en Pearl Harbor.

UPDATE:

En otro orden de cosas, Hamás ha realizado un video en el que narra la destrucción de Israel. Y Angel Más ha escrito cómo sería la continuación. Esperemos que ambas cosas sean sólo ficción.

El silencio de los inocentes

 Tomo prestado el título de una película para escribir sobre algo que, aunque muchos lo vean como una película, forma parte de nuestra realidad.

Después de 3 años de investigaciones, el Foro Pew sobre Religión y Vida Pública llegó a la conclusión de que hay 1570 millones de musulmanes dispersos por el mundo (el 60 % reside en Asia, un 20% entre el medio oriente y el norte de África, y los 300 millones restantes en países donde el Islam no es la religión mayoritaria). Este número inmenso habla por sí solo: cualquier generalización sobre los musulmanes es completamente errónea. La mayoría de los musulmanes no se enlistan en las filas de la Jihad Islámica, Hezbollah, El Hamas, Al Qaeda, Abu Sayyaf, Jaish-e-Mohamed, Lashkar-e-Tayyiba, y la lista recién empieza. La mayoría de los musulmanes no tratan de inmolarse con la intención de asesinar a la mayor cantidad de jóvenes posible – como la mujer palestina que trató de hacerse explotar en el Hospital Soroko de Ber Sheva, donde previamente había sido atendida bajo el programa de asistencia humanitaria que Israel le ofrece a los palestinos. No vemos a 1500 millones de personas quemando sinagogas e iglesias, honrando a los mártires, gritando que la Sharia se va imponer sobre las democracias occidentales, odiando más a los “infieles” de lo que aman a sus hijos, diría Golda Meir.

Frente a esta situación, muchos respiran aliviados creyendo que, al fin y al cabo, todo es una cuestión de los extremos. Como hay 1500 millones de musulmanes y solo unos miles materializan los versículos del Corán que hablan de matar a todos los infieles, entonces esos miles son acertadamente denominados “extremistas radicales” o “fundamentalistas islámicos”. Pero cuando el problema radica pura y exclusivamente en que hay extremos, la solución no basta con identificar aquellos que provienen del mundo islámico. También es necesario resaltar que hay extremistas dentro de todas las corrientes ideológicas, dentro de todas las naciones y dentro de todas las religiones. De esta forma, las vidas arrebatas por el terrorismo islámico se convierten en un puente para luchar contra todos los extremos, no contra el único que las convirtió en polvo. Para completar el cuadro, se abren los cajones del pasado y se  reivindica la lucha contra todas las miserias humanas habidas y por haber – fascismo, nacionalismo, racismo, maltrato a la mujer, etc. –, se promueve un clima de mutuo respeto y tolerancia entre las naciones, se recuerda que todos venimos de un mismo dios y se reza por un mundo mejor.

Sin ánimo de interrumpir esta apología a la hermandad cultural/religiosa, los que siempre molestamos con las verdades incómodas levantamos la mano una vez más y hacemos algunas preguntas: de los 1500 millones de musulmanes que hay en el mundo… ¿Cuántos denuncian públicamente a las agrupaciones terroristas que actúan en nombre de su religión? ¿Cuántos condenan a los palestinos, los cachemires y los chechenos que se matan para matar civiles? ¿Cuántos marchan para reformar los axiomas más salvajes del Islam? ¿Cuántos alzan la voz contra los regímenes medievales de Arabia Saudita y Siria, contra los talibanes que recorren las calles de Afganistán asesinando a quien no les mira los pies, contra los ayatolás que secuestraron un país entero y quieren borrar otro del mapa, contra la propaganda islamista que presenta una crítica a la religión de la paz como un acto de “islamofobia”?

