Pregunta al presidente iraní

Flores en el aire

Dedicado a mis padres y familiares asesinados en Kobrin (Polonia) en octubre de 1943

Los pueblos civilizados acostumbran a colocar ofrendas florales sobre las tumbas de sus desaparecidos, venerando los recuerdos de aquellos que les eran queridos en vida.

También se dejan flotar coronas de flores sobre el agua, cuando algún buque con pasajeros desaparece en las profundidades del mar o del río.

En tiempos bélicos, aviadores han dejado caer coronas de flores sobre el lugar donde algún compatriota, envuelto en llamas, cayó al ser alcanzado por los cañones enemigos. También quiero proceder en forma análoga.

Al cumplirse el décimo aniversario del aniquilamiento de todos mis familiares, quise ofrendarles el testimonio de mi veneración. Pero una incógnita me deja en la incertidumbre: ¿Dónde? ¿Dónde colocar esa ofrenda? ¿Dónde están las tumbas? ¿Dónde fueron enterrados mi padre, madre, hermana, cuñado, sobrinito, tíos, primos y todos aquellos que me han sido tan queridos y tan cercanos a mi corazón?

¿En el llano? ¿En el monte? ¿Fueron echados al río o fueron pastos de las llamas?

Decid vosotros buena gente, ¿no sabéis donde está la última morada de mis padres y de mis familiares? ¿No sabéis cómo se ha producido su fallecimiento? ¿O es que acaso no han tenido siquiera la dicha de ser sepultados como gente? ¿O fueron convertidos en ceniza como la mayoría del pueblo judío, arrastrados a los hornos crematorios?

La ceniza vuela por el mundo como almas en pena, llorando por sus vidas truncadas, por sus años no vividos, maldiciendo a los archi-asesinos nazis que con tanta fiereza los aniquilaron a todos. ¿Puede el cerebro humano concebir una matanza tan cruel, tan despiadada y tan cobarde? ¿Puede el ser racional convertirse en una fiera hambrienta y sedienta de sangre humana como han sido los nazis? ¿Puede el amigo lector imaginarse lo que significa perder en esta forma a toda una vasta familia? A todos, sin excepción, ancianos de edad otoñal, junto con hombres maduros, en pleno verano de su vida, acompañados con criaturas, que comienzan a dar los primeros pasos en la primavera de su existencia.

Todos fueron llevados al último camino sin retorno. Ninguno se ha salvado de ese trágico destino. No hay más a quien enviar saludos ni recibir de ellos noticias, como si uno hubiera nacido de una piedra. ¿Acaso soy realmente nacido de una piedra? ¿Acaso no tuve yo también padre, madre y otros familiares como todos? ¿Acaso soy como el hongo que brota de la nada?

Cuando sopla el viento y escucho un susurro, me parece oír voces humanas y llantos de criaturas inocentes.

¿No serán ELLOS que me hablan? ¿No serán SUS voces que claman justicia y venganza por la sangre vertida?

Hoy es el triste aniversario cuando esos seres humanos, llenos de vida y vigor, fueron convertidos en un santiamén en cenizas. A estas cenizas, que simbolizan a quienes han sido mis seres más queridos, desparramaré por el viento pétalos de flores, para que les acompañen y que les trasmita mi mensaje exteriorizado al impulso de mi corazón dolorido y decirles: “Que hasta tanto lata un solo corazón judío en el mundo, éste no perderá la esperanza de ver la llegada del día de la justicia y venganza: que los super-asesinos antisemitas pagarán con su sangre los crímenes cometidos; que los mares de sangre absorbidos por la tierra, retornarán para caer sobre sus propias cabezas; que, como torrentes de lava, las cenizas de millones y millones de víctimas arremeterán sobre los asesinos violadores y saqueadores”. Entonces no habrá más en el mundo entero esta incertidumbre: ¿DONDE?

Vayan mis palabras, conviértanse en pétalos y desparrámense por el mundo para cumplir la misión que les estoy encomendando.

1943 – Octubre – 1953

PEDRO LEW

Presidente Ahmadinejad: Si nada de eso ocurrió… ¿Usted podría decirme dónde visito los restos de mi bisabuelo y toda la familia Lew para rendirles homenaje?

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2 comentarios

  1. No puedo yo tampoco ofrecer flores. No sé dónde está mi abuelo. Posiblemente en una fosa común, cerca del Valle de los Caídos por Dios y por España.

    O quizás al lado de algún campo de concentración franquista. Si había algún enfermo mortal, lo dejaban fuera para que no se dijera que en los campos franquistas moría gente. Por eso digo “al lado de”. “Al lado de” está lleno de tísicos.

    Los de derechas, en España, no dejan ahora que se investigue dónde están los muertos. Sólo quieren investigar los de izquierdas. Los de derechas, descendientes de los falangistas que aplaudieron los seis millones de judíos muertos, no lo permiten. Son las derechas que ahora se acercan un poco a Israel en los medios periodísticos.

    Los de izquierdas, que no tienen el menor reparo en hacerse flotilleros, los que no están a favor de ETA pero sí a favor de HAMAS, los de izquierdas que confunden Gaza con Auschwitz; los que ponen un hotel de lujo en Gaza en cuya piscina lógicamente no pueden ir las mujeres, los de izquierdas que no dejan desfilar la carroza gay israelí en Madrid o Barcelona y que no saben que en Gaza morirían “por el sitio de su pecado”, como durante el medievo español, esos de izquierdas quieren que podamos poner flores donde corresponda.

    Así de jodido está todo.

    A.

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