Políticos palestinos que dicen la verdad

Hay políticos palestinos que dicen la verdad. Que más allá de los circos montados alrededor de las mentiras, calumnias e injurias antiisraelíes, se desenmascaran y ofrecen al público (dependiendo de la audiencia, es como manipularán el mensaje) su verdadero rostro.

Para conocer la verdad, no hace falta escuchar a ningún apologista occidental del terrorismo, ni a los decadentes intelectuales judeofóbicos, ni tampoco a los cleptómanos de la historia o a los altruistas descabellados amantes del suicidio.

Simplemente, en estos casos lo que hace falta es escuchar a los propios representantes palestinos, de manera lisa y llana, sin interpretaciones o deformaciones que intenten acomodar sus dichos. Los mismos protagonistas de las declaraciones arrojan luz sobre las verdaderas intenciones de los gobernantes.

Un ejemplo clarificador en este asunto es el de Adli Sadeq, embajador de la Autoridad Palestina en India. A continuación, palabras suyas:

“(Los israelíes) tienen un error común, o un concepto erróneo por el cual se engañan a sí mismos, dando por hecho que Fatah los acepta y reconoce el derecho de su Estado (Israel) a existir, y de que es solamente Hamas el que los odia y no reconoce el derecho de este Estado a existir. Ellos ignoran el hecho de que este Estado, basado en una fabricada empresa (sionista), nunca tuvo una pizca de derecho a existir… Hamas, Fatah y los demás no están haciendo ahora una guerra contra Israel por razones referidas a equilibrio de poder. No hay dos Palestinos en desacuerdo sobre el hecho de que Israel existe, y el reconocimiento de ello es decir con otras palabras lo obvio, pero el reconocimiento de su derecho a existir es otra cosa, diferente del reconocimiento de su existencia física” (1).

La verdadera visión de Fatah respecto de Israel, está esbozada allí. Simple y concreta; no se requiere darle muchas vueltas al asunto. Israel nunca tuvo ni una pizca de derecho a existir.

¿Qué diría uno de esos paupérrimos intelectuales que busca adaptar la realidad a la ideología en vez de la ideología a la realidad? Es fácil suponerlo, cuando ya hemos visto hasta el hartazgo las engañifas a las que recurren para darles a los mensajes los significados que ellos desean que tengan, por encima del sentido que el propio autor de las palabras les propició. Un defensor de los trogloditas asesinos diría: “En verdad, eso es una declaración hecha solamente por oportunidad y conveniencia ante una audiencia que necesita que le digan lo que ella quiere escuchar. Estas no son las verdaderas intenciones de los líderes palestinos. Ellos realmente desean hacer la paz con Israel, solo que no lo pueden decir porque sino serían destituidos o el pueblo les quitaría su apoyo. Sería como traicionar a su pueblo. Fatah mantiene grandes diferencias con Hamas, y en el pasado Arafat ya reconoció a Israel. Es Israel el que no entiende el tremendo esfuerzo que hacen los palestinos para la paz. Es Israel el culpable de que los procesos de paz no avancen”.

Pues bien, si nos detenemos a analizar el arquetipo de la manifestación políticamente correcta del que cree ser una persona netamente comprometida con la paz aunque eso implique la desaparición forzosa de Israel, se pueden rescatar varios puntos que demuestran la ridiculez de la postura, el mermado entendimiento, y las equívocas técnicas de interpretación.

Lo que se insinúa de semejante mamarracho, en consonancia con la tradicional línea de pensamiento antiisraelí, es lo siguiente:

El mote de “declaraciones hechas por oportunidad y conveniencia” queda relegado a las declaraciones de guerra; cuando una declaración habla (y ya sabemos que recurriendo a la mentira) sobre la paz, automáticamente se toma como verdadera y se pone fuera de todo cuestionamiento acerca de la veracidad, legitimidad e intencionalidad subyacente. Porque los gobernantes palestinos son personas bondadosas; lo demás son deslices o pequeñas mentiritas piadosas.

La “audiencia que necesita que le digan lo que quiere escuchar” no solo se limita al público palestino; un embajador en India también debe manejarse en esos términos (no vaya a ser que los hindúes no puedan vivir tranquilos y den vueltas en la cama a la noche porque Fatah avisará que reconoce el derecho a la existencia de Israel de manera inequívoca). De hecho, en todo el Medio Oriente los representantes diplomáticos palestinos deben mantener la farsa de que odian a Israel cuando realmente lo aman, porque sino se desataría una guerra sin precedentes, y todo por culpa de los sionistas. Como los sionistas son la mayor amenaza a la paz mundial, y los conflictos entre los propios islámicos, islamistas, árabes, persas y turcos son su culpa, y el destino incierto de las revueltas árabes demasiado temprano llamadas “primaveras” son obviamente culpa de Israel, esta mentirita en miniatura que esconde el verdadero amor de los palestinos hacia los sionistas debe ser mantenida. Por su parte, el público occidental no debe considerarse como ese tipo de audiencia que nada más necesita que los líderes árabes le digan lo que quiere escuchar; cuando los árabes hablan en inglés, a los de este lado del mundo nos dicen la verdad en serio. El occidental puede distinguir la sinceridad en la voz de Arafat hablando de ramos de olivos, y su paternalismo le hace comprensible y soportable que a un pobre palestino haya que mentirle y manipularle el conocimiento subordinando sus ansias de verdad a un plan de conveniencia política mayor de los tiranos expertos en opresión.

