Reconocimiento de Palestina: mucho ruido y pocas nueces

 

En el día de hoy amanecí con la noticia de que Brasil, Argentina y Uruguay reconocían formalmente la existencia de “Palestina” como Estado libre e independiente. De más está decir que no resulta nada sorprendente este reconocimiento en vista de la ofensiva diplomática que llevó a cabo la Autoridad Palestina en todo el mundo (especialmente los países más alejados del continente americano) para obtener este logro de parte de la comunidad internacional. La razón de este accionar consiste en un evidente intento por parte del gobierno palestino de evitar el proceso de negociación y presionar a Israel, mediante medidas unilaterales avaladas por el resto de las naciones, para obtener concesiones de la otra parte antes de empezar a negociar, sin pagar el precio a cambio. Las causas de este rechazo a las negociaciones directas, a diferencia de lo que muchos puedan pensar, no pasa por el congelamiento o no congelamiento de asentamientos, sino por una cuestión del complejo conflicto intrapalestino del que – gobiernos como el brasilero, argentino o uruguayo – no tienen ni puta idea.

 

En lo personal, sí me sorprende enormemente la falta de visión a largo plazo del liderazgo palestino, ya que es obvio para cualquier persona medianamente informada que la realidad sobre el terreno no cambiará en lo más mínimo sin un acuerdo definitivo con Israel, en otras palabras, sin que palestinos e israelíes se sienten a negociar directamente en la misma mesa y se pongan de acuerdo en todos los puntos finales, para poner término de una vez a todos los reclamos del litigio y, en consecuencia, se logre la creación del Estado palestino. En palabras sencillas, no habrá “Palestina” sin acuerdo de paz con Israel. Esto ha sido siempre así, el gobierno de Estados Unidos e incluso algunos de la Unión Europea, ya adelantaron que no permitirán una decisión externa impuesta a las partes en el seno de Naciones Unidas, por lo que será vetada cualquier iniciativa de este tipo en el Consejo de Seguridad. Pero incluso, suponiendo que todos los países del mundo se pusieran de acuerdo en reconocer al Estado palestino antes de siquiera empezar a negociar, el resultado no sería muy diferente a la declaración de Argel en 1988… ¿alguien se acuerda que en 1988 se declaró la “independencia del Estado de Palestina” en el norte de África? (Arafat quizo hacer algo similar en el 2000). La respuesta es no, nadie se acuerda, por el simple hecho de que la creación de un país no pasa por un texto leído en voz alta en un salón con cámaras ni un reconocimiento masivo de la comunidad internacional (aunque son detalles importantes, pero detalles al fin), sino la creación en el terreno (de facto) de dicho Estado, empezando por instituciones, gobiernos, infraestructura, moneda, etc. Es decir, algo imposible en las condiciones actuales en las que se encuentran los territorios que supuestamente incorporaría ese Estado palestino. En conclusión, no se explicaría el objetivo que pretende cumplir el liderazgo palestino con esta iniciativa más que como una medida diplomática para presionar a Israel y llegar mejor posicionado a la mesa de negociación (si es que algún día piensan sentarse allí).

 

Ahora bien, mi idea al hacer este post no era desarrollar un análisis de los intereses de las partes involucradas en el conflicto, sino las razones que motivaron a ciertos países a caer en la trampa sin reflexión previa. Yo estoy absolutamente convencido en que, aquello que motivó al gobierno argentino a reconocer a “Palestina”, no responde a los mismos intereses que tiene el liderazgo palestino con esta iniciativa diplomática, sino a un juego de simple y pura ingenuidad. Me explico… Abbas le manda una carta a la presidente Cristina Fernández en donde le pide que reconozca el Estado palestino. Las autoridades argentinas se preguntan por qué no, si total la Autoridad Nacional Palestina tiene embajadas y reconocimiento internacional en cualquier lugar del planeta, mientras la Argentina apoya el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la solución de dos Estados. En consecuencia, una vez que Brasil se decanta por el reconocimiento, la cancillería argentina lanza un comunicado similar en donde reconoce y apoya la creación de un Estado palestino, basado en las fronteras de 1967, cuyos límites definitivos serán acordados por las dos partes en el marco de las negociaciones de paz, conviviendo en fronteras seguras y pacíficas con Israel, etc, etc, etc. Es decir, el gobierno argentino cree ingenuamente que acaba de perpetrar un acto de justicia, promoviendo el proceso de paz, quedando bien con las dos partes, apoyando la solución de dos Estados y todos contentos. Uruguay, por su parte, es un apéndice de la política exterior argentina y las razones probablemente sean exactamente las mismas, mezclado también con una alta dosis de apatía y desinterés.

