No es el momento de hacer concesiones

FIRMADO EN EL HIELO, NO ESCULPIDO EN LA PIEDRA

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ENTREVISTA A YORAM ETTINGER Y ALAN BAKER EN “ISRAEL TODAY”.

Medio Oriente está en llamas. La fachada de la Primavera Árabe hace tiempo que cayó y se ha hecho evidente que esta es simplemente otra ronda del tipo de agitación que hace largo tiempo ha definido a la región.

“No hemos tenido una Primavera Árabe, una Marcha hacia la Democracia o una Revolución de Facebook”, dijo a “Israel Today” el ex embajador israelí Yoram Ettinger. “Lo que hemos vivido es la típica, endémica violencia entre los países árabes de nuestra región”.

Alan Baker, un ex diplomático israelí que trabajó en los tratados de paz con Egipto, Jordania y los palestinos, coincidió: “Me río cuando oigo ‘primavera árabe’, porque creo que es un deseo por parte de los europeos. No hay tal cosa como una primavera árabe. Es un trágico invierno árabe”.

Ettinger dice que los líderes occidentales deben aprender las lecciones de los acontecimientos actuales: “Las revueltas en Túnez y en Egipto, la actual guerra tribal en Libia y la guerra civil en Siria, todas arrojan luz sobre la realidad de Medio Oriente, que en los pasados 1.400 años ha consistido en imprevisibilidad, intolerancia violenta, inestabilidad, falta de fiabilidad y fragmentación”.

Así que los cambios de régimen en toda la región no indican una transformación hacia la democracia. “Cualquier nuevo acuerdo en los países árabes se someterá a los principios superiores de Medio Oriente”, continuó Ettinger. “En otras palabras, cualquier arreglo, por definición, sería provisorio. Los acuerdos en Medio Oriente se firmaron sobre hielo no fueron tallados sobre piedra”.

Incluso el moderado y relativamente estable Reino Hachemita de Jordania no será inmune. “Jordania ya ha sido impactada por el aumento de la Hermandad Musulmana en Egipto, se verá afectada por la guerra civil en Siria y ha sentido los efectos de la fragmentación de Irak, que se está convirtiendo en un puesto de avanzada iraní”, dijo Ettinger. “El Reino Hachemita será barrido. La única pregunta es cuándo, no si”.

En medio de todo esto, Israel se ha convertido en una isla de estabilidad. Sin embargo, Israel sigue siendo señalado como la fuente de los problemas de la región y el que tiene que hacer concesiones para restaurar la calma.

“¿Cómo puede el Presidente Obama y los europeos venir y decir a los israelíes, ‘Oh, ignore todo lo que está sucediendo a su alrededor? ¡Ustedes tienen que demostrar más voluntad de compromiso con los palestinos!'”, preguntó un desconcertado Baker. “¿Por qué? Si el área entera se derrumba, ¿por qué tenemos que ponernos en una situación de mayor riesgo?”

Ettinger argumentó que es hora que la comunidad internacional termine y reduzca a cero la cuestión israelí-palestina. “Esos observadores ingenuos o los políticos que se refieren al conflicto árabe-israelí como el conflicto de Medio Oriente deben reevaluar porque nunca ha sido el principal conflicto”, señaló. “En los últimos dos años, ninguno de los eventos sísmicos desde el Atlántico hasta el Golfo Pérsico han tenido alguna relación con la cuestión palestina”.

Baker dice que Israel no puede firmar un acuerdo de paz seguro en este ambiente sin garantías sustanciales occidentales, pero aún así es un riesgo enorme. “Si después de 34 años del tratado de paz, que ha sido el elemento más estable de la paz árabe-israelí en el Medio Oriente, está siendo desestabilizado por los dirigentes egipcios, ¿qué esperanza tendría alguien de lograr acuerdos genuinos y duraderos con los sirios, libaneses o palestinos?” se preguntó.

Ettinger está de acuerdo: “Si los árabes han violado tan fácil y violentamente los acuerdos nacionales y regionales entre ellos, ¿alguien puede razonablemente esperar que manejen los acuerdos con el estado judío de una manera más pacífica?”.

Por lo tanto, la apuesta más segura para Israel es aferrarse a las conquistas vitales territoriales. “Por lógica, cuanto más impredecible, más alto debe ser el umbral de seguridad”, declaró Ettinger.

“En un umbral de seguridad más alto es que se sustenta la importancia de que Israel mantenga el control de las montañas de valor estratégico en Judea y Samaria (West Bank o Cisjordania).”

FUENTE: ETTINGER-SIGNED-11/03/13

Opinión de Jabotito:

Yo siempre dije que una retirada militar de la Ribera Occidental, sin acuerdos sólidos de seguridad, solo traerá una lluvia de misiles sobre la Universidad Hebrea de Jerusalén y el Aeropuerto Ben Gurión. Si Israel se va de allí; Hamás, Irán y los misiles vendrán en su lugar. Los resultados de una concesión territorial en un área tan grande como Judea y Samaria serán mucho peores que la desconexión de Gaza, porque 70% de la población israelí vive en la llanura costera a menos de 20 kilómetros de distancia de las áreas palestinas, al tiro perfecto de los cohetes menos sofisticados. La descripción de los expertos mencionados anteriormente confirma que ni siquiera con sólidos acuerdos de seguridad, una solución justa y el final del conflicto con los palestinos, se puede afirmar con certeza que habrá algún grado de paz o tranquilidad duradera.

Hasta un pacifista de ultraizquierda como Shlomó Ben Amí reconoce que los asentamientos no son el problema, además de que “el máximo de lo que los israelíes ofrecen, nunca se encuentra con lo mínimo que los palestinos pretenden”. Se requiere coraje para aceptar la realidad, pero la única seguridad que tendrán los israelíes viene de la mano del Tzahal, sus fuerzas de seguridad e inteligencia, así como la resistencia, ingenio y dureza de su estamento político, no de las concesiones ni una política entreguista hacia los palestinos, que ya demostró su fracaso en demasiadas ocasiones.

