Es hora de actuar o actuar

  

A continuación un artículo de Caroline Glick publicado el 17 de junio y traducido por mí. En realidad, el artículo se llama “Es hora de actuar o morir”, pero la segunda alternativa no me parece aceptable, ni siquiera pensable. Es por esto que, con el perdón de Caroline, decidí cambiarle el nombre. Además de revelarnos los últimos datos vinculados a las aspiraciones genocidas del régimen de los Ayatollahs, el artículo comienza con una travesía por el nuevo – y cada vez más peligroso – oriente medio; así que aquel que está cansado de escuchar a los sionistas paranoicos alertando sobre el peligro que representa un Irán nuclear para todo el mundo occidental (particularmente para Israel), puede leer tranquilo hasta la mitad el texto. Por el contrario, aquél que simpatiza con el único Estado judío que hay el mundo y con los valores que éste preserva, lo invito a leer todo el texto con los ojos bien abiertos.  

 

Todos los días nos llegan noticias del medio oriente. Y detrás de cada noticia hay sucesos mayores que merecen nuestra atención y, en la mayoría de los casos, nuestra preocupación. Tan solo durante la última semana ocurrieron hechos con Siria, La Autoridad Palestina, Egipto, Túnez, El Líbano, Yemen y Pakistán. Todos son realmente desconcertantes.

En Siria, la represión violenta que emprendió el dictador Bashar Assad contra su población expuso la naturaleza asesina del líder Siro. Si bien uno puede albergar la esperanza de que los sirios derroten al régimen tiránico, resulta difícil prever cómo puede ocurrir esto, ya que Estados Unidos se rehúsa a proveer una asistencia tangible a la oposición.

Por su parte, Assad recibe un apoyo incondicional del régimen iraní. Los mullas y los Guardianes De La Revolución Iraní van a asegurarse de que nunca le falten balas para matar a los manifestantes sirios.

En lo que respecta a La Autoridad Palestina, el choque que se produjo en el Cario cuando se realizaron las negociaciones entre Fatah y Hamas revela el incuestionable control que ejerce Hamas sobre el gobierno de unidad recientemente formado. A pesar de la fuerte presión americana, Hamas logró vetar el voto de Fatah para retener a Salam Fayad como primer ministro del gobierno de unidad.

Además, a pesar de la significativa presión internacional, Hamas se niega a aceptar las condiciones impuestas por el Cuarteto para la Paz en Medio Oriente: reconocer a Israel, abandonar las prácticas terroristas y aceptar los acuerdos previos entre israelíes y palestinos.

Dado que Hamas mantiene intacta su voluntad de destruir a Israel y dada la incapacidad de Fatah para convencer a Hamas de que acepte las condiciones previamente mencionadas, resulta evidente que Hamas es la parte más fuerte del nuevo gobierno palestino. También es claro que, bajo ninguna circunstancia, este gobierno va a promover la paz con Israel.

Pero por increíble que parezca, el presidente Barack Obama está intensificando la presión sobre Israel, al obligarla a aceptar las precondiciones que Fatah impone para sentarse a negociar. De hecho, tomó las precondiciones de Fatah como propias.

Obama está demandando que Israel entregue su derecho a defenderse insistiendo en que el primer ministro Binyamin Netanyahu acepte las fronteras de 1967 – esto es, los límites armisticios del 49 – como el punto inicial para las negociaciones. Como, probablemente, Obama reconoce que una Autoridad Palestina controlada por Hamas no va a aceptar que Israel ejerza su soberanía sobre ningún lugar desde el Monte del Templo en Jerusalem hasta el valle del Jordán, sabe que está pretendiendo que Israel ceda su derecho a defender sus fronteras antes de empezar a negociar.

No sorprende que los acuerdos entre Fatah y Hamas que convirtieron a este último en el rey de los palestinos hayan tenido lugar en el Egipto post-Mubarak. A pesar de los escenarios florales que construyeron los intelectuales progresistas y neo-conservadores durante la revolución en enero, el Egipto post-Mubarak se está convirtiendo en un lugar peligroso y aterrador.