Tratemos de imaginar cómo sería la reacción de los cristianos, los judíos, los hindúes o los budistas si, en nombre de alguna de estas religiones, sus respectivos extremos secuestraran cuatro aviones y lograran estrellar dos de ellos contra edificios repletos de gente, ocasionando la muerte de 3000 civiles inocentes. Las voces de los musulmanes que condenaron el atentado a los torres gemelas y que condenan las barbaridades que se cometen en nombre de su religión se escuchan menos que el ruidoso silencio de los que permanecen callados. Un silencio que no forma parte de la agenda política, mediática e intelectual de occidente. Después de todo, los organismos internacionales de derechos humanos, los políticos de palabras bellas, los medios masivos de comunicación (principalmente la CNN y la BBC) y los intelectuales que se hacen pasar por gurúes de la tolerancia; fueron los primeros en acostumbrarse al hecho de que los extremos puedan matar en nombre de Allah mientras la condena masiva de los moderados brilla por su ausencia. Vale la pena dejar en claro que desde nuestros humildes rincones, algunos no nos vamos a acostumbrar tan rápido.

No estoy sugiriendo que el Islam moderado es un mito. Hay muchos ejemplos – en términos relativos son pocos – de intelectuales provenientes del mundo islámico, valientes entre cobardes, que a pesar de las amenazas de muerte y la alta probabilidad de que éstas se cumplan le contaron al mundo occidental de donde vienen. Mujeres como Wafa Sultán y Ayaan Hirsi Ali nos conmovieron con sus historias y nos honraron con su fortaleza. Algunas organizaciones islámicas no gubernamentales (como la “Islamic Supreme Council of America”, por ejemplo) se proclaman en contra de las formas más radicales del Islam y buscan revertir esa imagen generando lazos con su entorno occidental. Si queremos contrarrestar el apoyo de Irán a las agrupaciones terroristas previamente mencionadas, tenemos que respaldar política y financieramente a las organizaciones islámicas genuinamente moderadas. Si queremos que los jóvenes del Yemen escuchen algo más que – tal como les prometen los hombres de Osama Ben Ladeen –  después de volarse en una pizzería va a haber 70 vírgenes esperándolos en el cielo, necesitamos proteger a los intelectuales musulmanes hasta que no sientan la omnipresencia del miedo. Esta es la única forma de liberarnos, por hoy y para siempre, del cáncer islamista que se expande por las venas del mundo.

Ahora bien, mientras ponemos en marcha el tratamiento a largo plazo, no podemos descuidar la pastilla diaria.  Con esto en mente, las preguntas que nos formulábamos antes adquieren mayor relevancia; y si esas nos parecían incómodas, las que surgen ahora pueden ser indigeribles. Porque si de los 1500 millones de musulmanes que hay en el mundo solo unos pocos se enfrentan a los extremos que germina su propia religión… ¿No deberíamos tomar mayores precauciones con el resto? ¿No deberíamos exigirles a todas las agrupaciones islámicas asentadas en occidente que, antes de empezar a funcionar, apoyen abiertamente la lucha contra el terrorismo islámico? ¿No deberíamos exigirle al Partido Musulmán Español (Prune) que, antes de convocar una marcha porque a una joven le prohibieron usar el velo en la escuela pública, marche por las 191 personas asesinadas el 11 de marzo del 2004? ¿No debería alertarnos que en Inglaterra se haya dejado de enseñar el Holocausto por temor a las reacciones del islam radical? ¿Alcanza el derecho a la libertad religiosa para justificar la construcción de un centro cultural islámico a dos cuadras de “ground zero”? ¿Alcanza el derecho a la libertad de expresión para permitir que haya musulmanes en Holanda marchando con estos carteles?

Mientras el silencio de los inocentes siga siendo la norma, el mundo occidental va a tener que responder estas preguntas. Y decir que no a las dos últimas no implica contradecir nuestros principios democráticos. Por el contrario, decir que no es cerrarle las puertas de la democracia a aquellos que utilizan nuestros principios democráticos para destruirla; defendiendo así, por sobre todas las cosas,¡ nuestros principios democráticos! Si cuesta superar la paradoja, tal vez sirva la frase atribuida al partido AKP de Turquía: “la democracia es un autobús donde viajar hasta nuestra nación, es decir, el Estado islámico”.    