Con el debido respeto al Presidente de los Estados Unidos, yo no le creo a Obama cuando dice que su país brindará todo el “apoyo inquebrantable y real” en caso de que Israel esté dispuesto a asumir riesgos para tratar de buscar la paz. Durante la desconexión de Gaza decían lo mismo y el mundo no mostró mayor comprensión hacia Israel cada vez que tuvo que lanzar operaciones militares para detener la lluvia de cohetes desde ese territorio evacuado. La seguridad de los ciudadanos israelíes no debe ser hipotecada ni puesta en riesgo por deseo de los europeos, izquierdistas, la corrección política o la buena imagen de un mandatario de turno. Es muy fácil instar a otros a tomar decisiones riesgosas para quedar bien. Después de todo, el que sufrirá las consecuencias será únicamente Israel y su gente.

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Lo que Israel debería hacer con Turquía

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Para empezar, dejar de venderle armas. Después comenzar a financiar las actividades armadas del PKK que lucha por la libertad del Kurdistán, denunciar activamente ante todos los países y en todos los foros internacionales la ocupación ilegal turca del norte de Chipre (mandar flotillas tal vez?), afianzar los lazos políticos y militares con Grecia, pero lo más importante de todo, construir un museo/monumento gigante al lado de la embajada turca en Israel para conmemorar el genocidio armenio… un millón y medio de hombres, mujeres y niños asesinados cruelmente por la Turquía genocida, imperialista, negacionista y nunca-jamás-europea. ¿Esa nación con un historial patético en derechos humanos y libertades civiles, con un gobierno islamofascista y un patotero de cuarta a la cabeza, quiere dar lecciones de moral y derecho internacional a Israel? Hasta la Corte Suprema israelí (no precisamente un nido de derechistas) declaró que los soldados israelíes actuaron en defensa propia durante el abordaje de la flotilla pro-Hamás en 2010, luego de haber bajado con pistolas de paintball ante una turba de turcos islamistas dispuestos a lincharlos. Lo que hicieron esos pacifistas de cuchillo en ese entonces para romper el bloqueo de armas sobre Hamás (bloqueo legal hasta para la Comisión Palmer de la ONU), hubiera justificado incluso hundir el barco. Aparte las relaciones entre Turquía e Israel se degradaron ya en 2009 por deseo exclusivo de Erdogan.

Pero bueno… la realpolitik determinó que a Israel le conviene en estos momentos reestablecer relaciones con Turquía, aún a costa de una disculpa “por los posibles errores operacionales que derivaron en muertos y heridos”. En lo personal, me fastidia mucho que Israel tenga que disculparse cuando actuó correctamente y encima ante semejante gobierno de semejante país. Los israelíes no pueden ser rehenes o meros peones de un tiranuelo musulmán cada vez que un mandatario otomano los quiera patotear o intimidar para ganar popularidad en la calle árabe. No obstante, a pesar de todo, entiendo que los diplomáticos israelíes no nacieron ayer y Netanyahu sabe muy bien lo que hace. Entre el orgullo y la estrategia geopolítica, preferible sacrificar lo primero. Pero que quede claro tres cosas:

  • La entrada de bienes y materiales a la Franja de Gaza dependerá –como siempre sucedió y quedó plasmado en las “disculpas” formales– de la calma que exista en la zona. Vale decir, Israel en ningún momento se comprometió a no responder al terrorismo que emana desde su vecindad. Si ellos no tiran cohetes, los bienes seguirán entrando y habrá calma. Si ellos abren fuego, Israel responderá como se le cante sin importar lo que opinen los turcos.
  • Si Erdogan quiere adentrarse en una nueva aventura marítima sobre Gaza, Israel actuará exactamente de la misma forma que hace tres años (o incluso con menor benevolencia) y a los flotilleros no los salvará ni el Capitán Sparrow. La seguridad de los ciudadanos israelíes y el honor de sus soldados no serán hipotecados ni vendidos por nada a nadie.
  • Que no haya dudas: Ninguna nación le hace un favor a Israel por reestablecer lazos con ese país. Más bien al revés.

Sobre Pesaj

El Seder de Obama

El Seder de Obama

Un mensaje de Pesaj para el presidente

por Rav Benjamín Blech

Mientras los judíos de todo el mundo se ocupan de los preparativos finales para Pesaj, el presidente Barack Obama se prepara para su éxodo a Israel.

Seguro, nadie puede pasar por alto el destacable significado simbólico de que el Presidente de los Estados Unidos haga su primera visita presidencial a la Tierra Santa en la víspera de la Festividad de la Libertad, conmemorando el nacimiento del pueblo judío.

En Pesaj comenzamos nuestra especial relación con Dios. En Pesaj Dios redimió a nuestros ancestros de la esclavitud en Egipto. Y en Pesaj, Él se comprometió a estar de nuestro lado para siempre, mientras buscamos cumplir nuestra misión de ser “una luz para las naciones”.

Obama estará en tierra por un total de 48 horas. Cada momento de su viaje está planeado minuto por minuto, para seguir un orden cuidadosamente preparado – y la palabra hebrea para orden es, por supuesto, ninguna otra que “Seder“.

El embajador israelí en los Estados Unidos, Michael B. Oren, no pudo resistir hacer la conexión con Pesaj. “Todo en la mesa del Seder,” dijo, “desde la pata de cordero hasta el perejil y el huevo está lleno de simbolismo; lo mismo ocurre con cada cosa del itinerario del presidente”. En pocas palabras, Obama estará observando un precipitadamente organizado Seder político.

Desafortunadamente, Obama no tendrá tiempo para realmente sentarse en un Seder de Pesaj verdadero, ni tampoco para ser inspirado por una lectura de la Hagadá. Pero no puedo dejar de pensar en el mensaje de este texto (la Hagadá) que nosotros quisiéramos que él reciba en su visita, para guiarlo en sus políticas en relación al estado de Israel.

