Llamemos a los “antisionistas” como corresponde

Como hemos dicho en más de una ocasión, el “antisionismo” es una versión moderna de la judeofobia. El repudio a la democracia hebrea tiene muchas aristas – panarabismo, antiamericanismo, atrasismo, etc. -,  pero la madre de todas las causas es el odio más “antiguo, generalizado, permanente, profundo, obsesivo, peligroso, quimérico y fácil que existió sobre la faz de la tierra “, como lo describe Gustavo Perednik en su ensayo “La judeofobia”.

Si algún lector no está muy familiarizado con el tema, puede hacer el siguiente test: cuando se encuentre con un “antisionista”, pregúntele por Darfur, Kosovo y Corea Del Norte; pregúntele por la libertad de expresión y religiosa en alguna de las 20 dictaduras árabes; pregúntele cómo vive una mujer en Siria o Yemen y cómo muere un homosexual en Irán; pregúntele por los asesinatos por “honor familiar”, por los azotes a los que beben alcohol, por la mutilación genital y por el adoctrinamiento de niños que, en vez de ver películas de Harry Potter, aprenden que los judíos son como “monos y cerdos”, que el “monstruo sionista” es el responsable de todos los males y que cuando crezcan van a poder explotarse en una pizzería para encontrarse con las 72 vírgenes.

Su respuesta será un tartamudeo relativista que incluya alguna frase conciliatoria al estilo “es otra cultura tan válida como la nuestra”,  o alguna pregunta inquisidora como  “¿Quién sos vos para juzgarlos?”, o alguna lágrima de cocodrilo mezclada con un “yo repudio todo eso”, donde el “todo eso” queda flotando en el aire para que cada uno lo interprete como se le dé la gana.

Ahora bien, pregúntele por Israel y la exaltación es inmediata. Cuando se trata del Estado judío, nada es relativo ni da lugar a múltiples interpretaciones. La reacción es como la de un tigre agazapado que sale en busca de su presa; la mirada apaciguada se convierte en un destello de odio; los palestinos se transforman en un pueblo milenario, despojado de su tierra y oprimido por la maquinaria de guerra israelí.

Así, el único Estado judío del mundo es el único por el que se convocan marchas y se queman banderas. Es el único que puede recibir el epíteto de “Estado nazi” o de “apartheid” y ser acusado de construir un “gueto”, aludiendo con este término a la franja de Gaza. Es el único que soporta una guerra de deslegitimación permanente por parte de los organismos que “defienden los derechos humanos” (Amnistía Internacional, HRW, etc.). Es el único que tiene que justificar su derecho a existir y a defenderse. Y es el único al que se le niega su identidad nacional.

A pesar de que los judeofobos se empeñen en negarlo, Israel es la tierra del pueblo judío. Durante más de 3000 años, Israel representó todo para el pueblo judío y nada para el resto de los pueblos (“Jerusalem” y “Zion” aparecen 669 y 154 veces en la biblia hebrea; ninguna de estas palabras figura en el Corán).  Hoy en día, en Israel se habla la lengua judía (el hebreo), se utiliza el calendario judío, se celebran las festividades judías y se estudia la historia judía; el 82% de los ciudadanos israelíes son judíos, quienes abarcan a más de la mitad de la población judía mundial; Israel se auto declara como un Estado judío, el mundo occidental lo reconoce como un Estado judío y los judíos se sienten identificados con él (a excepción de una secta de fanáticos ultra-religiosos – Neturei Karta – y de fanáticos de izquierda que utilizan su apellido como un escudo para escupir odio con impunidad — Noam Chomsky, Norman Filkenstein, Ilan Pape y Pedro Brieguer, entre otros).

Todo lo dicho hasta aquí alcanza y sobra para llamar a los “antisionistas” como corresponde, es decir, para llamarlos anti-judíos o judeófobos. Hablamos de su silencio ominoso cuando tienen que juzgar las atrocidades que se cometen en el mundo y hablamos de su rebrote de adrenalina cuando se les presenta alguna oportunidad — real o ficticia — para juzgar al país judío,  intrínsecamente malvado como tal.  No obstante, podríamos hacernos una última pregunta para terminar: ¿Existe algún judeófobo que sienta simpatías por el Estado de Israel?

Porque si uno puede odiar a Israel sin tener nada en contra de los judíos (como permanentemente nos recuerdan los “antisionistas”) y si la tierra de Israel y el pueblo que habita en ella son dos entidades separadas – sin lazos históricos, ideológicos y nacionales que los unan (como también nos recuerdan los “antisionistas”); entonces tiene que existir alguna persona, ¡una sola aunque sea!, que se proclame a favor de Israel y en contra de los judíos. 