Décimo aniversario del estallido de la Segunda Intifada

Entrevista a Gustavo Perednik

Hizballah y La Liberacion del Libano

Si, señores, parece que el democratico y revolucionario “Partido de Allah” esta listo para tomar las riendas del pais de los cedros. Arriba la democracia! Ahmedinejad y Assad se han reunido y aparentemente dieron el visto bueno a la intervencion de los muchachos en el gobierno libanes mediante un muy democratico y respetuoso golpe de estado. Eso si, la razon seria la “injusta acusacion contra el Hizballah de ser los autores del asesinato de Rafik Hariri en 2005”. Y como todo grupo democratico y respetuoso de los DDHH, cometera justicia tomando el gobierno por la fuerza.

(las negritas son mias)

Hizballah mobilizies for a coup in Beirut, backed by Iran and Syria
DEBKAfile Exclusive Report September 19, 2010, 10:14 PM (GMT+02:00)

Lebanese Maj. Gen. Jamil Sayyed calls for death sentence against Lebanese prosecutors

Iranian President Mahmoud Ahmadinejad’s brief stopover in Damascus Saturday, Sept. 18, on his way to New York, was long enough for him and Syrian President Bashar Assad to finalize their plans to back Hizballah’s threatened coup against the Hariri government in Beirut, debkafile’s military and Mid East sources report.  Hizballah called a general mobilization that same day and by Sunday had 5,000 armed men deployed in Beirut, ready to make good on its threat to seize power rather than let its leaders be indicted by the Special Tribunal for Lebanon (STL) for the Hariri murder.
Hizballah went into action after learning that the indictments were on the way. Ahmadinejad and Assad were of one mind that they must not be delivered – even it meant helping their Lebanese Shiite surrogate to overthrow the Lebanese government. They discussed possible Israeli intervention to save Beirut from Hizballah domination and decided that the Jewish state Israel would not take this risk,  any more than the Lebanese army would fight to defend the government.
Our Lebanese sources disclose that France’s UN ambassador Gerard Araud passed word to his Lebanese contacts that Daniel Bellemare, the STL’s chief prosecutor’s decision to file charges against Hizballah was final.
Sunday night, Lebanon’s ruling March 14 party held an emergency meeting to discuss what to do about “the persistent coup against the state and its institutions, especially by Hizballah’s security and military…”

Special attention was drawn to Hizballah’s takeover at the points of their guns of Beirut’s international airport to guarantee the safety of the Lebanese Maj. Gen. Jamil Sayyed, against arrest on his arrival. A warrant was issued after he demanded that members of Lebanon’s general prosecution be put to death. He accused them of joining in a conspiracy of the international tribunal and prime minister to implicate him in the 2005 assassination of former Lebanese Prime Minister Rafiq Hariri in order to lay the blame for the crime at Hizballah’s door.
Sayyed was one of the four Lebanese generals detained for four years for alleged complicity in the crime and recently freed. He claimed consistently that neither Syria nor Hizballlah had been involved.

Hizballah gunmen were posted to shield him from being arrested. As one Hizballah source put it: “The party will cut off the unjust hands that would attack Maj. Gen. Sayyed” – a crude threat to Lebanon’s forces of law and order as a step on the way to a coup to overthrow the government and seize power.

Conclusion: Traten de calcular cuanto tiempo va a pasar para que, una vez el Hizballah tome el poder, ataque a Israel. Yo diria que como maximo un par de dias.

