Sobre los crímenes del comunismo contra el pueblo judío

Aclaremos de antemano lo siguiente: si no fuera por el Ejército Rojo, aún más millones de judíos hubieran perecido bajo las garras del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y la Shoá. Pese a que a mi abuela materna nunca le gustó el comunismo, recuerda con nostalgia cuando en septiembre de 1939, a sus nueve años, la ciudad de Rovno fue repentinamente “invadida” por miles de camiones cargados con jóvenes soldados soviéticos que, al canto de “Katiusha”, llegaban con sonrisas, flores y panfletos en Yiddish a encontrarse con la población judía. Sí, fue la invasión de un país soberano, pero muchos residentes judíos no sintieron que se encontraban en una batalla ni la conquista de su territorio. Por el contrario, la inmensa mayoría sentía alivio, ya que vivir bajo el dominio de la Unión Soviética seguramente sería mejor que la persecución, discriminación, exclusión y maltrato que experimentaban en Polonia desde antaño. De hecho, mi abuela suele decir que los rusos comunes y corrientes eran un pueblo decente y cariñoso (al menos los que ella conoció), sin odio, gracias al cual pudo escaparse con su padre y hermano, gente a la que no le interesaba quién era o no judío, que trataba a todos por igual. Y durante el período que duró la guerra, esto fue cierto en líneas generales. Además, por más millones de muertos que dejaron las matanzas estalinistas, el Holocausto fue un hecho único e irrepetible, no existió en la historia un genocidio sistemático de esa envergadura para exterminar a un pueblo entero, ninguna otra limpieza étnica o persecución antisemita se compara con lo que representó Hitler. Y la Unión Soviética era uno de sus principales enemigos, país por el que el hermano de mi abuela luchó valientemente durante los oscuros días de la Gran Guerra Patriótica.

 

Aclarado ese punto, es necesario conocer un hecho histórico irrefutable: Stalin era un acérrimo antisemita. Por las fuentes históricas sabemos muy bien que ese dictador sanguinario tenía un odio casi patológico por los judíos y el Judaísmo, amén de un desprecio absoluto por la vida humana. He leído el testimonio de sus víctimas profundamente sacudido. Con incredulidad las sigo por el universo maldito donde reina el cinismo. Todo en el Gulag está desfigurado y sucio. Los líderes y Dios se muestran allí sin grandeza. Los edificadores de la revolución, los profetas de la esperanza cuya ley debió haber sacudido la historia, son allí meros títeres. Los verdugos son andrajosos, haraganes, mezquinos. Prisioneros de sus propios temores, piensan solo en salvar sus pellejos. ¿Honor? Solo una palabra. ¿Ideales? Una broma. Los grandes revolucionarios, rastreros como perros, estaban dispuestos a traicionar – a otros y a sí mismos – no para cambiar o liberar al hombre, sino tan solo para ganarse el favor del tirano.

 

La población de los campos es una muestra representativa de toda la humanidad: intelectuales y obreros, oficiales del ejército y estudiantes, idealistas y jóvenes militantes, incluso niños. Los encontramos en todos los “campos de rehabilitación por el trabajo”. Permanecen allí, se pudren en un agujero durante años y años, durante generaciones enteras. A menudo sin razón alguna. Están muriéndose, agonizando lentamente simplemente por accidente. Para satisfacer cierto capricho de cierto funcionario de la policía secreta al que no le cayeron bien tus opiniones sobre economía o política, o decidió que tu vivienda le venía bien a él, o que deseaba a tu esposa o novia. El tiene todo el poder. Es el amo de la vida y la muerte. Una palabra descuidada o mal elegida, una amistad inconveniente es suficiente para verse arrancado de la familia, de la vida. Te arrestan, te encuentran culpable, te torturan salvajemente, quiebran, condenan, deportan, reducen al nivel de una resaca social al más prestigioso y respetado de los hombres.