Encontrar un dinosaurio vivo sería más fácil, ¿no?

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7 comentarios

  1. Me pongo el traje de relativista moral y “multicultural” para responder al post…

    “Encontrar un dinosaurio vivo sería más fácil, ¿no?” depende para quién, para Susana Giménez sería posible. Pues la realidad que conocemos no es más que la Matrix que nos impide ver el universo en su totalidad, si todo es relativo, nada importa, el mal no existe, para vos no está bien mutilar genitales femeninos pero para un luchador por la “libertad” de Al-Qaeda es normal, si a mi me pica un mosquito es una tragedia porque todo es un holocausto y nada vale, etc, etc, etc… y si todo es relativo… a los judíos no les cabe ese beneficio de la duda? NO, es obvio que Israel es muy muy muy malo malísimo, el peor de todos. Pero después de todo, yo no tengo nada contra los judíos, además tengo un amigo de origen judío (seguramente algún comunista trasnochado como Ilán Pappe o un fanático de Naturei Karta) y me agradan las películas de Woody Allen. Simplemente quiero que conviertan en cenizas su único país que les devolvió la libertad y dignidad que tenían luego de dos milenios de persecusiones y exilio en la diáspora… pero yo soy muy pacifista, ojo… es decir, me opongo a las guerras donde Estados Unidos se involucra, pero que los negros se maten en Darfur me importa un rábano… pero yo no soy racista, soy un multicultural (pro-islamista) posmoderno (imbécil) pacifista (pro-terrorista) intelectual (antisemita) y relativista (marxista renegado que perdió el horizonte). Que viva el sueño (pesadilla) multicultural!!

    Volviendo a la realidad:

    Biondini también afirma ser solamente antisionista y no tener nada en contra de los judíos. En ese caso, no se trata de un “multicultural” de izquierda, sino un fascista encubierto. No obstante, sus argumentos sobre la “cuestión judía” (digo, sionista) son exactamente los mismos.

  2. muy, MUY, de acuerdo con el artículo y con el comentario de más arriba.

    Felicitaciones por la claridad en la redacción y por el brillante análisis acerca del irracional y ancestral odio a los judíos. Personalmente no me cabe ninguna de duda de “antisionismo=judeofobia”.

    es una cuestión que ya no se pùede enmascarar. negarle el derecho al pueblo judío a aser soberano en su propia tierra a través de un legítimo Estado, automaticamente transforma en un judeofobo. si no queres la libertad de un pueblo “acostumbrado” a ser masacrado, y su autodeterminación en su patria ancestral, y por el contrario queres desposeerlo, dejarlo a la deriva y quitarle sus derechos, pues bien, no me importa cuantos amigos judíos digas que tengas, ni cuantas películas de allen o spielberg viste, o si en la facu te enseñaron einstein: sos un antisionista=judeofobo.

    me gusta llamarlo “antiisraelismo, antisionismo, y judeofobia: la trilogía antijudía”.

    • No te olvides que, a excepción del nazismo (algo único en la historia del antisemitismo: “hasta el último bebé judío nacido en Alaska y sin considerar su grado de judeidad, es un enemigo digno de combatir hasta el final para lograr su exterminio”), para el antisemita siempre existió un “amigo judío”… el que se convertía al catolicismo, el que renunciaba a sus derechos, el que abandonaba su cultura y optaba por la dominante, el que renegaba de sus raíces, el que renunciaba a su ciudadanía, el que aceptaba su condición de “dhimmi”, el que se mudaba a otro país… el “amigo judío” del antisionismo es el que propone el fin de Israel y/o renuncia a su derecho a la autodeterminación nacional en su tierra ancestral. Seguramente para los antisionistas, cualquier judío que se oponga a la destrucción de Israel es un “sionista”, sin importar cuán crítico sea. No obstante, todas las opciones del “judío aceptable” que nos ofrecieron los judeófobos pasados y presentes, tarde o temprano, conllevan una sola salida: el suicidio, la dominación y/o la opresión. No me importa lo que piensen o digan algunos imbéciles y autoodiadores judíos (gente enferma y loca hay en todas partes, yo también conozco negros yankis que se hicieron amigos del Ku Klux Klan, y no por eso un idiota dice que en realidad los del KKK no eran racistas sino que se oponían a la “hegemonía dominante afroamericana”… en todos los pueblos o grupos sociales existieron autoodiadores, renegados y traidores), yo desprecio y considero un enemigo a cualquiera que odie a mi pueblo, cultura, religión, tradiciones, historias, quiera quitarme los derechos civiles, me quiera matar o proponga la destrucción del Estado judío (bajo cualquier eufemismo, “disolución” o “legalidad” del que lo disfrase), sin importar la religión, origen, etnia, nivel socio-económico, nacionalidad, ideología, color, aportes a la cultura, fenotipo, inteligencia u orientación sexual que tenga. No considero a Biondini más o menos mierda que D’Elía por la ideología que sostengan (aunque ambos nieguen su judeofobia constante y esté claro que Luisito puede ser más dañino que el patético Kalkito por el poder que tiene el primero).