El Arbusto No Se Consumía

La Hagadá es un libro extenso con muchas ideas diferentes. Los judíos pasan horas hablando sobre sus profundas enseñanzas. Pero hay un tema que se destaca como el concepto cardinal, y si yo pudiese tener al menos un breve momento con el líder del mundo libre, le pediría que escuchase estas poderosas palabras que leemos en voz alta al comienzo del Seder:

Porque no sólo uno se ha elevado en nuestra contra, sino que en cada generación se levantan en nuestra contra para aniquilarnos, pero el Santo, Bendito Sea, siempre nos salva de sus manos.

La historia judía es una larga historia de milagros, de supervivencia frente a posibilidades aparentemente muy remotas, gracias al amor y la protección Divina.

En el primerísimo encuentro entre Dios y Moisés, Dios apareció por medio de una imagen visual espectacular e inolvidable. Todos conocemos la historia. Moisés estaba haciendo pastar su rebaño en el desierto de Sinaí cuando, de repente, vio un arbusto en llamas. Pero, extrañamente, a pesar de que el arbusto estaba en llamas, no era consumido. Eso desafiaba las leyes de la naturaleza; el fuego siempre destruye. En ese mismísimo momento, mientras Moisés estaba parado perplejo por el milagro que tenía delante de sus ojos, Dios se reveló a Sí Mismo y proclamó: “Yo soy el Dios de tus padres”.

¿No podía Dios hacer otro milagro, uno aún más espectacular, más convincente, más indicativo de Su control sobre todo el mundo, que tan sólo un arbusto en el desierto que estaba en llamas pero no era consumido?

El arbusto estaba en llamas pero no era consumido. De la misma forma el pueblo judío, en contra de todas las leyes de la historia, nunca perecerá.

La verdad es que Dios no estaba simplemente haciendo un milagro; Él estaba enviando un mensaje. Dios sabía lo que estaba en la mente de Moisés. Desde el momento en que huyó de Egipto y vio a sus hermanos sufriendo la brutal opresión de Paró, Moisés se preocupó y se preguntó: ¿Sigue mi pueblo con vida? Por eso, lo primero que Dios hizo fue tranquilizar a Moisés – pero no sólo para esta vez, sino también para todo el futuro. El arbusto fue un símbolo del pueblo judío. El arbusto estaba en llamas pero, en contra de todas las leyes de la naturaleza, no era consumido. De la misma forma el pueblo judío, en contra de todas las leyes de la historia, nunca perecerá.

Cuando Arnold Toynbee completó su clásico análisis de 10 tomos sobre el ascenso y la caída de las civilizaciones humanas, El Estudio de la Historia, él estaba confundido por una aparente refutación de sus reglas universales gobernando el inexorable declive de todo pueblo sobre la tierra. Sólo los judíos sobrevivieron, desafiando el análisis cuidadosamente razonado de Toynbee. Entonces, Toynbee declaró a los judíos nada más que un “remanente residual”, un pueblo destinado a expirar en poco tiempo.

Pero de alguna manera, a pesar de todos los intentos brutales de destruir a los hijos de Israel, los judíos han demostrado el continuo milagro del arbusto ardiente.

La historia judía desafía la lógica. La supervivencia judía no es nada menos que un milagro. Pero es un milagro predicho hace mucho tiempo por Dios, y es un milagro que Dios le aseguró a Moisés que nunca cesaría de repetirse hasta el final de los tiempos.

Se cuenta que Luis XIV, una vez le preguntó a su brillante filósofo, Blaise Pascal: “¿Crees en los milagros?”. Pascal le respondió que sí. “Si es así,” le preguntó el rey “dime un milagro”. “Los judíos”, respondió Pascal, “la supervivencia de los judíos. Ese es un milagro inexplicable”.

Leo Nikolayevich Tolstoy, a pesar de ser un cristiano ortodoxo más conocido por su libro La Guerra y La Paz, entendió esto cuando escribió:

Un judío es el emblema de la eternidad. Es a quien ni la matanza ni la tortura de miles de años pudieron destruir, es a quien ni el fuego, ni la espada ni la Inquisición pudieron eliminar de la faz de la tierra, es quien fue el primero en producir los oráculos de Dios, es quien ha sido por tanto tiempo el guardián de la profecía y se la ha transmitido al resto del mundo, él y tal nación no pueden ser destruidos. El judío es eterno, así como la mismísima eternidad.

Entender la historia y aprender de ella es reconocer el poderoso lazo entre Dios y los hijos de Israel; es reconocer que a pesar de todos los que “en toda generación se levantaron en nuestra contra para aniquilarnos”, Dios siempre ha cumplido y siempre cumplirá la promesa de Pesaj implícita en los Diez Mandamientos: “Soy el Eterno, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, la casa de la esclavitud” – y continuaré redimiéndote y protegiéndote hasta el final de los días.

Y una cosa más que el Presidente de los Estados Unidos necesita saber. Es un versículo de la Biblia, que se encuentra en el libro de Génesis. Es parte de una promesa más larga que Dios le hizo a Abraham, el primero de nuestros patriarcas:

Y bendeciré a quienes te bendigan, y a quienes te maldigan maldeciré. Y a través de ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).

No ha habido una mayor verdad que ésta en la historia de la humanidad. Las naciones que han tratado bien a los judíos fueron, a cambio, inmensamente bendecidas. Quienes abusaron de los judíos se encontraron cayendo en la desgracia de la historia. Y en donde sea que los judíos han vivido, ellos han hecho contribuciones importantes en todas las áreas de la vida. Todo el que estudia la historia de su vagar durante los siglos sabe que, verdaderamente, a través de ellos todas las familias de la tierra fueron realmente bendecidas.

Los Estados Unidos de América han tratado a los judíos más benévolamente que cualquier otro país en la historia. No es coincidencia que los Estados Unidos también hayan sido más bendecidos por Dios que cualquier otro país en la historia.

Rezo para que el Presidente Obama sea lo suficientemente sabio para entender este gran mensaje del “Seder de la historia” y que sea guiado por él en sus esfuerzos de traer paz a un pueblo constantemente amenazado.

