Palestina: una obra histórica de 1695. Sorpresa! No existía población árabe ni mucho menos un “pueblo palestino”; Gaza era 50% judío y 50% cristiano

Uno tiende a pensar que el rejunte de jordanos, saudíes, egipcios, libaneses, sirios e incluso caucásicos que actualmente se denominan “palestinos” (nombre griego con el que fue rebautizada Judea por los invasores romanos luego de la derrota de la revuelta de Bar Kojba en el siglo II, en honor a los antiguos filisteos) empezó a poblar la Tierra de Israel en el siglo 7 durante la conquista islámica de Siria a manos del califato Rashidún (al menos eso creía yo y gran parte de los historiadores). Pues esta premisa resultó ser falsa. Y no, no haré referencia al conocido texto de Mark Twain, iré mucho más atrás en el tiempo. Porque la falsedad de esta premisa, se remonta al menos para fines del siglo XVII, según demuestra un documento del viajero Raphael Aouate, donde se evidencia la falta de población árabe o islámica allí (a excepción de unas pocas tribus beduinas al sur, que en realidad no se identifican como árabes). Una posible hipótesis sobre cuándo “Palestina” empezó a ser poblada por árabes puede ser la que sitúa la fecha a principios del siglo XX o como mucho finales del XIX, cuando la prosperidad del nuevo Yishuv sionista trajo oportunidades laborales para las poblaciones vecinas de otros países. En cualquier caso, el mito de que “la identidad palestina es la única real, concreta, genuina, escencial e iherentemente característica” (según proclama la carta fundacional de la OLP) es una farsa. He aquí el registro de 1695:

GetInlineHe aquí un artículo de Raphael Aouate que hemos publicado el 20 de mayo de 2009, sobre un libro “Viaje a Palestina”, escrito por Hadrian Reland sobre la población que conformaba el país.
En momentos en que está de moda cuestionar constantemente la legitimidad judía de Israel, el descubrimiento de esta obra histórica sobre este tema, escrito en el siglo XVII, ofrece nuevas perspectivas de la más alta importancia.
“Viaje a Palestina” es el título de la obra escrita en 1695 por Hadrian Reland, cartógrafo, geógrafo, filólogo y profesor de filosofía holandesa.
El subtitulo de la obra, escrito en latín se titula: “Monumentis Veteribus Illustrata”. Editada en 1714 en las Ediciones Brodelet, esta hermosa historia comienza de una manera casi anecdótica, dentro de una biblioteca de Budapest, que encierra antigüedades literarias, incluyendo una sección sobre el judaísmo: reliquias antiguas, manuscritos, probablemente sustraídos de antiguas sinagogas. Esta pieza puede consultarse hoy en día en la Universidad de Haifa y en Google.
El autor de la obra, uno de los primeros orientalistas, conocía el hebreo, el árabe y el griego (antiguo).
En 1695, Relandi (o Reland) es enviado en un viaje de estudios a Israel, la Palestina de entonces, con un propósito muy específico: identificar más de 2500 localidades (ciudades y pueblos) que aparecen en el texto del Tanaj (Biblia) o en la Mishná, con su nombre original.
En cada caso Reland menciona el nombre hebreo tal como aparece en el texto y el verso exacto al que se refiere. Reland también escribe su equivalente en latín y griego antiguo. Además de este trabajo lingüístico, el autor desarrolla principalmente un censo de la época para cada localidad visitada: en primer lugar, una consideración general afirma que la tierra de Israel de entonces, está prácticamente desierta, muy poco poblada.
La mayoría de sus habitantes se concentra en las ciudades de Jerusalén, Acre (Akko), Tzfat (Safed), Yafo, Tveria (Tiberiades) y Aza (Gaza).
Sobre todo, la observación hecha por el geógrafo es que encuentra una presencia dominante de los judíos en esa tierra, algunos cristianos y muy pocos musulmanes, la mayoría de los cuales eran beduinos.
Algunas notas tomadas de este fascinante estudio:
Ninguna localidad de entonces lleva nombre árabe o de fuente árabe.
La gran mayoría de sus ciudades y pueblos tiene un nombre hebreo, algunas en griego o latín.
Prácticamente ninguna ciudad que ahora tiene un nombre en árabe lo poseía en ese momento, ni Haifa, ni Yafo ni Nablus (Shehem), ni Gaza o Jenin.
No hay rastro en las investigaciones de Reland de fuentes históricas o filológicas establecidas con nombres árabes, más tardías, Ramallah, Al Halil (Hebrón) o Al-Quds (Jerusalén)
En 1696, Ramallah se llamaba “Beteïlé” (el nombre hebreo “Bet El”)
Hebrón se llama… Hebrón y Mearat Hamahpéla (Cueva de los Patriarcas): Al Halil, el nombre dado a Avraham Avinu en árabe.
La mayoría de las ciudades se compone de judíos, con la excepción de Nablus (Shehem), que contaba con 120 personas de una misma familia musulmana, los “Natashe”, así como 70 samaritanos.
En Nazaret, en Galilea, una ciudad enteramente cristiana: 700 cristianos.
En Jerusalén, más de 5000 habitantes, de los cuales la gran mayoría es judía, y algunos cristianos.
Reland evoca sólo unas pocas familias aisladas de beduinos musulmanes, que constan de trabajadores temporales estacionales, dedicados a la agricultura o a la construcción.
En Gaza, cerca de 550 personas, el 50% judíos y el 50% cristianos. Los judíos estaban principalmente especializados en la agricultura: uvas, aceitunas y trigo (Gush Katif). Los cristianos más comprometidos en el comercio y el transporte de diversos productos de la región
Tiberiades y Safed eran comunidades judías.
Sabemos sobre todo que la pesca en el lago Tiberiades constituía el principal trabajo de la época.
Una ciudad como Oum El Fahem por ejemplo era completamente cristianas: 10 familias.
Una de las conclusiones de esta investigación es la contradicción final e inaceptable dada por los argumentos árabes, a saber, la afirmación de la legitimidad palestina, o incluso de un “pueblo palestino”.

Esto se demuestra en el hecho de que un nombre en latín, el de “Palestina” fue adquirido por los árabes.

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Una respuesta

  1. Muy buen documento, verdaderamente revelador.

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