Homenaje a Jack Stroumsa

El 14 de noviembre falleció Jack Stroumsa en la ciudad de Jerusalem, la tierra que le permitió reconstruir su vida después de haber sobrevivido a los siervos de la muerte. “Ellos, los criminales nazis, necesitaban músicos, sobre todo violinistas. Fue una gran sorpresa para mí cuando la primera noche en Auschwitz, uno de los oficiales preguntó si había entre nosotros alguien que tocara bien el violín. Dije que tocaba el violín y así pasé a formar parte de ese grupo”, explicaba el hombre de Salónica, Grecia, nacido en 1913 y deportado a Auschwitz-Birkenau II (Polonia) cuando tenía 30 años de edad. Llegó a Birkenau el 8 de mayo de 1943, junto con otras 2500 personas. De ellas, a 815 les tatuaron un número en el brazo izquierdo. Al resto (1.685) los llevaron a las cámaras de gas y quemaron sus cuerpos en el crematorio. “Así desaparecieron mi joven esposa, embarazada de ocho meses, y mis queridos padres y los padres de mi esposa. Así perecieron millones de personas”. (Fuente)

En el comunicado que emitió Yad Vashem (museo histórico del Holocausto), se lee el siguiente poema:

Jack, el joven de Salónika,

Jack,  con su violín que le salvó la vida en Birkenau,

Jack, del idioma Ladino que tanto amo,

Jack, el ingeniero en Paris y en Jerusalén,

Jack, un «gentelman»,

Jack, el hombre del testimonio,

Jack, que escribió su biografía: «Y eligirás la vida» ,

Jack, de todos nosotros.

 

Se fue de nosotros un hombre de contextura  pequeña, pero gigante en su espiritu,

Se fue de nosotros el testimonio ultimativo,

Se fue de nosotros un hombre que aprendimos a amar con todo nuestro corazón,

Se fue de nosotros, el abuelo de todos,

Se fue de nosotros el mensaje de la Shoáa, el símbolo ejemplar.

 

Hasta el último día se presentó en Yad Vashem para dar su testimonio apasionado.

Al comienzo venía con su violin,

después ya no pudo tocar más.

Más adelante no oía mucho y tampoco veía bien,

pero él siguio viniendo…

 

Descanza en Paz, Jack.

La antorcha  pasó a tus alumnos.

 

Descanza en Paz.

 

            Sus alumnos somos nosotros, y la antorcha no es una palabra de consuelo, un día de duelo o un canto a la tolerancia. La verdadera forma de homenajear a Jack Stroumsa y al resto de los judíos que padecieron en carne propia la esencia de la judeofobia es desnudando y combatiendo a los judeófobos que, gozando de la impunidad que les confiere el occidente pluralismomaníaco, reemplazaron la palabra “judíos” por “sionistas”. En esta línea, aplaudamos el recientemente difundido Protocolo de Ottawa y la valentía del primer ministro de Canadá, un justo entre naciones hipócritas. Porque el día que estas iniciativas se diluyan, los valientes se tapen los ojos y la antorcha se apague… bueno, mejor cambiemos de tema.

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