Con la supuesta unificación entre los progresistas del partido Wafd y la Hermandad Musulmana, ésta última realizó un paso significativo para consolidar su liderazgo político en las elecciones programadas para septiembre. Y la decisión de la junta militar de arrestar al israelí-americano Ilan Grapel por cargos de “espionaje” es otra señal de que el Egipto post-Mubarak le está dando la espalda a su acuerdo de paz con Israel.

Y como reportó el Wahington Times la semana pasada, Estados Unidos se limitó a rogarles a las autoridades militares egipcias que re arresten a terroristas jihadistas que fueron liberados cuando Mubarak salió del gobierno. Pero no solo siguen libres, sino que algunos de ellos formaron partidos políticos que van a presentarse en las próximas elecciones. De esto se desprende que Estados Unidos también está siendo traicionado por el nuevo gobierno.

Si la Hermandad Musulmana controla el próximo gobierno egipcio, Egipto va a sumarse al bloque de naciones bajo el mando de regímenes islamistas, siguiendo el camino de El Líbano y Turquía.

Esta semana, Najib Mikati, el primer ministro que fue apuntalado por Hezbollah para el Líbano, formó el gobierno controlado por este grupo terrorista. En otras palabras, el control de Hezbollah en el Líbano ya es oficial, y las repercusiones que esto puede tener para la región son difíciles de imaginar.

Después está Turquía. Esta semana, los turcos re-eligieron al primer ministro Recip Erdogan y a su partido islámico radical AKP para que dirija el país por un tercer término consecutivo. En el discurso pronunciado tras la victoria, Erdogan resaltó sus ambiciones islamistas y neo-imperialistas al mencionar que el imperio Ottomano controlaba ciudades desde Sarajevo hasta Jerusalem, desde Damasco hasta Beirut y Ramallah. Los intelectuales turcos como Sinan Ulgen, que encabeza el centro de Estambul para los Estudios Económicos y de Política Internacional, están pidiendo que Turquía juegue un rol más independiente en la OTAN.

Tanto el Pakistán como el Yemen nuclear se están, rápidamente, acercando al día en que serán dirigidos por al-Qaeda o sus filiales. La forzada salida del presidente Yemení Ali Abdullah Saleh hace dos semanas, cuando fue atacado en el palacio presidencial, fue visto por al-Qaeda como una victoria; sus fuerzas continúan atacando instalaciones gubernamentales, así como otras ciudades del país

En relación a Pakistán, el asesinato de Osama Bin Laden el mes pasado reflejó la colaboración escondida entre el ejército pakistaní y al-Qaeda. El arresto que ocurrió esta semana de 5 pakistaníes acusados de actuar como informantes de Estados Unidos para colaborar con la localización del Bin Laden es una prueba suficiente – si es que se necesitaba alguna – de que los 21.000 millones en asistencia militar y económica que Estados Unidos destinó a Pakistán desde el 2002 no se correspondieron con ayuda estratégica por parte de Islamabad. Informes recientes indican que los arsenales nucleares pakistaníes podrían caer en manos de simpatizantes de al-Qaeda.

Sorprendentemente, mientras todos estos hechos son alarmantes, y mientras todos han sido atendidos en los medios masivos de comunicación, ninguno puede compararse en importancia a lo que está sucediendo en Irán. Y esto último recibe una atención muy limitada y superficial por parte de los medios y los gobiernos del mundo occidental.

El lunes, los editores del Wall Street Journal resumieron los acontecimientos que tuvieron lugar en este frente. Primero, la semana pasada, la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA en ingles) reveló secciones de su último reporte sobre Irán. El informe dice que en los últimos seis meses, Teherán enriqueció 970 kilos de uranio al nivel de reactor (reactor-grade level en inglés).

Irán también enriqueció 56.7 kilos de uranio a un nivel del 20%, lo que hace que alcanzar el nivel del 90% que se necesita para construir una bomba atómica sea relativamente sencillo. Además, el régimen de los Ayatollahs instaló centrifugadores en la hasta ahora planta secreta de Qom.

Gregory S. Jones, un académico de la Rand Corporation, escribió este mes que Irán “puede producir una bomba nuclear de uranio de 20 kilogramos cuando lo desee….Con el número de centrifugadores corriente, el proceso para producir la bomba atómica podría tardar dos meses”.

