Sobre Venezuela, el memorándum y el lado malvado de la historia

El lado malo “A Cristina le hubiera gustado ser Merkel o Dilma,
pero se conforma con ser la sucesora de Chávez”


No es la primera vez que hablo de la mirada tuerta, esa que practica determinada izquierda en función de si las víctimas son de su lado ideológico o del contrario, tras lo cual pierden la condición de víctimas. Hoy leo, por ejemplo, que Yoani Sánchez, la bloguera cubana que se ha jugado la vida defendiendo la libertad en Cuba, ha sido abucheada por militantes izquierdistas a su llegada a Brasil. Lo cual significa que una miserable dictadura es mala en función de si es de derechas o de izquierdas. Recuerdo que en un viaje a São Paulo no pude dar una conferencia en una universidad porque mi análisis sobre Oriente Medio no coincidía con la fe ideológica de los profesores que impartían. Y sumando, porque si aterrizamos en el delirante argumentario que recorre la espina dorsal del eje bolivariano, la conclusión es demoledora: ¡muera la inteligencia y viva el dogma!
Argentina, desgraciadamente, no se escapa de esta tendencia hacia la miseria ideológica. Decía Marcos Aguinis, en una brillante entrevista con Marcelo Longobardi, que “a Cristina le hubiera gustado ser Dilma o Angela Merkel, pero no le da el piné, así que se conforma con ser la sucesora de Chávez”. Y Roberto Cox, en un duro artículo, hablaba de una Argentina situada “en el lado malo de la historia”. Ambos se refieren al indignante acuerdo que el Gobierno ha firmado con Irán, cuya consecuencia es el carpetazo a los dos atentados iraníes -según demostración de la Fiscalía- que sufrió Argentina y que mataron a decenas de personas, especialmente judíos. Fernández ha pasado de denunciar a Irán en la ONU a besarle la mano, cerrar acuerdos y, por el camino, burlarse de las víctimas de los atentados.
Es tan demoniaco que un país pacte con el Gobierno de otro país acusado de asesinar a decenas de sus ciudadanos que no cabe ninguna explicación decente.  Todas habitan en el pantano oscuro de la indecencia. Las víctimas de Amia y de la embajada serán burladas, ninguneadas, otra vez asesinadas, porque si un día lo fueron en la realidad, ahora lo serán en la memoria. Que, además, sea un judío cuya familia se salvó de la dictadura gracias a Israel, Héctor Timerman, quien rubrique el acuerdo añade maldad humana a la maldad política.
Aguinis dijo que “la palabra traidor es honorífica para este tipo de bajeza”.
Lo rubrico.
Y así será como la Argentina de Fernández abrirá la puerta grande para que Irán entre definitivamente en Latinoamérica, después de las pistas de aterrizaje que ya le puso Chávez.
La misma Argentina que vio morir a los suyos hará los honores al régimen acusado de los atentados.
Es tan indigno que no sólo es una maldad ideológica, o el ojo tuerto de una izquierda que ha perdido los valores, o la mediocridad de una presidenta en horas malas. Es peor. Se trata de escupir sobre los propios muertos y luego irse de fiesta con sus asesinos. No se puede ser más ruin.

Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona.
21/02/2013

Lea también:

Carta a Timerman por AMIA es de todos

El próximo paso del gobierno de Cristina: Exculpar al asesino iraní

Ser judío en Venezuela: El populismo elige siempre como amigos a los enemigos del pueblo judío

La muerte no es excusa para la condena y el castigo

El veneno que dejó Chávez

Anuncios

Una respuesta

  1. la última frase es categórica

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: