Lo que se puede aprender de Israel

Israel, ese «enano» emprendedor

Por Guillermo Sicardi

A Uruguay lo han calificado – con cierta razón – de «enano llorón». Creemos que por ser un «paisito», otros más grandes tienen que hacerse cargo de nosotros. Esta actitud a nivel internacional no refleja otra cosa que nuestra actitud a nivel local: el 75% de los uruguayos creen que sus problemas son «por culpa ajena».

Israel también es un enano, pero no llorón. Es ocho veces más pequeño que Uruguay (22.145 km2 vs. 176.215 km2). Pero la riqueza de las naciones no se mide en superficie ni en recursos naturales (que son las riquezas no creadas por el hombre), sino que se mide en capital intelectual y capacidad emprendedora (que sí son las riquezas creadas por el hombre). Mientras Uruguay padece de «enanismo mental» en estos rubros, Israel es un gigante.

Ellos son «pobres» en agua porque fundaron su país en un desierto y nosotros somos «ricos» al estar parados (de pura casualidad) arriba del Acuífero Guaraní. Sin embargo, ellos producen 2,3 millones de toneladas de hortalizas y nosotros apenas 690.000. Ellos usaron sus mentes para desarrollar los más modernos sistemas de riego, mientras nosotros usamos nuestras rodillas para rezar que llueva. Si los dioses no nos mandan unas monedas de lluvia, se las pedimos al dios BROU; ¡ese sí que ayuda siempre a «los uruguayos más necesitados»!

Israel vive en permanente guerra con sus vecinos. Cuando éstos se enojan, no arman un piquete con sillas playeras para bloquear un puente, sino que tiran cohetes Qassam y Grad, que portan 20 kgs de explosivos y tienen un alcance de más de 20 kms. Los israelíes saben defenderse a sí mismos de los misiles, pero nosotros tenemos que llamar al imperialismo yanqui para que nos proteja de un posible ataque con «sillas voladoras».

Israel emprende. Aun en estas circunstancias, Israel brinda seguridad física, jurídica y política a sus ciudadanos. La tasa de homicidios es de 1,87 cada 100.000 habitantes (de las más bajas del mundo) y en el Uruguay solidario y progresista es de 4,3 (más del doble). Israel figura en el lugar 36 del ranking Doing Business 2012 (que mide las mejores regulaciones para hacer negocios), cuando Uruguay se desliza de mitad de tabla para abajo en el puesto 87.

Israel educa. El Estado hebreo cuenta con ocho universidades de primer nivel, entre las que se destacan las especializadas en ingeniería, como el Tejnión en Haifa, la Universidad Ben Gurión en el Negev o el Instituto Weizmann de Ciencias en Rehovot, quienes trabajan en forma estrecha con el mundo empresarial. Bien diferente por cierto a la recién votada UTEC (Universidad Tecnológica del Interior). De cada 10.000 empleados, 140 son ingenieros, frente a los 70/10.000 de Estados Unidos o los 65/10.000 de Japón. Uruguay produce la menor cantidad de ingenieros de la región.

Israel innova. Es el «Silicon Valley» de Oriente Medio. Daniel Goldman, de Inmentor, nos cuenta que la producción israelí en TIC (Tecnologías de la Información) fue de 18,5 mil millones de dólares, equivalentes al 50% del PBI uruguayo. Son los inventores del Wi-Fi y del pen-drive (Disc on Key). Allí facilitaron la instalación de empresas como INTEL, IBM, Cisco, HP, Microsoft, Motorola o Google, que se nutren de buenos profesionales y buenos emprendedores. Las multinacionales son bienvenidas.

Israel arriesga. Ocupa el segundo puesto – después de Estados Unidos – en disponibilidad de capital de riesgo (VC), lo que permite a los emprendedores contar con el combustible necesario para convertir sus ideas en negocios y no aspirar a un empleo público (como lo hacen el 63% de los uruguayos). Nos dice Goldman: «Los israelíes no aceptan el imposible como realidad y aplauden el fracaso, ya que significa que al menos hubo un intento».

Israel es solidario (en serio). Tiene una cultura de apoyo mutuo realmente sensata y sincera. Entienden la solidaridad como lo que es: una «adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros» y no un simple dar limosnas o defender al inepto, como parecen entenderlo por estas latitudes. Así, la Escuela de Medicina Safed de la Universidad de Bar-Ilán, con sus programas «generadores de inclusión», la responsabilidad corporativa de empresas como Intel Kiriat Gat y generosas becas de estudio, no dejan a nadie sin su oportunidad.

Todo esto ha llevado a que Israel – o los israelíes – se destaquen por sus varios premios Nobel, sus científicos, sus patentes de invención, sus literatos, músicos, empresarios o artistas y, sobre todo, por sus ciudadanos, que han sabido mantener viva la democracia republicana dentro de un contexto tan adverso.

No es de extrañar que nuestros actuales gobernantes se distancien diplomáticamente de Israel, porque en realidad están distanciados de los valores que Israel representa.

Contra nuestras mejores tradiciones libertarias, nos estamos acercando a los fanáticos que quieren exterminar a Israel, no sólo como Estado sino como oasis de libertad, democracia, emprendedourismo y uso de la razón y así seguirse arrastrando por las desérticas arenas de la mística, la intolerancia, la ignorancia y la sinrazón.

Fuente: Israel en línea

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