Fuente: Aish Latino

(Advertencia: Este video fue publicado en 2011, antes del giro reciente que dio Obama en su relación con Israel, por lo tanto no pretende ofender al mandatario estadounidense que ha probado ser un amigo sincero de Israel y el pueblo judío. Para mayor información escuche este impresionante discurso.)

Transmito los buenos deseos del Presidente Obama y el Papa Francisco para todo el pueblo judío con motivo del comienzo de Pesaj:

Francisco dijo: “Que el Todopoderoso, que liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto para guiarlos a la Tierra Prometida, continúe librándolos de todo mal y los acompañe con su bendición.” Luego de agradecer al Gran Rabino de Roma, Riccardo di Segni, por atender su misa inaugural la semana pasada con otros líderes religiosos, dijo “Me complace extenderle a usted y a toda la comunidad judía de Roma mi mejores deseos para el gran banquete de Pesaj. Les pido que recen por mí, mientras yo le aseguro que ustedes estarán en mis plegarias, confiando en que podamos profundizar los lazos de estima y mutuo respeto entre nosotros.”

El Rabino di Segni respondió en el sitio web de la comunidad judía de Roma, diciendo que apreciaba el mensaje y planeaba responder para desearle al Papa y los cristianos de Roma una feliz Pascua.

Por su parte, el Presidente estadounidense Barack Obama y su esposa Michelle enviaron sus “deseos más cálidos para todos aquellos celebrando Pesaj aquí en América, el Estado de Israel, y alrededor del mundo,” mientras su familia se preparaba para el quinto Seder celebrado en la Casa Blanca.

“Pesaj es una celebración de la libertad que nuestros ancestros soñaron, por la que lucharon, y finalmente consiguieron,” declaró Obama.

Durante su primer visita a Israel como Presidente, Obama recordó al mundo que “la responsabilidad no termina cuando llegamos a la tierra prometida, solo comienza.”

El Presidente norteamericano declaró que durante su viaje, tuvo la oportunidad de hablar con jóvenes israelíes que atestiguaron “cómo el sueño de verdadera libertad encontró su máxima expresión en aquellas palabras de esperanza del Hatikva: Ser un pueblo libre en nuestra tierra.” También dijo “Mientras mi familia y yo nos preparamos una vez más para tomar parte en esta antigua y poderosa tradición, espero que podamos sacar lo mejor de nosotros para hacer valer esta promesa en los días que tenemos por delante, hacer frente a los desafíos que vendrán y continuar el duro trabajo de reparar el mundo.” (Tikun olam)

Las partes hebreas de su discurso generaron gran entusiasmo en Israel durante su visita, mientras que en su declaración durante Pesaj, Obama buscó mantener ese apoyo, deseando “a todos aquellos celebrando Pesaj aquí en América, en el Estado de Israel, y alrededor del mundo” un Jag Sameaj.

Conclusión de Jabotito:

El éxodo de Egipto no fue solamente fuente de inspiración para el pueblo judío a lo largo de la historia. También fue motivo de inspiración para los primeros colonos europeos que llegaron a América, así como la lucha de Martin Luther King por la libertad y los derechos civiles.

La judeofobia embolsada

De judeofobia embolsada,
Chávez y ayatolás

Gustavo D. Perednik

El autor combina aquí su libro Matar sin que se note sobre el ataque iraní en Argentina, con su ensayo La judeofobia argentina y embolsada

Gustavo D. Perednik, La judeofobia argentina y embolsadaGustavo D. Perednik, Matar sin que se note

El 26 de julio de 1890 Buenos Aires fue escenario de la denominada Revolución del Parque, luego de un colapso económico sin precedentes. Aunque casi no había judíos en el país, una novela de aquella época les culpó de la crisis, e inauguró así la judeofobia nativa en Hispanoamérica.

Una década antes, los israelitas habían sido explícitamente invitados por el Gobierno argentino a radicarse en el país, por medio de un decreto presidencial (6-8-1881) en el que el presidente Julio A. Roca encomendaba al agente José María Bustos atraer a quienes huían de los pogromos en Rusia.

Aunque la iniciativa no dio frutos concretos hasta ocho años después, la propuesta de una inmigración importada generó una reacción hostil, incluida la de uno de los prohombres de la argentinidad, Domingo F. Sarmiento en un artículo en El Diario.

Con todo, el verdadero comienzo de la judeofobia hispanoamericana es literario. Y aunque su punto de partida fue en efecto la novela La Bolsa (1891), no lo fue por la novela propiamente dicha, sino por la glorificación de la misma en la pluma de notables intelectuales argentinos. Tan desmedida fue su exaltación de La Bolsa que ésta fue impuesta por décadas como lectura obligatoria en las escuelas.

Sobre el contexto histórico en el que la novela fue escrita agreguemos que, en menos de diez años, la expansión fronteriza argentina había triplicado su extensión territorial, ergo el país pasó a depender de la inmigración de Europa, y también de su economía.

En Buenos Aires, la galopante subida de precios y el ritmo incontenible de la deuda pública llevaron en mayo de 1889 a la clausura de la Bolsa de Comercio, y con ella a la estrepitosa ruina de numerosos inversores y agentes.

Dicho colapso fue un tema central para la novelística argentina de la última década del siglo XIX, que tuvo como epicentro geográfico al palacio de la Bolsa de Comercio. Una decena de novelas publicadas alrededor de 1890 son conocidas como el Ciclo de la Bolsa. Carentes de valor literario, se las aprecia por lo testimonial, especialmente la primera y más famosa: la mentada La Bolsa de Julián Martel (1867-1896). Apareció en formato de folletín en el prestigioso diario La Nación, al que se incorporó el poeta nicaragüense Rubén Darío, recién arribado a Buenos Aires e iniciador del modernismo literario. Darío y Martel, de veinticinco años de edad, trabaron amistad en dicho diario, a la sazón el de mayor circulación de Hispanoamérica.