 

Ahora bien, uno se pregunta: si en verdad los líderes palestinos fueran destituidos en caso de revelar sus auténticos planes, ¿cuál es entonces la legitimidad en su cargo como exponentes de la visión del pueblo palestino? Si los gobernantes llegaran a ser desplazados en caso de ser sinceros con los gobernados, y por lo tanto deben recurrir a la mentira y la falsificación ¿cuál es su representatividad como funcionarios públicos? ¿Es de preferencia el político que miente para conservar su posición y subordina los intereses de los gobernados a su propio plan? Suena a que los apologistas de estos tiranos manejan conceptos de paz, democracia y representación en base a la arbitrariedad. Lo peor de todo esto es que la evidencia demuestra que la verdad es el discurso palestino dirigido a los árabes, y no a los occidentales: la verdad es que los gobernantes palestinos quieren destruir a Israel, en vez de querer hacer la paz con él.
Las diferencias que mantenga Fatah con Hamas, pueden dejarse momentáneamente de lado para cumplir el objetivo máximo de destruir a Israel. Los líderes prefieren firmar acuerdos y unificar representaciones para embestir al enemigo sionista, y recién luego dirimir cuestiones internas. Su naturaleza bestial los lleva a matarse entre ellos como ya ocurrió, y a planear el derrumbamiento del otro; pero un pacto de mutuo acuerdo que perjudique a Israel, es siempre opción viable contra el enemigo sionista aunque dentro de casa no todo se haya limpiado.
Las diferencias en las naturalezas de los reconocimientos a Israel (como Estado, como Estado Judío, o simplemente como realidad de hecho sin derecho) han sido explotadas por los gobernantes palestinos para convencer a unos cuantos con supuestas intenciones de paz, y poder llevar a cabo con mayor margen de operaciones (cuando se trata de obnubilar y engañar al enemigo) el verdadero propósito que es el plan por fases para destruir a Israel enunciado hace ya largo tiempo por Arafat. Después de todo, la victimización palestina, las deformaciones históricas, las putrefacciones políticas y la cooperación de los idiotas útiles funcionales a los fines oprobiosos de los dictadores, harán quedar siempre a Israel como el malo de la película. En definitiva, muchos pueden decir una cosa, muchos pueden decir otra, y al final la culpa siempre la tienen los sionistas.

 

Más allá de cualquier entretejido estafador y de las artimañas a las que recurren los negadores de la realidad y aborrecedores de la verdad, los que realmente se preocupan por la existencia de Israel en óptimas condiciones de seguridad, tienen en cuenta el mensaje constantemente difundido como el pronunciado por el embajador palestino en India: tanto Fatah como Hamas son una banda de criminales deseosa de exterminio contra judíos.

 

No hay que dejar que estos malvados terroristas cumplan su cometido.

 

Fuentes:

(1) PA official: “[Israel] never had any shred of a right to exist” – Itamar Marcus y Nan Jacques Zilberdik

 

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5 comentarios

  1. 10 puntos! se está difundiendo

  2. Excelente!!
    Desde mi puno de vista, igual es irrelevante esperar el reconocimiento palestino del derecho de Israel a existir, ya que de algún modo, así se está legitimando algo que no tendría ni que plantearse. Israel existe desde hace 63 por derecho propio y no requiere el reconocimiento de nadie para seguir haciéndolo, y menos de sus enemigos.
    Lo que hay que exigirles a los enemigos de Israel es que renuncien de manera inequívoca al supuesto derecho que tienen a destruir a Israel, no considero necesario que lo acepten como estado judío (eso sería como ceder soberanía, ya que implica esperar que el otro te acepte para ser lo que vos pretendés ser).
    Yo creo que la batalla pasa en gran parte por la arena cultural y la semántica, en el cual las palabras son muy poderosas. En tal sentido, es vital cambiar la carga de la prueba. Israel no debe ser el que tiene que dar explicaciones respecto a su existencia, sino sus enemigos son los que deben ser puestos en el banquillo de los acusados por pretender destruirlo.
    Saludos,
    Martín

    • Está muy bien lo que dices. Pero Israel no espera su reconocimiento como Estado judío porque necesite la aprobación de los palestinos ni de nadie para existir. Exige eso como un paso necesario, una vez iniciadias las negociaciones directas, para poner fin al conflicto y el ridículo reclamo del “derecho al retorno”: inundar a Israel con millones de descendientes de los refugiados árabes de 1948.

      Saludos

  3. Brillante analisis. Pero no te olvides que la “culpa siempre es de Netanyahu” o en su defecto, “de la derecha israeli”. Amen.

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