 

Los testimonios de las víctimas del Gulag muestran las actividades de la pérfida policía que Stalin manipulaba para satisfacer sus caprichos temporales y contradictorios. Juicios espectaculares, interrogatorios secretos, condenas, suicidios, asesinatos… pocos individuos fueron capaces de resistir este mecanismo deshumanizante. Con esos testimonios es factible llorar de indignación.

 

Uno de ellos me impresionó de forma especial. En esos testimonios se confirman los rumores de que, poco antes de su muerte, Stalin había decidido deportar a todos los judíos a Siberia (¿tal vez como represalia porque el recientemente creado Israel se negó a arrodillarse a sus pies o simplemente como pretexto para perpetrar una nueva purga al interior del régimen?). Un poco antes de morir, en 1953, Josef Stalin acusó a nueve doctores, seis de ellos judíos, de complotarse para envenenar a toda la cúpula soviética. Los inocentes doctores fueron arrestados, torturados y forzados a firmar confesiones. Por suerte Stalin murió días antes de que el juicio comenzara. Un mes después, el diario Pravda anunció que los doctores eran inocentes y se descubrió que Stalin pensaba usar este juicio para iniciar pogroms anti-judíos por toda Rusia. Este libelo antisemita es conocido como el “complot de los doctores“.

 

Pero todo es mucho más macabro, planificado y masivo de lo que se piensa. El dictador comunista había preparado una horcadura pública para los “médicos judíos traidores” en la Plaza Roja, que debía ser continuada por pogroms en los cuales participaría el “populacho enardecido”. Después los judíos serían deportados con el fin de “asegurarles debida protección”…

 

La persecución de su régimen contra rabinos, talmudistas, estudiosos y maestros de las yeshivot era particularmente brutal. Las medidas adoptadas contra las sinagogas y los movimientos juveniles judíos (tanto sionistas como no-sionistas) regía la orden del día. Los tormentos, desapariciones forzadas y resistencia heroica del creyente judío son desgarradores. Aberrantes son sus crímenes contra la cultura judía y sus portavoces, contra los artistas judíos encarcelados. Particularmente crueles son las ejecuciones en los sótanos del NKVD. Ejemplos de mártires como Mikhoels, Bergelson, Der Nister o Markish sobran. Por supuesto que en muchos aspectos el sufrimiento palidece en comparación con el Holocausto (el asesinato de un millón y medio de niños por ser judíos es algo que difícilmente se pueda superar), pero es necesario conocer estos crímenes del comunismo contra el pueblo judío y la humanidad, para que las víctimas no mueran dos veces.

 

Algunos comunistas podrán argumentar que ahora son distintos, que el troskismo deplora las atrocidades estalinistas. Pero… ¿Es realmente así? Por supuesto no dudo de la buena fe de la verdadera izquierda progresista que defiende valores nobles de justicia social, sino me refiero precisamente a la izquierda que demoniza a Israel. Porque recordemos que, estos últimos, suelen ser los mismos troskistas/no-stalinistas que cacarearon y lanzaron el grito en el cielo por los bombardeos de la OTAN contra bases militares en Libia, pero callan criminalmente cuando Assad deliberadamente bombardea civiles en Homs. Es la misma izquierda canalla, lunática y nazibolchevique, incluyendo al embajador plenipotenciario del enano iraní en Latinoamérica (el payaso bolivariano que apoya toda causa humanamente deplorable), toda esa lacra izquierdista caradura, resentida e hipócrita, la que se atreve a hablar de “justicia” y “derechos humanos” (de la gente que les conviene) mientras defiende dictaduras, se junta con lo más retrógrado sobre la faz de la tierra, apoya a Gaddafi, llora la muerte de Bin Laden, le importa un rábano los campos de concentración comunistas en Corea del Norte (tal vez tan crueles como el Gulag soviético), se junta públicamente con Ahmadinejad y justifica a Stalin, Kim Jong-Il, Mao Zedong, Arafat, Pol Pot, Castro, Assad, el cruel terror contra gente indefensa, el asesinato de bebés y el asesinato literalmente de millones (bajo los pretextos más patéticos e infantiles). Es la misma izquierda que, a pesar de su supuesto desprecio por el nazismo, expresa abiertamente: “Israel es un estado fascista y asesino, se mire por donde se mire. Y la población que lo apoya, también lo es. Sinceramente, y mirando la historia reciente, he llegado a la conclusión de que Adolf Hitler fué un visionario, y debería haber acabado su trabajo. Hubieran muerto miles de judios inocentes…pero se hubieran salvado millones de palestinos inocentes“. Son sus amigos – los tiranos más loquitos y enfermitos, lo peor del planeta, los terroristas, misóginos, inmorales, fanáticos, islamofascistas, crueles, dictadores, déspotas y totalitarios – los que tendrán una muerte violenta y el mismo final trágico para su régimen como la Unión Soviética y la Alemania Nazi. Por el simple hecho de que van a contramano de la historia.