La novela de Martel no menciona la susodicha revolución, ya que no trata de cuestiones políticas sino de la metamorfosis étnica argentina, que había transformado la gran aldea de Buenos Aires en una ciudad cosmopolita. En efecto, el pretencioso subtítulo de la novela es en efecto Estudio Social.

Julián Martel, seudónimo de José María Miró, descendía de la rama pobre de una familia aristocrática. Su alter ego es uno de los personajes de la novela, Ernesto Lillo, de quien su motivación para actuar como corredor de bolsa es la misma que la que movió a Martel para invertir (y perder) en la Bolsa su escaso dinero: mantener a su madre viuda. Vencido y bohemio, Martel terminó incorporándose voluntariamente al ejército.

Después de haber sido difundida en el diario, la novela de Martel fue publicada como libro en 1898; a esta primera edición siguieron muchas más. Teniendo en cuenta que hoy en día es poco conocida, vaya un párrafo que resuma su argumento.

El doctor Glow, exitoso abogado y padre de dos hijos pequeños, es seducido, como muchos otros en aquel año, por las operaciones bursátiles, que lo empujan a una red de fraudes, empresas imaginarias e inmoralidad. Cuando está por quebrar, su esposa Margarita propone esquivar a los acreedores poniendo el patrimonio a su nombre. El honor de Glow le impide concretar esa maniobra y, desesperado, arriesga la última suerte en el hipódromo. Ya en la ruina y enfermo, recibe una carta de su corredor de bolsa, Lillo, quien anuncia su partida al Brasil para rehacer su vida después de haberse fundido. Glow enloquece, y en su alucinación un monstruo se le acerca amenazante: la Bolsa.

En la novela abundan las digresiones intercaladas, en las que el autor moraliza, bien drectamente o bien por boca de sus personajes. Así caracterizó Sergio Bagú esos rodeos, en su ensayo Julián Martel y el realismo argentino (1956):

«moralismo declamatorio –e irreal– de los malos textos escolares… injerta largos pasajes en cualquier episodio, con el fin de que el lector se mantenga al corriente de la interpretación que el autor hace de los hechos que van transcurriendo y de sus alcances éticos o sociales.»

La Bolsa es una galería de inescrupulosos estafadores, usureros, y miserables. Los protagonistas (el doctor Glow y su comisionista Ernesto Lillo) se ven en la obligación de navegar entre esa turba.

Los defectos de la novela saltan a la vista: narración despareja, inmadurez literaria, e inhabilidad para hacer hablar a los personajes desde su propia mente. A pesar de ellos, La Bolsa ha sido comparada con las obras de Emile Zola y Honoré de Balzac.

Con el primero, posiblemente porque aparece en la misma época que L’argent, mediante la cual Zola fustiga el sistema financiero; con Balzac, porque en La comedia humana frecuentemente el motor de la acción es el oro.

Sin embargo, los mejores críticos denunciaron claramente la baja calidad de la obra. Uno de sus vicios es la súbita mutación a la que Martel somete a sus personajes: de ser un especulador irresponsable, Glow pasa de ser una desdichada víctima. Sus victimarios son explícitamente mencionados por Martel, que ha copiado párrafos del francés Edouard-Adolphe Drumont: «la raza semita, arrastrándose siempre como culebra». Por lo antedicho, la conclusión de Bagú es que La Bolsa

«no puede incluirse entre las obras de la gran literatura realista argentina del siglo XIX. No creemos que deba utilizarse en los establecimientos de enseñanza sin una crítica adecuada, porque lo contrario sería estimular el mal gusto literario y alimentar el prejuicio y el rencor entre grupos nacionales y religiosos de nuestro país. Creemos sí que este injerto racista que aparece en sus páginas, sin parangón en la producción de su época, sin arraigo ni explicación en la vida argentina de entonces, es suficiente para negarle todo carácter representativo dentro de la literatura nacional.»

A pesar de estas fundadas reservas, muchas voces opinaron lo contrario, en una muestra de lo que venimos a denominar la «judeofobia embolsada».

Odio por interpósita persona

En esa época, un tercio de los cuatro millones de habitantes de Argentina eran extranjeros, a quienes Martel descalifica como «parásitos de nuestra riqueza». De ellos derviva el mal:

«El oro es corruptor. Allí donde el dinero abunda, rara vez el patriotismo existe. El cosmopolitismo, que tan grandes proporciones va tomando entre nosotros… nos trae, junto con el engrandecimiento material, el indiferentismo político, porque el extranjero que viene a nuestra tierra, naturalícese o no, maldito lo que le importa que estemos bien o mal gobernados.»

Los judíos destacan entre los enemigos de Martel ya que, según él, constituyen una caterva que trama apoderarse del país y destruir su sentido. Como en la novela no hay protagonistas judíos (en su breve vida Martel no conoció jamás a ninguno de carne y hueso), la diatriba es global, dirigida contra un estereotipo imaginado que el autor importó de páginas judeofóbicas francesas. Desde el primer capítulo

«se observaba esa expresión de hipócrita humildad que la costumbre de un largo servilismo ha hecho como el sello típico de la raza judía… Vestía con el lujo charro del judío, el cual nunca puede llegar a adquirir la distinción que caracteriza al hombre de la raza aria, su antagonista. Llamábase Filiberto Mackser… Iba acompañado de un joven, compatriota y correligionario suyo, que ejercía el comercio de mujeres… Era además, presidente de un club de traficantes de carne humana… auel semita era un enviado de Rothschild, el banquero inglés, que lo había mandado a Buenos Aires para que operase en el oro y ejerciese presión sobre la plaza… Mackser tenía la consigna de acaparar, de monopolizar, con ayuda de un fuerte sindicato judío, a cuyo frente estaba él, las principales fuentes productoras del país.»

A partir de esa escena, no hay más mención de los israelitas hasta la segunda parte del libro, en la que el quinto capítulo se titula Jacob Leony, el judío y algunos tipos más: «no hizo sino seguir la costumbre judía, que consiste en acaparar la riqueza por todos los medios, siendo el matrimonio uno de los principales y más explotados».