 

Brasil, por otra parte, es bastante más complicado. Lula sí decidió tomar partido por una de las partes, con un giro de 180 grados en su política exterior a último momento, justo cuando estaba por terminar su mandato. Se decantó por el discurso de la causa antiisraelí (que no “causa palestina”), se juntó con el eje iraní y apoyó abiertamente su programa nuclear, se opuso a la decisión del Consejo de Seguridad con respecto a las sanciones y quiso demostrar sus delirios de grandeza en el campo de la geopolítica mundial, inmiscuyéndose en un asunto sumamente delicado al que ni le interesa conocer más que para sacar un rédito político particular. Creo que las causas de este comportamiento tienen que ver con un desafío a Estados Unidos y un deseo de presentar a Brasil como potencia mundial, más que un genuino interés en perjudicar directamente a Israel (como podría ser el caso de Chávez) o meterse en una temática que le resulta totalmente ajena.

 

En definitiva, en este tema los países sudamericanos no pinchan ni cortan. Sencillamente no son relevantes. La creación de un Estado palestino, las características y fronteras de dicho Estado, con las consiguientes implicaciones del fin del conflicto árabe-israelí y el reconocimiento internacional de dicho país, se definirán fuera de esa región (y fuera de la ONU). Claro que, ante esta noticia de relativa importancia, los mismos de siempre salieron con las banderitas tricolores a festejar y proclamar encendidos discursos propagandísticos, mientras que algunos pro-israelíes se rasgaron las vestiduras creyendo que se acercaba el fin de las negociaciones y comenzaba una escalada judeófoba a nivel mundial. Todas son exageraciones y magnificaciones, cuyos análisis en Argentina, como siempre, se destacaron por su pobreza intelectual, falta de información real del tema y desconocimiento absoluto de los intereses genuinos de los implicados. Prueba de estos patéticos análisis es la estúpida valorización del reconocimiento argentino como portador de una “legitimidad mayor” por haber sido expresado por un canciller judío, lo que también demuestra un desconocimiento acerca del mismo país donde esos “analistas” viven, dado que la política exterior del gobierno argentino está dictada por la señora presidente de la nación, mientras que el canciller es un funcionario más que responde a la política de la Casa Rosada, sin importar que se llame Timerman, Taiana o Mongo Aurelio. Además, en lo personal considero que tener como canciller a Biondini es lo mismo que tener a un judío como Verbitzky o Brieguer en ese cargo, de manera que el apellido o la pertenencia étnico-religiosa del ministro de turno pierde toda relevancia cuando se trata del campo de las ideas de cada individuo particular. No le otorga mayor ni menor legitimidad. Pero parece que algunas personas siguen creyendo que la mayoría de los judíos argentinos piensan como la docena de intelectualoides zurdos, con apellido medio moishe, que escriben (perdón, vomitan) todos los días en Página/12, gente totalmente alejada de su comunidad que, en números, no representan a la décima parte de los judíos; entonces creen erróneamente que – como nunca escucharon un Schvlindermann, un Steiner o un Perednik que hablaran a favor de Israel en los medios de comunicación – los judíos minoritarios son justamente estos últimos (totalmente al revés)… pero esa es otra historia, para otro post tal vez.

