¿Qué harían sin los judíos extremistas?

La semana pasada, un grupo de judíos extremistas entró a una central militar en Judea y Samaria, destruyó parte del material militar, lastimó al comandante de la brigada y apedreó vehículos palestinos. Como señala Caroline Glick en su última columna, el objetivo de esta protesta era prevenir que el IDF demoliera Ramat Gilad, un enclave de casas alocadas en Samaria que pertenecen al ranchero Moshe Zar, cuyo hijo Gilad fue asesinado por terroristas palestinos en el 2001. No es común que haya manifestaciones ilegales — y en este caso violentas — perpetuadas por el sector ortodoxo/nacionalista, y menos contra el IDF. “La admiración de este sector hacia el IDF es tan grande que el grupo está sobre representado en todas las unidades de combate; y la presencia de este sector en el ejército permitió que, en Agosto del 2005, el gobierno de Sharon pueda expulsar pacíficamente a 10.000 ciudadanos israelíes de sus casas en Gaza y el Norte de Samaria”, señala Caroline.

La izquierda israelí, que es siempre racional, abierta al debate y tolerante, nos sorprendió a todos cuando, en lugar de buscar las causas de esta manifestación atípica, procedió a demonizar a todo el sector religioso/nacionalista. Que raro…

Por otra parte, los expertos en el medio oriente aprovecharon la oportunidad para recordarnos cuál es la raíz del conflicto. Básicamente, “el problema central en el conflicto palestino-israelí es que los radicales israelíes y palestinos se alimentan mutuamente”, dice un lector del NYTimes. Estas palabras están alineadas con las declaraciones emitidas por la DAIA el 6 de octubre de este año, donde, entre otras cosas, el organismo sentenció que “ningún grupo, etnia o nacionalidad es inmune a la peste del fanatismo, la intolerancia y el odio”. (Demás esta decir que el único blanco de la DAIA fue el mismo grupo sionista demonizado por la izquierda israelí, y que para fundamentar sus declaraciones se basó en…)

¿Es cierto esto? ¿Es cierto que el problema central en el conflicto palestino-israelí es que los radicales israelíes y palestinos se alimentan mutuamente? No, el problema central en el conflicto palestino-israelí es que gran parte del mundo occidente sigue alimentando esta postura y, consecuentemente, promoviendo diagnósticos contraproducentes (por ej, que Israel ceda territorios) sin contemplar lo siguiente:

1)      Existe una diferencia sustancial entre los “israelíes radicales” y los palestinos radicales. A los primeros se los escucha en contadas ocasiones y, generalmente, solo se los escucha. A los palestinos radicales se los escucha todos los días y, además de escucharlos, los vimos y los vemos disparando misiles contra micros llenos de niños, tirando bombas contra bebes, apuñalando familias enteras y explotándose en pizzerías, cafeterías, discotecas o fiestas de cumpleaños para ganarse su pasaporte al paraíso. A diferencia de los “radicales israelíes”, los radicales palestinos no actúan de forma independiente, sino que están agrupados en varias organizaciones terroristas (Hamas, Jihad Islámica, Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, etc.), que están respaldadas por otros actores internacionales — como la República Islámica de Irán — para seguir matando judíos.

2)      Existe una diferencia sustancial entre los israelíes moderados y los “palestinos moderados”. Si entendemos como moderadas a aquellas personas que quieren paz y están dispuestas a negociarla, no existe algún líder israelí que no haya formado parte de este grupo. Por el contrario, ¿Quiénes son los líderes “palestinos moderados”? ¿Mahmoud Abbas? ¿Salam Fayyad? Ninguno reconoce a Israel como un Estado judío, ninguno rechaza los métodos terroristas y las aspiraciones genocidas del Hamas y ninguno quiere o puede admitir que el “retorno de los refugiados” solo es factible en su imaginación. En otras palabras, los líderes palestinos no quieren paz con el Estado judío.

3)      Los “radicales israelíes” son condenados por el conjunto de la población israelí y por todas las instituciones del Estado. Frente al último acto de vandalismo, el gobierno de Netanyahu organizó un encuentro urgente con los miembros del gabinete para abordar el problema, ONG sionistas como Im Tirzu se pronunciaron en contra de los extremistas y los rabinos de Judea y Samaria los condenaron con la misma fuerza (de la izquierda ni hablemos). Mientras tanto, los “radicales palestinos” son permanentemente celebrados por el conjunto de la población palestina. Tanto en Gaza como en Ramallah hay escuelas y plazas que llevan sus nombres. Los programas televisivos infantiles y los libros escolares los retratan como héroes y como un ejemplo a seguir.

Tener que estar recordando esto a esta altura de la historia es tedioso, pero aparentemente necesario. Hoy mismo, Fatah, el partido del “moderado” Abbas, prohibió que cualquier ONG Palestina inicie conversaciones informales con pacifistas y académicos israelíes, además de amenazar de muerte a los palestinos que propusieron esto (ver). Pero la noticia no llegó a las páginas del NYTimes.  Y si llegara a llegar, los lectores del NYTimes — como el experto en medio oriente de antes — empezarían a leer Haaretz.

¿ Y qué haría Haaretz sin los judíos extremistas?

Tendría que inventarlos para, con la ayuda de la DAIA, seguir haciendo una equivalencia moral entre una democracia vibrante que se muere (y casi se murió literalmente) por buscar la paz y un pueblo inventado para destruirla.

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4 comentarios

  1. 10 puntos! ya lo estoy difundiendo

    Nadie dijo que no es grave que un grupo de fanáticos anden por Judea y Samaria quemando mezquitas. Espero que sean capturados por el ejército o la policía. Además, cruzaron una línea roja al atacar a los mismos soldados que protejen a Israel. El presidente de Yesha (“los colonos”), junto con la inmensa mayoría de la sociedad israelí, los condenó sin tapujos. Pero cuando los palestinos degollan viva a una beba de cuatro meses mientras duerme en su cuna en Itamar, tiran misiles contra ciudades o se inmolan en autobuses repletos de niños, estos ataques vandálicos de una minoría israelí violenta contra propiedades palestinas o militares pierden su seriedad cuando hablamos de terrorismo de verdad. En otras palabras, me parece que se le ha dado una atención desproporcionada en los medios (no solo los de habla hispana, que suelen ser los más sospechosos por su antiisraelismo) y se ha incurrido en una banalización del terror. A diferencia de lo que piense un grupo ultraminoritario de transnochados arabistas como Yariv Oppenheimer o los “liberals” del New York Times (que creen saber todo pero no tienen ni puta idea de nada), resulta mucho más peligroso para la perpetuación del conflicto la actividad de grupos terroristas como Hezbollah, Hamás, Irán o algunas acciones de la Autoridad Palestina, antes que esta banda de hooligans hebreos que vandalizan paredes.

    Pero todo sea por la “necesidad” de equiparar al agresor con el agredido y decir en típica clave relativista cultural: “un poquito de culpa tiene uno y un poquito de culpa tiene el otro”… las pelotas! yo no me como eso!

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