Saludos

De Hipocritas y de Pastores Chiflados

Excelente articulo reproducido en guysen que explica a la perfeccion la respuesta mundial frente a la locura del Pastor Terry Jones y sus 50 seguidores, y de porque SOLO importan Terry y sus muchachos. No tiene desperdicio y aclara mucho el panorama. Para los que quieran saber que hay detras del Centro Islamico a dos cuadras del Ground Zero y el panico que atrapa a occidente el articulo es de lectura obligada.

Saludos

Quién dijo quién dijo

Sobre terrorismo:

El hecho de que los japoneses han conservado su filosofía política, que es una de las razones esenciales de su éxito, es debido a que han sido salvados a tiempo de la contaminación del Cristianismo. Al igual que en el Islam, no existe el terrorismo en la religión estatal japonesa, sino, por el contrario, una promesa de felicidad. Este terrorismo religioso es, para explicarlo brevemente, un dogma judío, que el Cristianismo ha universalizado y cuyo efecto es sembrar el problema y la confusión en las mentes masculinas.

Resumen: Los únicos terroristas son los judíos y cristianos.

Sobre imperialismo:

Bajo la dirección del Reich, Europa se habría unificado rápidamente. Una vez que el veneno judío hubiera sido erradicado, la unificación habría sido un asunto fácil. Francia e Italia, cada uno derrotado por su parte en un intervalo de unos meses por los dos poderes germánicos, habrían estado fuera del escenario. Ambos habrían tenido que renunciar a sus aspiraciones inadecuadas de grandeza. Al mismo tiempo ellos habrían tenido que renunciar a sus pretensiones en África del Norte y Medio Oriente; y esto habría permitido que Europa persiga una política valiente de amistad hacia el Islam.

Sobre la alianza con Italia y la estrategia en Oriente Próximo:

[…]Sin esta alianza, habríamos podido emancipar a los países islámicos dominados por Francia; y esto habría tenido repercusiones enormes en Oriente Próximo, dominado también por Gran Bretaña, especialmente en Egipto. Pero dado que nuestra fortuna estaba ligada a la de los italianos, la búsqueda de tal política no fue posible. Todo el Islam retumbó de alegría con nuestra victorias. Los egipcios, los iraquíes y todo Medio Oriente estaban listos para levantarse en rebelión. ¡Sólo piense lo que podríamos haber hecho para ayudarles e incitarlos, algo que habría sido tanto nuestro deber como nuestro propio interés! Pero la presencia de los italianos en nuestro bando nos paralizó; esto creó un sentimiento de malestar entre nuestros amigos musulmanes, que inevitablemente vieron en nosotros a cómplices de sus opresores. Hay más odio por los italianos en esta parte del mundo que por los británicos o franceses[…] Entonces otra vez las pretensiones ridículas del Duce de ser considerado como una Espada del Islam, evocan la misma sonrisa despectiva ahora, de la misma forma que antes de la guerra. Este título, que cabe únicamente para el profeta Mohammad y un gran conquistador como Omar, Mussolini lo utilizó para título personal mediante unos brutos desgraciados a los que había sobornado o amenazado. Teníamos una gran posibilidad de perseguir una política espléndida en cuanto a la amistad con el Islam. ¡Pero perdimos el tren, tal como lo perdimos en otras ocasiones, gracias a nuestra lealtad a la alianza con Italia! En este teatro de operaciones, entonces, los italianos nos impidieron jugar nuestra mejor carta: la emancipación árabe de los opresores franceses y el levantamiento del estandarte de la rebelión en los países oprimidos por los británicos. Tal política habría despertado entusiasmo en todo el mundo islámico. Es una característica del mundo musulmán, desde las orillas del Atlántico hasta el Océano Pacífico, que lo que afecta a uno, para bien o para mal, afecta todos.

Sobre cultura:

Los pueblos de Islam serán siempre más cercanos a nosotros que, por ejemplo, Francia.

Respuesta:

No, todo esto no lo dijo Bin Laden ni el zurdo de filosofía y letras. Les doy una pista.

Más información aquí.

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