 

El Holocausto, las persecuciones stalinistas, la expulsión de España, la enemistad de dictaduras islamofascistas, las masacres de Khmelnytsky y su horda de cosacos, subraya un hecho curioso: donde sea que encontramos un gran mal en el mundo, invariablemente está dirigido hacia el pueblo judío, al menos empiezan por ahí. Los peores tiranos de la historia tienen un objetivo en común: destruir a los judíos. Stalin y Hitler en el siglo pasado son sólo los más recientes en la interminable exhibición de anti-judaísmo violento. De alguna manera, los enemigos de la libertad, de la paz, del amor, de la bondad, y de la moral también han sido los enemigos de los judíos. Un pueblo es juzgado no sólo por sus amigos sino también por sus enemigos. Aunque es extremadamente doloroso, los judíos cargan con la enemistad de los tiranos del mundo con orgullo y coraje. Porque esta enemistad sólo demuestra que el judío representa una escala de valores diferente en el universo, y constituye un desafío formidable para el dominio del mal. Atacar a los judíos es fácil, no tienen que gastar mucho para hacerles mala propaganda, hace dos mil años que la tienen. Pero Israel lo cambió todo y hay que defenderlo de todas las formas posibles, es la única manera que tienen para ser respetados hasta que pasen por lo menos los dos mil años en contra que tienen, cosa que nadie se atreva a menospreciarlos. Cualquier persona decente debería apoyar a Israel, por el simple hecho de que es la única nación que ha enfrentado – sola – todo el Mal junto a lo largo de la historia.

 

Las ideologías malvadas ocasionan daños catastróficos. Pero a la larga, el Bien triunfa. Cuanto antes derrotemos a los enemigos de la humanidad, menos sufrimiento inocente existirá, especialmente para el pueblo de Israel.

UPDATE:

A. nos trae un excelente artículo sobre la eterna decadencia de la izmierda antisionista/antisemita. Con razón siempre fracasan, porque no entienden nada. Los únicos pueblos que progresan son los que tienen autocrítica.

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6 comentarios

  1. Es muy difícil vivir normalmente si uno leyera todas las barbaridades que se hicieron a través de la historia contra seres que tenían un común denominador: estaban indefensos.

    Yo trato de no hacerlo porque no tengo mucho temple, pero sé de qué se trata. Y porque lo sé, no lo pienso en su totalidad, en mil años, ni en dos, ni en un pueblo o en el número impresionante de la ultima vez. Pienso en uno por uno, a lo largo de nuestra historia en común, eso encarna la palabra.

    Pero más pienso en el hoy, en este país, en cada uno de los que hoy están en riesgo, porque eso es lo que impulsa a la acción. El pasado debe ser conocido para entender este presente, pero no sirve si no nos moviliza a actuar para que no se repita.