Nuevo mutismo de hebreos hasta que el autor vuelve a traerlos para el desquicio final en la discusión entre Glow y Granulillo. Éste, en otra de las transfiguraciones a las que Martel somete en sus personajes, pasa de ser un sujeto ruin a un versado apologista de los judíos.

Deliberadamente, el más inmoral de los personajes se despacha contra «el odio de raza, ese odio inveterado, cruel, sin motivo…» y dictamina: «No reconozco esa diferencia quese pretende establecer entre unos pueblos y otros».

La débil defensa no puede despertar la identificación del lector, sobre todo porque contrasta con los párrafos de odio del bueno del doctor Glow –citas literales de Drumont– que ofrecen pruebas de

«que la sociedad francesa está sometida al yugo judío. La América, y especialmente la República Argentina, está amenazada del mismo peligro… ¿Por qué no trabaja el judío?… Vampiro de la sociedad moderna, su oficio es chuparle la sangre. El es quien fomenta la especulación, quien aprovecha el fruto del trabajo de los demás… Banquero, prestamista, especulador, nunca ha sobresalido en las letras, en las ciencias, en las artes, porque carece de la nobleza de alma necesaria, porque le falta el ideal generoso que alienta al poeta, al artista, al sabio… es necesario creer en la predisposición hereditaria. La ciencia moderna ha hecho profundas investigaciones al respecto, acreditadas por numerosos ejemplos que no dejan lugar a dudas.»

Lo que no deja lugar a dudas es mensaje de la novela: la ponzoña judeofóbica, tristemente novedosa en la Argentina, importada del clima que precedió al affaire Dreyfus en Francia (de 1894 a 1899).

Como dijimos, hubo intelectuales argentinos que saltearon los vicios del texto y lo encumbraron. La «judeofobia embolsada» es la ofensiva consistente en ensalzar desproporcionadamente a quienes atacan al judío.

Una larga apología de Heidegger que no mencione sus servicios al nazismo, o la difusión de la música de Wagner, de la poesía de Ezra Pound o de la narrativa de Céline sin agregar, en alguna etapa del panegírico, las reservas correspondientes, tiene el efecto de la judeofobia embolsada.

Igual que la que ocurre en estos días en Latinoamérica con los loores hiperbólicos a Hugo Chávez que omiten cuidadosamente que fue un judeófobo consumado.

Poner de relieve las virtudes de grandes judeófobos soslayando su tara, lleva a los incautos a heredar el aprecio puro. La consecuencia inevitable es que en algún momento emergerá la judeofobia vulgar y reconocible.

En el caso de La Bolsa, el escritor que oficializó su apología fue Ricardo Rojas (1882-1957), quien en su monumental Historia de la literatura argentina en ocho volúmenes (c. 1920), elogia a la novela de Martel como «una creación típica argentina, señalando las causas donde realmente estaban… Merece una lectura más asidua y la inscripción de su nombre al frente de una escuela».

No es de extrañar que la tradición laudatoria hacia la novela tuviera como consecuencia que alguno de los empalagados por tanto elogio considerara que también la judeofobia merecía justificación.

Así ocurre, en efecto, en la edición de la novela de 1975, con resúmenes históricos y notas explicativas de Luis R. Lescano, quien opina de este modo:

«Denuncia honesta. Testimonio certero… No creemos que el autor fuera antisemita. Sus observaciones sagaces, los análisis de las subas-bajas, las especulaciones más descaradas…, la suciedad de la mayoría de las operaciones bursátiles, en fin, todo el movimiento advertido, estudiado, comentado, debió brindarle la seguridad de que eran consecuencia de la actuación de un grupo humano determinado. Miró tuvo la valentía de identificarlo.»

En suma, para Lescano los judíos son merecedores del odio, porque «Nadie puede negar la inconducta moral, la apetencia de revancha de los israelitas». Reitero que este «estudio» no es medieval, sino de 1975.

Los críticos anteriores soslayaron el odio y no lo condenaron. Por eso Lescano pudo exaltarlo y sumarse a él.

Como otras expresiones de la judeofobia, su embolsamiento en el presente se ha nacionalizado, y ha adoptado a Irán como objeto de perdón. Aunque el Gobierno de los ayatolás hace gala de una judeofobia desembozada, casi no hay Gobierno que rechace de plano a los ayatolás por su odio, su negacionismo, y su meta explícita de eliminar a Israel.

No ocurrió tampoco el año pasado las representaciones de ciento veinte países se congregaron en Teherán (26-8-12) para el congreso de los No-Alineados. Eligieron al Gobierno iraní para presidir la organización, y no objetaron su virulencia en ningún momento.

Que Argentina, una de las víctimas más notables del terrorismo iraní, se haya sumado a dicha hipocresía, es uno de los logros póstumos de Chávez, y una de las expresiones más aciagas de la penetración islamista en Sudamérica.

El proceso, impulsado desde Venezuela, se ha hecho ahora carne en Argentina, cuyo Gobierno acaba de suscribir con Irán un acuerdo por el que le permitirá a los ayatolás indagar sobre los atentados que ellos mismos perpetraron en Buenos Aires.

Argentina ha traicionado su soberanía y los encomiables logros de la Justicia argentina que había llegado a identificar a los responsables de los más graves atentados terroristas en suelo argentino. El Gobierno de Kirchner ha empujado a su país al abismo de la impunidad y a los brazos del eje del mal.

Léase también: El beso del persa

Marta Troche quiere que los judíos sean asesinados y ve esto como un deber patriótico

Marta Troche quiere que los judíos sean asesinados y ve esto como un deber patriótico
Ezequiel Eiben
20/3/2013
9 de Nisan 5773

En Entre Ríos, Argentina, se dio esta semana un caso de judeofobia proveniente del aparato oficial. La jefa de Rentas de la municipalidad de General Campos, Marta Troche, es la responsable por haber puesto la leyenda “Haga patria, mate un judío”[1] en la boleta de impuestos municipales. Es decir, Marta Troche quiere que los judíos sean asesinados y ve esto como un deber patriótico. Pablo Martínez, intendente de la localidad, comunicó que Troche reconoció su acción ante el asesor legal del municipio y presentó su renuncia. Martínez también afirmó que la señora será expulsada del municipio (1).

