Sale Dagán, entra Pardo

A pesar del período de relativa decadencia que caracterizó al Mossad en los ’90, desde el 2002 la organización recuperó rápida y contundentemente su antigua gloria, en medio de la Segunda Intifada, el desprestigio de la inteligencia occidental, la guerra contra el terror y la creciente amenaza del exterior.

El creador del “milagro” tiene nombre y apellido: Meir Dagán, su director, un soldado anónimo. Nieto de sobrevivientes del Holocausto, juró utilizar todos los medios a su alcance para proteger a Israel de todos sus enemigos, especialmente del peligro proveniente del programa nuclear iraní (al que prometió destruirlo o al menos postergarlo por un tiempo), negándose a buscar fama y gloria en el camino, optando por mantener un perfil bajo lejos de la prensa local e internacional.

A pesar de que el público puede llegar a conocer los éxitos del Mossad varias décadas después de que se lleven a cabo, no hay duda que estos últimos ocho años han sido uno de los mejores tiempos que disfrutó la organización y, en consecuencia, la seguridad estratégica de Israel.

Producto de algunos errores en 2010 y el propio desgaste del tiempo, Dagán se vio obligado a retirarse, luego de haber prestado servicio por más tiempo de lo usual. Su legado será difícil de reemplazar, pero muy necesario en estos tiempos turbulentos que se avecinan. Confío en que el liderazgo político de Israel tomó la decisión correcta al nombrar a Tamir Pardo, un enigma hasta ahora, como su nuevo director.

De lo que no tengo dudas, es que el nuevo jefe tendrá que seguir los pasos del viejo para avanzar. Sin nada más que agregar, muchas gracias al señor Dagán por un trabajo bien hecho. Vehatzlajá al nuevo!

He aquí un breve artículo en inglés sobre los últimos éxitos del instituto presidido por Dagán.

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