    La maldad no tiene nombre pero se identifica cuando vemos quienes pueden ser sus víctimas. Te llorarían Israel, si cayeras, así de hipócrita es este mundo. Te celebraremos cuando prevalezcas.

  2. Soy una persona decente y, por decencia, apoyo la existencia de Israel ahí donde está ahora (y no en Uganda o la Patagonia o no sé dónde os querían llevar) y su derecho a acertar y a equivocarse como USA o como Grecia, como cualquier Estado.
    Me gusta mucho el artículo pero no veo claros dos puntos.
    Por un lado, pienso que es eurocentrista. “Los peores tiranos de la historia tienen un objetivo en común: destruir a los judíos”. Sí, porque te estás refiriendo a los peores tiranos europeos de la historia (Hitler, Stalin…); los peores tiranos con mayor poder técnico de matar y con mayor organización para planificar la aniquilación sistemática de un pueblo han sido europeos. Si hablamos de Mao o Pol Pot, ya no entran los judíos en el objetivo. Un post parecido pero elaborado por un opositor en Laos diría que “Los peores tiranos de la historia tienen un objetivo en común: destruir a los intelectuales”, y se olvidarían de los judíos, que no saben qué son (a lo sumo, algo exótico relacionado con el Arca de Noé o, peor, el Arca de Moisés, porque confundirían un episodio con otro…).
    Parece que cada bloque civilizacional, cada polo de poder, tiene sus “brujas” a las que culpar. En Europa, los que tenemos más a mano, los que han sido acusados con casi dos mil calumnias a lo largo de casi dos mil años, son los judíos. Ahora el mundo se ha globalizado; y en Indonesia, donde no saben qué es un judío, han probado buscar culpables entre los judíos, pero con poca suerte porque no encuentran judíos (han tenido más fortuna con los católicos de Tímor).
    El otro aspecto que no acabo de ver se refiere a la escala de valores en el Universo. “(…) esta enemistad sólo demuestra que el judío representa una escala de valores diferente en el universo (…)” ¿Crees realmente que tienes una escala de valores muy distinta de la mía? Te puedo asegurar que yo no tengo una escala de valores muy distinta de la de los judíos con los que comparto trabajo o estudios. Es más, estos judíos de “aquí” se parecen más a mí en su escala de valores que a un judío israelí en tres aspectos: a) al estar alejados de la amenaza, los ejércitos se perciben más como una fuente de problemas que de soluciones, y por tanto el belicismo se entiende como algo agresivo y potestativo, no defensivo y necesario, y por tanto no es un valor muy apreciado desde donde escribo; b) no se percibe tampoco la demografía como una amenaza, así que las tasas de nacimientos son más bajas que las israelíes; c) factor que se me escapa: hay menos veganos/vegetarianos/orgánicos/ecológicos aquí que allí.
    Por cierto, la probabilidad de que seamos el único planeta con vida inteligente en el Universo tiende a cero; estaría bien saber qué escalas de valores corren por ahí fuera…

  3. A, tenes razón en todo. Pero me parece necesario aclarar lo siguiente: No me refería a que el judío corresponde a una escala diferente de valores con respecto a gente decente y honrada como tu, sino precisamente en relación a las ideologías malvadas, en relación a sus enemigos. Saludos

    “Te llorarían Israel, si cayeras, así de hipócrita es este mundo.” jeje! tal cual Ana. Hay cristianos a quienes los judíos les gustan solamente en la cruz.

  4. Excelente el artículo, y también comparto los comentarios.
    “Te llorarían Israel, si cayeras, así de hipócrita es este mundo”
    Llorarían para no tener que dar explicaciones, como lloran a los 6 millones de judíos asesinados en el holocausto mientras nadie — a excepción de algunos nobles entre las naciones — movió un pelo para rescatarlos.

  5. Sobre el antisionismo/antisemitismo y la izquierda, acabo de leer una brillante entrevista a Moishe Postone en el blog de José Antonio en
    http://safed-tzfat.blogspot.com/

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