Sin concesiones

Les dejo un fragmento de mi ensayo “sin concesiones” en el cual trato el modo en que debe proceder Israel actuando por principios. Para leerlo completo, click aquí.

Sin concesiones
Ezequiel Eiben
24/4/2013
14 de Iyyar 5773

Así debe actuar Israel: a través de una política sin concesiones a sus enemigos, que los tiene, y son muchos. El país judío está del lado de la justicia, sus enemigos están del lado de la injusticia. Por lo tanto, cada concesión que Israel haga a quienes desean su obliteración, es un espacio que gana la injusticia, y un retroceso de la justicia.
Israel debe actuar por principios, consistentemente, aferrado a ellos. De tal forma, no le dará lugar a este mal (impotente en sí mismo) que busca extenderse como una plaga anidándose en los resquicios que deja la falta de coherencia y consistencia. Tomando como base primordial el reconocimiento del enemigo (directriz fundamental), veamos a continuación los principios que le servirán a Israel para lograr sus objetivos y defender con éxito su causa ante las amenazantes fuerzas que lo enfrentan.

A) No hay que realizar concesiones a los enemigos:
La renuncia al derecho propio en favor de la sinrazón del contrincante es un acto de autoflagelo y de fortalecimiento al otro. Israel no debe ceder frente a las demandas infundadas y las amenazas de muerte de la Autoridad Palestina y Hamas. La causa de Israel es primordialmente moral; los judíos que allí viven están moralmente legitimados a ejercer sus derechos individuales y practicar la autodefensa. A Israel no le hace falta tener al derecho positivo internacional de su lado, y aun así lo tiene. Los llamados “territorios en disputa” no son territorios “ocupados”, ni son territorios palestinos “confiscados”. Los asentamientos allí ubicados no son “ilegales” ni muestras de “colonización imperial”. El Vice-Ministro de Relaciones Exteriores Danny Ayalon, realiza una muy pertinente explicación: “¿A quién, los israelíes, capturaron la Banda Occidental? ¿A los palestinos? No. En 1967 no había ninguna nación árabe o Estado con el nombre de Palestina. En realidad, nunca lo hubo. Israel tomó la Banda Occidental de manos jordanas en un acto de autodefensa, después que Jordania se uniera a una guerra iniciada por Egipto y Siria con el fin de destruir a Israel. Y a propósito, destruir países, sí es ilegal. (…) La resolución 242 del Consejo de Seguridad (de la ONU) no demandaba un retiro unilateral por parte de Israel, sino que Naciones Unidas llamó a la negociación de la solución (…) Jordania, ¿saben qué?, no tenía ninguna justificación legal para estar allí (en la Banda Occidental). Jordania simplemente ocupó la Banda durante los intentos previos de destruir el joven Estado de Israel en 1948, cambiando el nombre comúnmente aceptado de Judea y Samaria por el de “Banda Occidental del Río Jordán”[1]. (…) Entonces, si Jordania no tenía reclamo legal sobre este territorio y Palestina no existía, ¿de quién es este territorio? (…)” (1).
Debemos recordar a su vez, varios puntos: 1) Gran Bretaña tomó el control de la zona llamada Palestina tras la Primer Guerra Mundial; 2) La posterior presentación del documento de Arthur James Balfour[2], mientras se desempeñaba como Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, en el cual se reconocía el derecho del pueblo judío de levantar su Hogar Nacional en Palestina; 3) El mandato recibido por los británicos de parte de la Liga de las Naciones (antecesora de la ONU) para promover el establecimiento del Hogar Nacional Judío; 4) El mandato recaía sobre todo el territorio de Palestina, es decir, incluía la parte hoy conocida como Banda Occidental y lo que hoy constituye Jordania; 5) La entrega de los británicos de ¾ partes de todo el territorio que se suponía destinado al Hogar Nacional Judío, a manos árabes para que levantaran el Reino Hashemita de Jordania; 6) En conclusión, la pérdida de los judíos de la mayor parte de las tierras donde se iba a levantar su Hogar, actuando los británicos en flagrante contradicción con el mandato entregado por la Liga de las Naciones y en desconocimiento del alcance territorial al que se refería originariamente la mentada Declaración Balfour.
Por todo lo mencionado, es clara la legalidad y afianzada la legitimidad moral en el obrar de Israel. Respecto de la ley, hubo un mandato expreso de la Liga de las Naciones, una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores británico, y resoluciones de la ONU, que avalan la posición israelí sobre los territorios. A esto le sumamos el derecho internacional en lo concerniente a la guerra, para apoyar la acción defensiva israelí en la “Guerra de los 6 días”[3], acontecimiento en el cual Israel toma control de los territorios en cuestión. Y en lo concerniente a los asentamientos, vemos que los ciudadanos israelíes han edificado sobre tierras que forman parte del país al cual ellos pertenecen. No hay ley externa que deba imponérseles para impedir que continúen su desarrollo y expansión. Es más, en las negociaciones de Oslo[4] se previó que el tema de los asentamientos sería tratado en el status final, y que hasta llegar a un arreglo definitivo no debía modificarse la situación de la Banda Occidental, por lo tanto es un enorme incumplimiento que los dirigentes palestinos reclamen y presionen por el congelamiento en la construcción de asentamientos por un lado, y pretendan la declaración unilateral de su Estado y auspicio de la ONU en su traición por el otro.
Respecto de la moralidad, no caeremos en un tratamiento inútil sobre abstracciones, inexistencias y conceptos colectivistas falaces. Por encima de soberanías nacionales, derechos de países y expresiones colectivistas que impregnan la política internacional en la actualidad, se encuentra en el ámbito moral la consideración del individuo. Y aquí hay que defender los derechos individuales de los hombres, en este caso de los hombres judíos, más precisamente los asentadores (mal llamados colonos): han ejercido su legítimo derecho de propiedad para construir sus hogares y sus ciudades, y ninguna invocación mística estatista por parte del gobierno palestino debe prevalecer sobre los auténticos derechos individuales. La abstracción de una soberanía palestina inexistente sobre la tierra no puede ir por encima de derechos de propiedad concretizados en la realidad. Los asentadores habrán elegido una bandera, un himno a cantar, una pertenencia nacional con la cual identificarse; pero la base de su derecho moral a las tierras en las que se encuentran es el principio de los derechos individuales, la propiedad que ejercen sobre el terreno.         

