Un consejo para debatir con la izquierda

La izquierda fracasó en todo. Sus bases dogmáticas fueron ampliamente refutadas. Sus predicciones quedaron en el olvido.  Sus revoluciones marxistas engendraron dictaduras sangrientas – ya sea bajo la versión rusa, china o caribeña. Inclusive sus más moderados “Estados de Bienestar” resultaron ser un verdadero fiasco; dejando de lado a Alemania y algunas joyitas escandinavas como Finlandia, Europa está sintiendo en carne propia las implicancias económicas negativas que la izquierda arrastró con su incapacidad para comprender algo básico: para repartir la riqueza, es necesario crearla. Estos “Estados de Bienestar”, combinados con la devoción izquierdista por el multiculturalismo y condimentados con un poco de judeofobia, convirtieron al continente que iluminó al mundo en uno económicamente estancado, socialmente vulnerable, políticamente resignado y moralmente escuálido. Si, como afirman algunos, Europa murió en Auschwitz, entonces la izquierda europea se encargó y se sigue encargando de que no resucite.

La realidad es muy fuerte, pero no tanto como la persistencia de los izquierdistas en negarla. Ahora bien, como no pueden refutar los hechos concretos que derrumbaron todo su sistema de creencias, la única forma que tienen de aferrarse a su doctrina es utilizando tres técnicas bien conocidas: insultos, argumentos estúpidos y mentiras. El humorista y escritor Andrew Klavan aborda las tres en este brillante e irónico artículo. Quería detenerme en su enfoque sobre los insultos, porque me parece que el autor provee una forma muy original y efectiva de contrarrestarlos.

Es bien sabido que, para la izquierda, si uno discrepa con la política de Obama es un racista, si critica al Islam es un islamófobo, si refuta sus “argumentos” es un fascista y si defiende a Israel es un antisemita (créanlo o no, tanto Glen Beck como Sean Hannity, dos estrellas mediáticas que respaldan al Estado judío, fueron acusados de ser antisemitas por algunos zurdos trasnochados). El último insulto suele ser una “proyección preventiva”, en palabras de Gustavo Perednik. Es decir, te acuso de lo que soy para prevenir que vos me acuses a mí – de ahí que muchos judeófobos escupan que “Israel es un Estado Nazi”, para poner otro ejemplo. Por su parte, los primeros tres insultos persiguen dos propósitos: (1) intimidar al mensajero y (2) obligarlo a que se defienda para correr el eje de la discusión original.

En este blog vivimos varios ejemplos similares. En una ocasión, Ezequiel Eiben subió un video donde Danny Ayalon, el Ministro israelí de Relaciones Exteriores, argumenta que Israel tiene derechos plenos sobre Judea y Samaria. La respuesta que obtuvimos de un lector fue: “Bueno, así está más claro. Ustedes quieren que Israel incorpore toda la West Bank como parte de su territorio nacional”. Y después de unas semanas, Zionist1948 descubrió que un tal Jeffrey Goldberg se dirigió de igual manera al propio Ayalon en una discusión de Twitter. Ya no se trataba de entender quién tiene derechos sobre los territorios disputados, sino de juzgar si nosotros queremos o no anexarlos.

Como se ve en este último ejemplo, los insultos son efectivos. Si no logran intimidarte, suelen correr el eje de la discusión original. El “decime donde dije eso” ya es suficiente para que la audiencia se olvide que Israel tiene derecho a — ¡no que debe! — anexar los territorios. De la misma forma, si tratamos de explicar que uno puede criticar al Islam sin ser un “islamófobo”, entramos en un laberinto dialéctico y nos desviamos de los motivos por los cuales criticamos al islam. Y aquí es cuando entra Klavan…

Qué tal si, en vez de defendernos, les respondemos a nuestros amigos de izquierda lo siguiente: está bien, supongamos que soy un “islamófobo”, ¿Eso va a cambiar el hecho que el 99.9% de los atentados terroristas sean perpetuados por musulmanes en nombre del Islam? Si soy un racista, ¿Eso va a hacer que la reforma de salud de Obama funcione? Si soy un fascista, ¿Eso significa que tu ideología no resulto ser un rotundo fracaso? Por supuesto que no. Como aclara el autor, el mundo es lo que es sin importar nuestras cualidades personales. Pero si alguna vez le interesó, a la izquierda dejó de interesarle como es el mundo. Solo le interesa demostrar que, parafraseando a Pilar Rahola, ella nunca se equivoca.

Con estas simples preguntas logramos que no nos intimiden, que no nos obliguen a defendernos y, sobre todo, volvemos a los hechos que la izquierda no puede ni quiere afrontar. La victoria es nuestra.

4 comentarios

  1. Increible explicacion sobre la diferencia del razonamiento vs. el panfletismo incendiario.

    Voy a hacer una sola correccion: Por efectos practicos no aconsejo a decir “si, soy un facista” “si, soy un islamofoco” etc., porque eso le da a los propagandistas otra “herramienta” para esuciarnos y van terminar diciendo: “vieron que son racistas? hasta ellos lo reconocen!!”.

    Lo adecuado seria responder a ataques persnales con la pregunta: Suponiendo que tengas razon, “y que?!”.

    No hay que hacer concesiones porque eventualmente van a venir en busca de ellas.

    • David,
      No le decís que sos un fascista o islamófobo. Le decís: “no soy un fascista, pero supongamos lo fuera. Eso implica que…(y volves a los hechos que queres denunciar).”
      Y si el otro empieza a decir: “a vieron, dijo que era un fascista…”, queda expuesto como demasiado estúpido.
      Gracias por hacermelo aclarar!

  2. Sebinsra un artículo brillante, sinceramente muy contundente y con un contenido racional, que es lo más importante.

    Muy interesantes las técnicas propuestas, y uno de los mensajes principales: la realidad es objetiva, independientemente de los caprichos de la izquierda o de cualquiera que pretenda negarla.

    Lo que sí, aconsejo el “supongamos” si se va a emplear esta contraargumentación. No recomiendo decir cosas como “sí para vos eso es facsismo, entonces soy facista”, que aclaro no lo ví aquí, pero que me ha pasado escuchar de gente que tenía razón y terminó asumiendo mal una etiqueta inapropiada. porque si cedemos en ese aspecto, le damos el triunfo a la izquierda, el del relativismo, de que ellos definan de manera arbitraria lo que son las cosas.

    Simplemente esa recomendación, y también respaldo a David en su última acotación de las conceciones.

    Shabat Shalom!!

    • Muchas gracias Eze!
      Y muy valida la acotacion. El relativismo es la unica “arma” que les queda. Mientras menos la usen, mejor

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