El gobierno argentino quiere encajonar la causa AMIA

Detrás del reacercamiento entre Argentina e Irán

Escrito por Ana Jerozolimski

Nuestra política exterior

Las informaciones sobre el reciente encuentro entre el canciller argentino Héctor Timerman y su par iraní, Ali Akbar Salehi, y sobre el comunicado posterior que lo resumió, hablando de la decisión de mantener reuniones en el correr de este mes y de buscar conjuntamente un mecanismo especial «para hallar una solución» al tema de la AMIA, son realmente preocupantes.

Podemos limitarnos a la reacción visceral, o al menos emocional – que también tiene su lugar – recordando a las 85 víctimas de la explosión en la AMIA, hablar de impunidad. Recordar que entre los muertos hubos argentinos judíos y no judíos, y llorar por su memoria, por la que las autoridades argentinas, al actuar tal cual lo están haciendo ahora, parecen haber perdido el respeto.


Pero en realidad, hay algo que va mucho más allá de ello. Y cabe preguntarse ¿por qué? ¿Cuál es la razón de ese paso? ¿Qué está escondiendo Argentina? De Irán ni se habla, ya que vive escondiendo intenciones diabólicas, pero Argentina habla repetidamente de justicia; y cabe por lo menos preguntarse si acaso eso es realmente lo que la está guiando.


En el marco de la investigación del caso AMIA, que tuvo un giro dramático cuando el equipo fue puesto bajo la dirección del fiscal Alberto Nisman, se llegó a una conclusión clara, según él mismo nos dijo en una entrevista que nos concediera en marzo de este año, durante una visita a Jerusalén, en relación al primer atentado en Buenos Aires, el perpetrado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992.


Contrariamente a lo alegado en su momento, que el atentado había sido una venganza de la organización pro iraní Hezbolá contra Israel por el operativo en el que había asesinado a su secretario general, Abbás Musawí, antecesor de Hassan Nasrallah, Nisman afirmó que la razón por la cual se cometió ese ataque, fue un deseo de Irán de vengarse de Argentina por la suspensión de la colaboración nuclear que en su momento el presidente Carlos Menem había ordenado. El Dr. Ely Karmón, experto en terrorismo y en la inserción iraní y de Hezbolá en América Latina, lo reiteró categóricamente hace pocas semanas en un congreso del Instituto de Política Antiterrorista en el Centro Interdisciplinario de Herzlía.


En dicho congreso, en el mismo panel en el que disertó el mencionado especialista, hablaron entre otros dos personas que se dedican hace años a investigar precisamente el tema de Irán y Hezbolá en América Latina. Ambos llevan adelante un proyecto especial sobre el particular, en el marco del Centro de Investigaciones (think-tank) American Enterprise Institute en Washington.
El primero es el embajador Roger Noriega, quien hasta 2005 fue miembro del Departamento de Estado norteamericano, siendo su último cargo Asistente del Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, incluyendo América Latina. Noriega advirtió con tono de urgencia en una entrevista que nos concedió luego de su charla, que el continente latinoamericano debería comprender rápidamente que el precio de este avance iraní y de Hezbolá se medirá en víctimas latinoamericanas, cuando decidan volver a atacar.


El otro investigador, con quien tuvimos luego cuatro horas de entrevista separada, apasionante y sumamente preocupante, es Martín Rodil, nacido en Venezuela, que abandonó su país a los 24 años al comprender el rumbo que tomaría bajo la presidencia de Hugo Chávez.


Gran parte del material relevante para esta nota y muchas más sobre este tema, no puede ser revelado aún. Pero hay elementos que sí.


Uno de ellos, según nos dijo Martin Rodil, es un documento firmado por el presidente Chávez, conocido como «punto de cuenta», o sea la ejecución de una orden presidencial, que data de 2010, en la cual se hace referencia al proyecto de «200 fábricas socialistas». Se trataría de un proyecto supuestamente de elaboración de alimentos para el que Venezuela tomó dos socios: Argentina e Irán; aunque Irán no tiene experiencia alguna en la materia.