B) No hay que negociar con los enemigos en sus términos sin estar forzados a hacerlo: La letal falacia que guió en gran parte y por mucho tiempo a la política israelí en lo que a la guerra en su contra incumbe, se manifestó con nitidez en la declaración de Itzjak Rabin cuando era Primer Ministro de Israel: “Yo quisiera hacer un tratado de paz con el Príncipe de Mónaco, pero mi enemigo es Arafat y con él hay que hacerlo”. Este razonamiento erróneo ha sido bien llamado por un colega “silogismo de la muerte”:
“1-La paz se hace con el enemigo.
2-Mi enemigo es el terrorismo palestino.
Conclusión: La paz la tengo que hacer con el terrorismo palestino.
Esto es una reductio ad absurdum” (2).
Si la conclusión es hacer la paz con quien pretende asesinarme, entonces debo rebajarme al nivel de mi verdugo, transigir con él, darle mi consideración y permitir que avance en su camino sin exigir que cambie su cometido. Negociar con el enemigo en sus términos (sin que estemos forzados a hacerlo) es negociar con terroristas sin exigir que estos dejen de ser terroristas, es negociar con quien quiere asesinarme sin que el asesino modifique su objetivo. Yo consigo algo inútil (quizás solamente hacer tiempo), y él consigue una transacción de la cual sale victorioso. El terrorista quiere mi vida, y negociando con él yo renuncio al principio de mi derecho a la vida. No se negocia con el enemigo; se negocia con quien no es o ha renunciado a ser nuestro enemigo. Nuestras acciones deben ser pro-vida, y no pro-muerte. Buscar hacer la paz con el enemigo es negociar con él en sus términos (sin estar forzados a hacerlo), es hacerle una concesión sin intimarlo a renunciar a sus aspiraciones a la par que nosotros renunciamos a nuestros fundamentos. La política israelí no debe estar direccionada a la realización de un acuerdo de paz con terroristas, sino a combatirlos para lograr la supervivencia.
Palabras de Leonard Peikoff: ““En cualquier concesión entre comida y veneno”, dice Ayn Rand, “es sólo la muerte la que puede ganar. En cualquier concesión entre el bien y el mal, es sólo el mal el que puede beneficiarse”. La razón de esto no es que el mal sea más potente que el bien. Al contrario, la razón es que el mal es impotente y que, por lo tanto, sólo puede existir como un parásito del bien. Lo bueno es lo racional; es lo que se adhiere a las demandas de la realidad y de esa forma promueve y beneficia la vida del hombre, junto con todos los valores que la vida requiere. Tal política no obtiene ninguna ventaja de su antítesis. (…) Por su propia naturaleza, el bien sólo tiene algo que perder si negocia con el mal. El mal está exactamente en la posición contraria. El mal es lo irracional, es lo que contradice los hechos de la realidad y por lo tanto amenaza la vida del hombre. Tal política no puede ser mantenida como un absoluto o practicada de forma consistente – no, si uno quiere evitar su destrucción inmediata. El mal tiene que contar con algún elemento del bien; el mal puede existir sólo como un parásito, sólo como una excepción a las virtudes con las que está contando” (3).
Querer vivir es bueno, es racional. Querer asesinar es malo, es irracional. En cualquier concesión entre la defensa de la vida y el terrorismo asesino, solo este último se beneficia. El terrorista le arranca algo a la víctima, la víctima no obtiene nada del terrorista. Si Israel quiere evitar la destrucción inmediata, no debe negociar con terroristas islamistas. Israel no tiene nada que ganar del islamismo; este último tiene mucho que ganar de Israel.

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3 comentarios

  1. me apena mucho ver la manera en que ustedes tratan a los arabes
    de verdad, tanto odio y desprecio, entiendo a alguien que decia en un ghetto, ”dale a un judio una mano y te comera el brazo”. Ustedes hicieron lo mismo con los arabes los cuales durante siglos los trataron muy bien, toleraron protegieron y alentaron y ahora los tratan asi, despues de ver tal muestra de odio entiendo que tengan tanta gente que los odie
    como pueden odiar a un pueblo que los cuido y protegio
    no se te olvide que las peores persecuciones al pueblo juidio nunca fueron hechas por arabes, fueron hechas por cristianos.
    Judio, pueblo engañoso y mal agradecido.

    • Mi única contestación para un judeofobo como vos es: Am Israel Jai, Saludos

    • Claro, porque los árabes nos trataron tan bien en 1920, 1921, 1929 (cuando los árabes mutilaban pacíficos haredim y niños indefensos en Hebrón), 1936, 1947, etc… pero somos desagradecidos por negarnos a ser echados al mar y vivir en nuestro propio país

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