Pensá dos veces: el “conflicto en medio oriente”

“El conflicto en medio oriente” — o el conflicto árabe-israelí, palestino-israelí, etc. — es una enunciación intrínsecamente errónea. El problema de fondo no es que haya un conflicto, ni existe una región geográfica que lo delimite. Pero estamos tan acostumbrados a escuchar distorsiones sobre los hechos vinculados al “conflicto en medio oriente” que las distorsiones contenidas en el propio término se nos pasan por alto. Y estamos tan ocupados refutando las primeras que difícilmente nos sobre el tiempo para abordar las segundas. En mi opinión, esta es una estrategia errada. Si queremos transmitir la verdad sobre el “conflicto en medio oriente”, lo primero que debemos hacer es invertir algo de tiempo para aclarar y justificar por qué este término no es el apropiado. Cuando logremos desempeñar esta tarea con éxito, la verdad llegará sola a destino.

La Real Academia Española define “conflicto” como un combate, lucha, pelea o enfrentamiento armado. Partiendo de esta definición,  es cierto que hay un conflicto entre israelíes y palestinos, pero éste no deja de ser un síntoma de los objetivos centrales y mutuamente excluyentes que conectan a estos dos grupos de personas: los israelíes quieren vivir en su tierra redimida; los palestinos quieren que los israelíes no vivan. Esto es tan evidente que ni siquiera la izquierda lunática está dispuesta a negarlo. Lo único que hacen los medios como The Guardian, The New York Times o Haaretz es decir que Israel o su gobierno democrático tienen la culpa de esta situación. Para estos expertos, Israel tiene que ceder territorios, dejar de construir viviendas en su capital, evitar “acciones provocativas” cuando se defiende y confiar en que, si hace todo esto, habrá paz.

Esta propuesta podría llegar a pasar un test de incredulidad si no fuera porque A) Cuando Israel la aplicó al pie de la letra (como cuando firmó los acuerdos de Oslo o se retiró unilateralmente de Gaza), los palestinos respondieron con piedras, misiles, cohetes y atentados terroristas, asesinando a miles de civiles. En otras palabras, cuando Israel cedió parte de su diminuto territorio creyendo que podía poner fin al “conflicto en medio oriente”, terminó intensificando el conflicto: hubo más combate, más lucha, más pelea y más enfrentamiento armado entre las partes. Y B) Todo lo que hacen los palestinos es dar muestras de que si Israel volviera a aplicarla, el resultado sería exactamente el mismo.

Pero para los cocineros de recetas pacifistas, la historia es irrelevante y los palestinos son invisibles. Esto quedó bien claro cuando Israel intercambió a Gilad Shalit por 1027 terroristas palestinos. A nadie debería sorprenderle que la izquierda israelí haya celebrado el acuerdo entre Hamas e Israel como si se tratara del gol de su equipo de fútbol. Cuando la historia es irrelevante, los resultados trágicos de previos acuerdos entre Israel y grupos terroristas también lo son. Y cuando no hay nada que los palestinos puedan hacer para disuadirlos de creer que, si no fuera por Israel, la paz estaría a la vuelta de la esquina, no hay nada de qué preocuparse si Israel libera a más de 1000 palestinos que tienen las manos manchadas de sangre judía. Hagan lo que hagan, los palestinos van a seguir siendo las víctimas invisibles de la izquierda, y la falta de paz va a seguir siendo culpa de Israel.

Aquellos que, por el contrario, creemos que la historia es algo relevante y que los palestinos — junto con su apoyo al Hamas, su Nakba, sus mártires, sus programas televisivos judeofóbicos, sus libros escolares judeofóbicos y sus respuestas a preguntas concretas — existen, deberíamos dejar de nombrar la palabra “conflicto”. Más que un conflicto, acá hay un impulso destructivo por borrar a Israel del mapa. Hace dos semanas, Ismail Haniyeh, el líder de Hamas, sentenció lo siguiente: “Decimos hoy explícitamente así no se entiende de otra forma: la resistencia armada y la lucha armada son el camino y la opción estratégica para liberar la tierra palestina, desde el Mar Mediterráneo hasta el Río Jordán, y expulsar a los invasores y a los usurpadores (Israel)… No vamos a sacrificar un milímetro de la tierra palestina”. Hamas ganó las últimas elecciones palestinas en el 2006, y no hay dudas de que ganaría las próximas. En otras palabras, nada cambió desde 1964, cuando la Liga Árabe creó la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) con el único objetivo de destruir el Estado de Israel mediante la “lucha armada”.

No obstante, cometeríamos un error grave si creyéramos que los palestinos son los únicos propulsores de esta guerra, y un muy grave error si creyéramos que Israel es su único blanco. Estos dos errores alimentan la idea de que este “conflicto” proviene del medio oriente. Estos dos errores permiten que, cuando musulmanes realizan ataques judeofóbicos en la diáspora (como el que ocurrió en Bélgica el 22/11/11), las autoridades pertinentes — particularmente los dirigentes de comunidades judías — respondan enfatizando que no quieren “importar el conflicto en medio oriente”.