Aparentemente, dada la certeza que tiene el régimen iraní de que el desarrollo nuclear es imparable, una revista auspiciada por los Guardianes de la Revolución Iraní publicó un artículo donde describe cómo será el día después de que Irán realice un test nuclear.

Y la apuesta sigue subiendo. Ayer, Irán lanzó exitosamente un segundo satélite al espacio. Esto indica que el país está mejorando su habilidad para desarrollar misiles balísticos intercontinentales. Dicha habilidad, junto con el programa nuclear y las ambiciones de los Ayatollahs, constituyen un peligro claro para Europa y Estados Unidos.

El progreso de Irán hacia la adquisición de arsenal nuclear asusta aún más ante los últimos comentarios de Meir Dagan, el ex jefe del Mossad. Insólitamente, en contra del protocolo e inclusive de la ley, el hombre que hasta hace unos meses encabezaba el esfuerzo israelí en pos de prevenir un Irán nuclear descartó de la mesa la opción militar. En entrevistas para la prensa, afirmó que sería desastroso para Israel atacar las instalaciones nucleares iraníes.

Pero Dagan falló en notar que sería mucho más desastroso permitir que Irán adquiera armas nucleares.

En este punto, resulta indiscutible que la política de las sanciones económicas, respaldada por Estados Unidos y por la Unión Europea, falló en quebrar la determinación Iraní para desarrollar armas nucleares y, más importante aún, en evitar que esta determinación pueda materializarse. Claramente, la única forma posible de prevenir que Irán adquiera armamento nuclear es atacando sus instalaciones nucleares.

Desde que el programa nuclear iraní fue revelado en el 2003, los gobiernos israelíes – desde Ariel Sharon hasta Netanyahu, pasando por Ehud Olmert – confiaron en que Estados Unidos se iba a tomar en serio la mayor amenaza que enfrenta el Estado de Israel. Pero la creencia de que Estados Unidos encabezaría un ataque militar a las instalaciones nucleares iraníes siempre estuvo basada en una fe ciega, más que en hechos concretos.

En el 2003, cuando George W. Bush decidió trabajar a través del consejo de seguridad sobre el tema – a pesar de la abierta asistencia que Rusia le brindaba a Irán en sus programas nucleares y militares y de la creciente adicción al gas iraní       que tenía China –, ya era visible que Estados Unidos no se tomaba con seriedad la necesidad de prevenir un Irán nuclear. Y cuando, a fines del 2007, la Inteligencia Nacional de Estados Unidos publicó falsamente que Irán abandonó su programa nuclear en el 2003, resultó más que claro que Estados Unidos había decidido no emprender ninguna acción significativa para prevenir un Irán nuclear.

Esta situación se acentuó cuando Obama asumió la presidencia en el 2009. La política de Obama para lidiar con el régimen que tiene aspiraciones nucleares y genocidas puede resumirse en una sola palabra: apaciguamiento. Y, peor aún, Obama no quiere apaciguar a los mullahs para convencerlos de que terminen su programa nuclear. Para Obama, el apaciguamiento es un fin en sí mismo. Esto explica porque — a pesar de que Irán rechazó todas sus ofertas pacifistas, respaldó financieramente a los insurgentes iraquíes y talibanes que mataban a soldados estadounidenses y continuó enriqueciendo uranio sin descanso – Obama se rehúsa a, como mínimo, decir abiertamente que usará la fuerza para prevenir un Irán nuclear.

Esto significa que – como ocurrió en 1967, cuando se formó una combinación de ejércitos árabes que tenían el propósito expreso de borrar a Israel del mapa – Israel está solo en tiempos donde su supervivencia está en juego. Todas las amenazas que surgen de Egipto, La Autoridad Palestina, Siria, El Líbano y Turquía serán insuperables si Irán se convierte en un país nuclear.

Como ocurrió en mayo de 1967, Israel llegó a un momento donde tiene que actuar o morir. Y es en este momento donde  todos debemos rezar por la fortaleza y el coraje de nuestros líderes, nuestros soldados y nuestra nación.

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Una respuesta

  1. Los Ahmadineyad, Abu Mazen, Chávez y Nasralah son pasajeros… el pueblo de Israel vive.

    Eventualmente, nosotros triunfaremos. No tengo ninguna duda sobre ello.

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