 

Y hablando de pobreza intelectual, no paro de reírme cuando escuchaba a la mañana a un grupo de periodistas en Radio Nacional deleitarse de placer por el reconocimiento de “Palestina” por parte de la Argentina, mezclando cosas sin relación alguna (Estados Unidos, tercer mundo, Rachel Corrie, asentamientos, bombardeo de Gaza, equipo de fútbol palestino, Barenboim, Intifada, paz, muro, orquesta judeo-árabe, Rusia, Afganistán Bananistán, etc… mezclando las palabritas que se aprendieron de memoria en el diario del Partido Obrero), hasta armar una ensalada panfletaria antisionista pésimamente condimentada para el público en general (que a esas alturas el conflicto palestino-israelí le debió parecer más difícil de entender que el sistema digestivo binario de un marciano extraterrestre de la quinta galaxia de Andrómeda). Honestamente, lo que esos chavistas argentinos puedan pensar de Israel me resbala completamente, lo tomo como de quien viene (con humor). Lo que realmente me molestó y me hizo hervir la sangre es cuando esos sinvergüenzas utilizaron algunas citas descontextualizadas, modificadas y retrucadas de Jacobo Timerman para mostrar que, hasta semejante personalidad, estaba en contra de Israel. No hay nada más cobarde que manipular la memoria de un hombre – torturado durante la dictadura por ser judío y sionista – precisamente para atacar a Israel, nación que defendía como propia. No hay una bajeza mayor que citar descaradamente a un muerto que, lógicamente, no se puede defender. Ahí fue cuando, lamentablemente, tomé conciencia de que también hay cierta mierda sumamente despreciable dentro del kirchnerismo, cuya existencia no puedo negar. Lo que sí me atrevo a afirmar es que esa gentuza no necesariamente responde a la posición del actual gobierno argentino, menos aún en lo que se refiere a asuntos de política exterior. Porque lo que hizo el gobierno argentino se trata de un acto de pura ignorancia, no de mala fe. De eso no tengo dudas. A la Argentina no le interesa dañar sus relaciones con Israel ni decantarse por un lado del conflicto en detrimento del otro, sino que pretende quedar bien con todos. Por eso creo que la decisión argentina, aunque desacertada por supuesto, no refleja una actitud negativa u hostil contra nación alguna, sino un genuino deseo de hacer lo correcto y cumplir las expectativas de sus socios favoreciendo las resoluciones pacíficas de los conflictos.

 

Eso es todo lo que yo pienso, sin pena ni gloria, del reconocimiento de “Palestina”. Una noticia más que quedará en el olvido.

 

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7 comentarios

  1. Tenes demasiado puesta la camiseta, negro.

  2. los palestinos es un invento arabe , nunca exu=istieron no hay indicios de ellos en la amtiguedad no tienen moneda actualmente se guian por la moneda israeli, ningun pais arabe les quieren ceder tierras para fundar una nacion, el rey hussein padre del actual rey los expuulso de jordania en un septiembre negro matando a montones de arabes que se llamaban palestinos, ellos nacieron cuando israel declaro su independencia y solo pretenden la tierra que pertenece historicamente al pueblo judio

  3. Susana en conclusión podríamos decir que los Palestinos no son más que unos parásitos para el pueblo Judío. Saludos

    • No jaime. En Conclusión podríamos decir que los Palestinos no son más que unos parásitos para las dictaduras islamo-fascistas que utilizan su lucha “liberadora” en pos de destruir al pueblo judío y, de esta forma, permiten que judeofobos como vos puedan escupir sin tener que dar explicaciones. Saludos

  4. Yo simplemente voy en contra de una doctrina locaria que pretende transformar o en su defecto eliminar a todo el que no practique el puto Islam.
    No puedo entrar a defender a unos locos con los ideales más absurdos que se ha visto jamás sobre la faz de la tierra.
    Si por mi fuera yo los encerraría en un gran manicomio del tamaño del Africa y luego lanzaría varias cabezas nucleares hacia ese lugar, para que no quede ni uno sólo de ellos. Saludos

    • Pensé que habías empleado la ironía, por eso te respondí así, disculpame por el grave error.
      Si estás hablando del islamismo, es decir, el movimiento político que quiere imponer el islam en el mundo entero, comparto. (Aunque no eligiría Africa, sino que los mandaría en bolas a la Antártida para que naden con los lobos marinos que siempre están hambrientos).

  5. Jajajajaja. te la vacilaste con eso de la Antártida para que naden con los lobos marinos que siempre están hambrientos. Buena esa.
    No conocía este blog. Hasta hoy lo encontré por un enlace que aparece en el blog donde normalmente hago comentarios. Un cordial saludo a todas las personas que emiten sus comentarios aquí en el Rejunte.il

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