Pues en el punto de cuenta en cuestión aparece una transferencia de dinero de Irán a Venezuela y de Venezuela a Argentina, de aproximadamente 250 millones de dólares. La entrada de ese dinero a Argentina no quedó registrada en el Banco Central. No se sabe por qué vía llegó.


El punto de cuenta dice que el dinero es por unas fábricas, pero las fábricas no existen. Ello, dicho sea de paso, está especificado en el propio documento, donde figura que las fábricas no se construyeron. Pero el dinero, las transacciones, sí pasaron. ¿Por qué? ¿A cambio de qué?


El acercamiento comercial entre Irán y Argentina es notorio en los últimos años. Se ha reestablecido la venta de soja y otros alimentos argentinos a Irán; algo que hace unos años no existía.


¿Pero eso es todo?

«El hecho que Venezuela, Argentina e Irán tengan una relación tan estrecha es suficientemente preocupante como para pensar que esa relación tripartita sirva como un canal de transferencia de tecnología o de reactivar la cooperación nuclear, no directamente, sino a través de un tercero», dice Martín Rodil, investigador del American Enterprise Institute en Washington, dedicado hace años a estudiar la inserción iraní en el continente latinoamericano.


Está el punto de cuenta, están los pagos millonarios… y están las interrogantes.


«Básicamente, Venezuela paga a Argentina en un mismo programa donde Irán tiene participación, pero no le paga nada a Irán aunque supuestamente está construyendo las 200 fábricas», aclara Rodil. «La pregunta es ¿por qué va un pago a Argentina? ¿qué está dando Argentina a cambio?»


Rodil agrega: «Existe un precedente de una colaboración nuclear entre Argentina e Irán que se cortó en el año 90-91 con Menem y no me sorprendería en absoluto que Irán ande buscando restablecer esa relación con Argentina ahora que ha encontrado allí oídos amigos; una presidenta que decidió abrirles las puertas de nuevo a quien ha matado a numerosos argentinos en dos atentados».


La memoria de las víctimas de la AMIA y del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, es ofendida al aceptar colaborar con los asesinos. Sería doblemente manchada si se comprobara que lo que hay por detrás, es la reanudación de la ayuda nuclear argentina a Irán, el único país del mundo que amenaza con destruir a otro, Israel, algo en lo que inevitablemente se piensa cuando Irán busca tener poderío atómico.


Para terminar y dejar todo más que claro, o sea de qué se trata cuando hablamos de Irán, volvamos al Fiscal Nisman, reproduciendo algunos párrafos de la ya citada entrevista.


«P: Dr. Nisman, la investigación que usted encabeza ha logrado pruebas contundentes sobre el rol de Irán en el atentado contra la AMIA; algo que no se había conseguido antes, pero no ha logrado concretar la detención de los responsables.


R: La investigación determinó y ya sabemos quién organizó, quién planificó, quién financió el atentado, cuál fue el motivo, cómo actuó el grupo local, etc, etc. Pero hay una gran realidad: los culpables no están presos, no hay justicia. Y los culpables no están presos porque hay un Estado absolutamente emparentado con el terrorismo, que comete actos de terrorismo – esto está escrito y probado -, que protege a los terroristas, los apaña, no los entrega, y además, provocativamente, les da a determinadas personas cargos con inmunidad diplomática para no entregarlos. En la AMIA lo hemos visto con gran claridad.


Es una obligación que se sepa todo esto en todos los ámbitos, porque hace a la actuación de un Estado que promueve el terrorismo. Y vamos a seguir reclamando ante todas las instancias internacionales. Es importante también que la comunidad internacional nos siga acompañando en nuestro hasta ahora lamentablemente infructuoso reclamo, porque las personas no están detenidas, para que sean juzgadas y condenadas.


Solamente cuando estas personas estén tras las rejas y condenadas, mi labor habrá terminado. Pero recién en ese momento y no antes, las víctimas van a poder descansar en paz».


Fuente: Semanario Hebreo de Uruguay

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