La realidad, dolorosa como es, es que Bélgica — o Francia, Inglaterra, España, Noruega, Suecia, etc. –- no está importando nada, sino que está viviendo de cerca la misma agresión per se que Israel vive todos los días. El hecho de que la nena belga judía haya sido atacada por 5 musulmanas con insultos (le dijeron “judía sucia vete a tu país”) y el Estado judío sea atacado por grupos terroristas con misiles es una diferencia de escala. Creer que, de alguna forma, el primer ataque se origina en respuesta al segundo es engañarse a uno mismo. En ambos casos, la fuente de donde beben los agresores es el totalitarismo islámico, el movimiento político que quiere expandir su versión del Islam hacia todos los rincones del planeta. Y, en ambos casos, la víctima es el judío – ya sea como persona o como país.

Pero, como decíamos anteriormente, no es la única víctima. El terrorismo islámico, el arma preferida del totalitarismo islámico, no está delimitado por fronteras ni discrimina entre judíos, cristianos, musulmanes o budistas. En el 2011 se produjeron 1974 ataques jihadistas que asesinaron a 9015 personas y dañaron a otras 16917 ¿Todos se dirigieron contra Israel o contra judíos? No, sino que involucraron a 57 países y a 5 religiones (fuente). La semana pasada, 30 cristianos nigerianos fueron asesinados por musulmanes fanáticos que quieren echar a la minoría cristiana del país. Esta imagen puede repetirse desde Marruecos hasta Afganistán (pasando por alto a Israel y, en menor medida, a Turquía). ¿Faltara mucho para que los líderes europeos digan que no quieren “importar la persecución de cristianos”? A este ritmo, no lo creo.

Que digan lo que quieran los líderes europeos, pero nosotros tenemos que decir las cosas como son: la guerra del totalitarismo islámico no es solo contra Israel y los judíos, sino contra toda la civilización occidental. Lo que algunos llaman el “conflicto en medio oriente” es una micro proyección de esta guerra. Es más, es una ilustración perfecta si lo observamos con la simpleza que se merece. Israel representa lo mejor del mundo occidental: esa mezcla de creatividad, innovación, desarrollo, democracia, respeto a las minorías, derechos humanos inalienables, imperio de la ley, etc.; mientras que los palestinos representan lo peor del mundo islámico: esa mezcla de envidia frenética, victimización permanente, tergiversación de la historia, adoctrinamiento infantil, intolerancia racial, sexual y religiosa, etc. Sí, es cierto que en Israel hay extremistas de todos los signos y que en los territorios palestinos hay gente que defiende los valores occidentales más nobles. Pero así como los primeros suelen ser rendir cuentas ante la ley, los segundos no tienen voz ni voto.

Acá no hay un “conflicto en medio oriente”, sino una guerra contra la civilización occidental impulsada por el totalitarismo islámico, donde los israelíes constituyen la primera linea defensiva de occidente y los palestinos encabezan el ataque del ejército islamita. Detrás de ellos, algunos eligen la victoria táctica imponiendo terror (como Al-qaeda) y otros eligen una estrategia más pasiva y largo-placista (como la Hermandad Musulmana). Algunos accedieron al poder a través de una revolución (como los Ayatollahs en Irán) y otros lo hicieron mediante la vía democrática (como el partido AKP en Turquía). Pero, a pesar de sus diferencias y desencuentros, todos persiguen el mismo objetivo: destruir la civilización occidental. Los palestinos son su carne de cañón. Israel es su primer obstáculo.

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4 comentarios

  1. Brillante!! Se puede decir más fuerte, pero no más claro.

  2. Excelente artículo. Lo acabo de difundir. Por supuesto que ese llamado “conflicto en Medio Oriente” tampoco se limita a palestinos e israelíes. Primero porque hay otros pueblos enfrentados en la región en conflictos con mayor intensidad y cantidad de muertos, que no tiene nada que ver con los palestinos ni los israelíes. Segundo porque Irán y el resto de las naciones árabes también quieren destruir al Estado judío, no se limita a los palestinos. A propósito, hablando de doble rasero, miren esta noticia sobre la construcción ilegal de colonos en Jerusalem.

    • Vi el post de Fabián, es espectacular. Seguro que el conflicto entre israelíes y palestinos es numéricamente insignificante comparado con los otros enfrentamientos que hay en el medio oriente o en otras partes del mundo. http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_ongoing_military_conflicts
      Esa página está muy buena,
      A modo de ejemplo, en México hubo más de 19.000 muertes provocadas por las guerras narco en el 2011. Eso es más que la cantidad de muertes provocadas por el conflicto palestino-israelí (el total es de 14.500). Eso te da la pauta lo que es la hipocresía de algunos medios.
      Igual, como expliqué en el post, me parece que este conflicto es relevante si lo entendemos como una ilustración de la guerra del totalitarismo islámico contra occidente.

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