      Ni Bergman (el “rabino” amigo del neofascista Vicente Massot), ni Noam Chomsky (amigo de Chávez), ni los Naturei Kaka (amigos del enano islamofascista iraní, que por cierto fueron repudiados y expulsados por todo el mundo haredí), ni Pedro Brieguer (amigo de la izquierda argentina), ni Ilan Pappé (el ídolo de Vargas Llosa), ni Norman Finkelstein (amigo del Hamás y los negacionistas), ni Alfred Lilienthal (amigo de los islamistas y nazis americanos, entre ellos David Duke) ni cualquier otro enfermo de origen judío que, sin importar la fama que tenga en ciertos medios o bajo el nombre de qué lo haga, opte por escupir para arriba y volverse contra su nación, representa a la mayoría de los judíos, tanto en Israel como en la diáspora (justamente por eso nuestros detractores los citan permanentemente para obtener una supuesta legitimidad a sus difamaciones: porque no es algo común). Por cada uno de esos judíos hay veinte goym, incluyendo muchos árabes, que apoyan, respetan, admiran y quieren a Israel (claro que para ellos no hay tanta fama en los medios de comunicación ni dinero europeo o petrodólares saudíes).

      Yo no discuto con etnias, discuto con ideas. Y que existen judíos antisemitas, hijos de puta, garcas e imbéciles, no es algo que tenga problema de reconocer. Del pueblo judío nació un Einstein… y del pueblo judío nació un Bernard Madoff. ¿Y? Acaso es relevante su origen étnico? piensen la respuesta (no es muy difícil)… lo mismo se aplica en la discusión con los antisionistas cuando hablan de que Chomsky es judío antes de largar su vómito discursivo.

  3. Una cosa más: la difamación y el doble estándar o doble vara en la “crítica” a Israel, también forma parte del discurso judeófobo. Cuenta la historia que en una universidad europea, el rector le comentaba muy preocupado al decano su disposición a prohibir la entrada de judíos a la institución, debido a la inmensa cantidad de estudiantes de ese origen que se copiaban durante los exámenes. Ante el reproche del decano replicando que la proporción de estudiantes cristianos que se copiaban era exactamente la misma, el director respondió: “no sea tonto, en esta ocasión estamos hablando de los estudiantes judíos”.

    Consejo personal: cuando se enfrenten verbalmente a un antisionista, saquen también el tema del genocidio en Darfur, la falta de libertad en las dictaduras árabes, los asesinatos de honor en Gaza, la persecusión de homosexuales en Irán o el terrorismo islamista alrededor del mundo. No está “de más”…

    • Me sumo a los últimos comentarios y resalto una frase de Jabotito: “yo no discuto con etnias, discuto con ideas”.
      Yo tampoco discuto con etnias, religiones, razas, apellidos, sexos o lo que sea.
      Si un negro apoya al KkK es racista.
      Si una mujer defiende al régime sirio es misógina.
      Y si un judío quiere destruir a Israel es tan judeófobo como cualquiera.
      Paradojalmente, los que se empapan la boca hablando de la discriminación son los que discuten con su apellido.
      Sino me creen, entren al blog de Brieguer. (Se necesita una cierta dosis de valentía masoquista).
      Saludos!

  4. Hola a todos..
    El diario Aurora dá lugar a publicaciones como estas de este bloguista..
    Lo dejo a vuestro juicio..
    Este bloguista Layco sensura ultimamente todos los comentarios que los lectores de sus escritos le envían..
    Sé ciertamente que muchas personas,después de leer lo que escribe, dejan su opinión y solo se publica lo que le conviene.
    Del lado derecho de la página, se pueden leer todos los escritos, uno más anti-Israel que el otro, a esto los izquierdistas le llaman “libertad de expresión” y por otro lado sensuran los comentarios que se dejan en sus escritos.
    Escribe que es sionista y quiere a Israel..
    Despues de que lo lean, podemos apreciar lo que es un judeo-fobo proper.

    http://www.aurora-israel.co.il//blogs/LIF/

  5. Este Layco solo es un descerebrado antisocial que está lleno de frustraciones y de complejos personales, demuestra la talla moral que tiene cuando se pone a vomitar sobre todo y sobre todos. Si tanto quiere a Israel, ¿por que solo critica a Israel? Es un desorientado fracasado en la vida.

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