Cabe preguntarle a las autoridades pertinentes que deban encargarse de este lamentable episodio de judeofobia: ¿Se van a conformar con removerla del cargo e imponerle sanciones administrativas? La señora realizó una incitación a la violencia y una amenaza de muerte contra los judíos a través de mecanismos estatales por medios oficiales.

¿Qué pasa con el judío que se siente amenazado de muerte, quiere actuar en legítima defensa frente a esta declaración, y procede a matar a la señora antes que ella haga efectivos sus planes? ¿A este judío solo lo van a remover de su trabajo y le van a imponer una sanción laboral? ¿O iría preso?

No hay igualdad ante la ley si los civiles comunes tenemos menos derechos a la vez que los políticos de sangre azul tienen privilegios.
A ver qué dirían los burócratas si un civil amenazara de muerte a uno de los suyos dentro de su corporación política, o si el civil procediera a defenderse como imperativo moral frente a una arenga de un político para asesinarlo y lo matara primero antes de que este pudiera cumplir con lo deseado. Y luego de decir lo que dirían, ¿qué harían?

Fuentes:
1- Funcionaria expulsada por ser la autora de leyendas antisemitas en boletas de impuestos
http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/87137-funcionaria-expulsada-por-ser-la-autora-de-leyendas-antisemitas-en-boletas-de-impuestos

 


[1] Consigna conocida utilizada desde hace décadas por grupos nacionalistas argentinos para promover su judeofobia.

Deshaciendo el mito del trueque “concesiones a los palestinos por Irán”

Barack Obama, Benjamin NetanyahuObama: “Israel es una historia sin paralelo de redención

Hay una falsa creencia (una de las tantas en este conflicto) – promovida por los liberales en Washington y pro-árabes de Israel (incluyendo los criminales de Oslo, cuyas políticas llevaron a un baño de sangre hebrea) – de que, si Israel realiza concesiones políticas fenomenales a los palestinos y se retira de la Ribera Occidental (para que nos sigan tirando misiles agregaría yo), entonces Obama y el mundo entero se pondrán del lado de Israel y harán lo que sea necesario para impedir al régimen iraní dotarse de armas nucleares. Dejando de lado el hecho de que algo parecido sucedió en el pasado reciente (desconexión de Gaza) y a la comunidad internacional le importó un rábano los misiles de Hamás o incluso olvidó aquel episodio, esta premisa es completamente falsa. Primero porque EE UU, como cualquier país en el mundo, actúa según sus propios intereses, no los de sus aliados. Vale decir, si la Casa Blanca llegara a la hipotética conclusión de que un Irán con armas nucleares no representa una amenaza directa a su seguridad nacional, por más que Israel se sacrifique y entregue a los palestinos en bandeja todos los territorios conquistados en 1967, los norteamericanos no moverían un dedo cuando llegue el momento de frenar un Irán nuclear, ningún avión estadounidense despegaría de su portaaviones para bombardear las centrales nucleares iraníes aunque los israelíes entreguen hasta el mismísimo Kotel (Muro Occidental). Por otro lado, si la administración Obama llegara a la conclusión de que, por los propios intereses globales de EE UU, un Irán nuclear es una amenaza directa a sus planes geopolíticos o la estabilidad regional que necesitan, ellos mismos atacarán a los iraníes sin importar que Israel no ceda un milímetro de territorio a los palestinos, porque en ese caso un Irán nuclear no será funcional a sus intereses. Lo mismo se aplica a los saudíes, europeos y cualquier otro. Justamente los 70.000 muertos sirios en estos últimos dos años, han demostrado que, retórica al margen, nadie mueve un dedo en este mundo a menos que sea conveniente para su propio país.

En realidad es una conclusión bastante obvia, pero independientemente de lo que puedan expresar públicamente, ningún jefe de Estado actuará respecto a Irán según lo que haga o deje de hacer Israel. Actuarán según sus propios intereses y conveniencia. Lo que le interesa a la administración Obama, en mi humilde opinión, es que un posible ataque a Irán tenga legitimidad internacional luego de haber agotado todas las opciones diplomáticas y económicas para impedir al régimen iraní dotarse de armamento nuclear, por esta razón no quiere que Israel ataque prematuramente sin haber demostrado que Occidente no tiene otra forma de frenar a los iraníes. Pero el éxito del proceso de paz con los palestinos, si bien es un interés primordial de casi todos los países en el mundo (a excepción de los ayatolás y sus pocos aliados), no afectará la decisión que tomen los actores implicados respecto a Irán. Los estadounidenses no se arriesgarán a una guerra ni decidirán cómo preservar mejor sus intereses en base a la situación de los palestinos. No les importan tanto ni tienen ese nivel de relevancia. Así como tampoco dejarán de atacar a Irán, si lo consideran necesario, por lo que entregue o no entregue Israel.

Ben Ami y compañía: No insistan más con la patraña de “ellos bombardean Fordow si desalojamos Ramat Shlomó”, aquí no existe “menos asentamientos por más aviones”. Ya tenemos aviones y todo lo necesario para terminar de un plumazo con el programa nuclear iraní (y probablemente también su régimen). La mayoría de los israelíes saben que más concesiones a los palestinos sin acuerdos sólidos de seguridad, implica necesariamente más terrorismo, muerte, reclamos y conflicto. No traten de engañar nuevamente a Israel afirmando que un avance con los palestinos es sinónimo de un avance contra Irán. No intenten forzar a los israelíes a cambiar un peligro suicida por otro. Como la izquierda israelí también está huérfana de ideas y no saben cómo convencer a su pueblo de adoptar políticas entreguistas con el enemigo luego del fracaso de sus políticas “pacifistas”, chantajean al público y al gobierno de esta forma ridícula y cínica. Nadie con un mínimo de conocimiento de las relaciones internacionales y la política exterior norteamericana se traga esa mentira.

Encuesta en la opinión pública: La simpatía de los americanos por Israel es la más alta de todos los tiempos

Una encuesta de Gallup encuentra que, en el marco de la próxima visita del Presidente Obama a Israel, las simpatías de los americanos se inclinan enormemente a favor de los israelíes por sobre los palestinos, 64% vs 12%, igualando los porcentajes de la encuesta de 1991 realizada durante la Guerra del Golfo.

ShowImageUna trabajadora en una fábrica de Kfar Saba arregla banderas estadounidenses pedidas con anticipación por la visita de Obama a Israel. Foto: Reuters

La simpatía de los americanos por Israel iguala la más alta de todos los tiempos según una encuesta de la prestigiosa organización Gallup publicada el viernes, exactamente cinco días antes de la visita programada del Presidente norteamericano Barack Obama a Israel, por primera vez como Presidente.

Según los datos de la encuesta, las simpatías de los americanos se inclinan enormemente a favor de los israelíes por sobre los palestinos, 64% vs. 12%.

Mientras la parcialidad por Israel ha subido consistentemente al 60% desde 2010, el 64% registrado en la encuesta del viernes iguala los datos previos registrados en 1991, durante la primera Guerra del Golfo. En la encuesta de 1991 realizada por Gallup, solo el 7% de los encuestados simpatizaba más con los palestinos que con los israelíes.

Análisis de los datos de la última encuesta muestran que Republicanos, conservadores y adultos de mayor edad son más propensos a ser parciales a favor de Israel.

Los Republicanos (78%) son mucho más propensos a simpatizar con Israel que los Demócratas (55%), según la encuesta. El apoyo Demócrata por Israel se ha incrementado en cuatro puntos desde 2001, mientras el apoyo Republicano por el Estado judío ha saltado 18 puntos de porcentaje en el mismo período.

El porcentaje de encuestados que favorecen a los palestinos se incrementa con la educación formal, oscilando desde 8% para aquellos sin experiencia universitaria al 20% para aquellos que poseen al menos un postgrado.

“Los palestinos reciben la mayor simpatía por parte de Demócratas, liberales y postgraduados, pero incluso entre ese grupo, el apoyo llega como máximo al 24%”, según Gallup.

Véase también: Cerca del 90% de los americanos tiene una visión desfavorable de Irán

Opinión de Jabotito:

Qué “lobby” ni qué “lobby” (llámese judío, sionista o israelí). Los americanos apoyan a Israel porque QUIEREN (sí, principalmente los cristianos), por cuestiones ideológicas, geopolíticas, históricas, culturales y morales. Eso se manifiesta especialmente en el Congreso, representante del pueblo. Pero además porque les conviene, mucho más de lo que ustedes imaginan. Con la información de inteligencia que le provee Israel a los EE UU, se pueden evitar montones de atentados terroristas en suelo norteamericano o contra objetivos de ese país en el mundo. Eso por no mencionar el interés estratégico, militar, político, etc. Respecto al apoyo y simpatía por Estados Unidos entre el público israelí, los porcentajes son mucho mayores. Uno de los pocos países en el mundo que se podría llamar auténticamente “pro-americano” es Israel. Con el agregado de que, a diferencia del caso con otros aliados, ninguna madre estadounidense tiene que arriesgar la vida de su hijo para proteger al Estado hebreo… nosotros nos protegemos solos, y muy bien.

Contrariamente al pensamiento antisemita, el pueblo judío y el sionismo se caracterizaron por ser movimientos débiles, pero aún así cosecharon simpatías entre el pueblo americano desde sus orígenes. Esta simpatía siempre estuvo presente, aunque por intereses geopolíticos recién se fortaleció y plasmó en ayuda militar y económica concreta desde fines de la década del ’60 o principios del ’70.

Las relaciones especiales de Israel con Estados Unidos no pueden explicarse tan solo en términos materiales o estratégicos, ni por la mera influencia del mitológico “lobby judío”. Ningún grupo de presión, por más poderoso que sea, puede doblegar la voluntad de una nación y desviarla de su curso natural o intereses básicos. ¿O acaso la opinión pública norteamericana simpatiza con Arabia Saudita por ser un país aliado por conveniencia? (les aseguro que no). El sionismo gentil en Estados Unidos ha sido en todo momento al menos tan poderoso, activo y enérgico como el judío. En verdad no existe nada en el sistema internacional que se parezca a la relación única entre Estados Unidos e Israel. A los detractores de esta enigmática alianza les cuesta creer que el significado de Israel para los estadounidenses sea ante todo sentimental, y el compromiso con su supervivencia un voto moral, en ocasiones un acto de caballerosidad. Para muchos estadounidenses, Israel es la recreación de su propia historia. El colono judío que echa raíces en una tierra yerma y un entorno hostil contra todas las adversidades, y el espíritu pionero de una nueva nación israelí formada por un pueblo perseguido en busca de libertad, caló hondo en la mentalidad estadounidense y le recordó sus propios orígenes y juventud. Para muchos, la lucha sionista por Palestina no difería del combate que las colonias americanas llevaron a cabo, tanto contra la población indígena, como contra el Imperio británico. Nación de fieles de misa y lectores de la Biblia, que valoraban al pueblo del Libro con su historia y no solo al Libro como mera abstracción, los estadounidenses asistieron con admiración el revivir de la nación bíblica en Tierra Santa. Esta conexión bíblica a buen seguro era más fuerte en el caso de los fundamentalistas cristianos, pero nunca fue exclusiva de ellos. Y ellos son la potencia mundial número uno.

“OH, ISRAEL, AL QUE TE BENDIJERE, BENDECIRÉ, Y AL QUE TE MALDIJERE, MALDECIRÉ” (Génesis.12:3a)

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