Conocer y reconocer como enemigo al islamismo de Irán

Conocer y reconocer como enemigo al islamismo de Irán
Ezequiel Eiben
16/05/2013
7 de Sivan 5773

¿Qué le sugiere la siguiente declaración?: “Repudiamos el campo de concentración, y exhortamos a que se averigüe y se condene a los responsables locales de el”[1]. ¿Puede identificar concretamente al victimario en el asunto? ¿Puede conocerlo en su totalidad? Piense por un momento qué hubiera dicho usted si viviendo en la época de la Shoa o en los inmediatos tiempos post Shoa, escuchaba a algún dirigente comunitario judío hablar en esos términos. Seguramente usted como mandante le hubiese requerido al mandatario que dijera toda la verdad, o por lo menos, algo más concreto, más tangible, que permitiera saber y entender específicamente de quienes se hablaba. Un reclamo justo al dirigente hubiese sido que mencionara en su repudio a los nazis como victimarios en vez de limitarse a describir la metodología del agresor (en este caso el campo de concentración), y que pidiera condena a todos ellos (cúpula máxima incluida), no solo a los nazis o colaboracionistas locales que trabajaban en el campo de concentración.

Lamentablemente expresiones ambiguas, ambivalencias, comunicados poco claros y frases envueltas en nebulosa como la arriba mencionada, han sido moneda corriente en nuestra realidad, por parte de la dirigencia judía de Argentina en lo concerniente al atentado terrorista a la AMIA. Hemos escuchado hasta el hartazgo pedidos de justicia insuficientes e ineficientes, que pecan por vacuidad, ocultamiento y/o desconocimiento de la información relevante disponible. De esta forma, por más que el dictamen elaborado por el fiscal de la causa Alberto Nisman, producto de una exhaustiva investigación sobre los hechos y protagonistas, arrojara los datos necesarios para saber quién cometió el atentado, trabajando para quién, y en nombre de qué lo cometió; y estuviera ahí a disposición para aprovecharlo y difundir su contenido; durante años tuvimos que escuchar declaraciones oficiales de parte de la dirigencia judía tales como: “Repudiamos el atentado terrorista, y exhortamos a que después de tantos años sin justicia y sin conocer los culpables se condene a los responsables de la conexión local”[2]. Esta parte de la dirigencia condenaba la metodología del crimen (el atentado terrorista) sin condenar explícitamente, ni siquiera mencionar por su nombre, al agresor: el islamismo de la teocracia de Irán. Esta parte de la dirigencia seguía hablando de años sin justicia como si se estuviera en la misma situación que en los comienzos de la causa (cuando hubo encubrimientos, engaños y sobornos), sin dar cuenta de la corrección y avance en la causa que significó el trabajo de Nisman y la UFI (Unidad Fiscal de Investigación del caso AMIA, compuesta por 40 profesionales), gracias al cual podemos conocer los culpables del atentado. Esta parte de la dirigencia seguía concentrada en la conexión local del atentado como si fuese la clave del asunto, o como si arrastrara la responsabilidad exclusiva del crimen, dejando de lado al agresor principal sin el cual no podría existir siquiera una “conexión”. Con las cosas dadas de ese modo (corrupción en los funcionarios públicos, y negligencia acompañada de inoperancia en los dirigentes comunitarios), eran de esperar ocultamientos y trabas a la salida a la luz de la verdad.

Hay que conocer y reconocer al enemigo. Conocer para saber quién es; reconocer para aceptar el hecho de que se enfrenta a nosotros y actuar en consecuencia[3]. El enemigo aquí, responsable del atentado terrorista a la AMIA, es el Irán dominado por el islamismo. Irán es un Estado terrorista, hay que decirlo. Irán está dominado por el islamismo que es violencia al por mayor, hay que decirlo.

Los argentinos en general deben saber que fueron agredidos por Irán, cuyo gobierno difunde el terrorismo islamista internacional. Los judíos en especial deben saber que Irán los quiere muertos, encuéntrense donde se encuentren. Pruebas: En Israel viven más de 6 millones de judíos, y el presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad manifiesta que quiere borrar a Israel del mapa. Irán quiere finalizar la construcción de una bomba nuclear, y tener así la capacidad de desplegar un genocidio rápido y eficaz. Irán equipa y da asistencia económica a Hamas y Hizbollah, bandas terroristas con presencia en la franja de Gaza y el Líbano respectivamente, que buscan la destrucción de Israel. Irán es responsable a través de Hizballah del atentado a la AMIA, es decir, una agresión perpetuada contra una institución judía (no israelí) en Argentina (no en Medio Oriente). Está claro que Irán no solamente quiere atacar desde su territorio, sino también desde otros lugares donde tiene colaboradores y sicarios; no solamente a través de sus propias fuerzas militares y terroristas, sino también a través del financiamiento del terrorismo internacional; no solamente a Israel, sino también en otras latitudes donde se encuentren judíos.

En definitiva, si hay algo que los argentinos deben saber, es que Irán cometió el atentado en su país en desprecio a los derechos individuales de todos sus ciudadanos, no solamente de las víctimas del mismo (para el terrorismo mientras más víctimas haya, mejor). Si hay algo que las comunidades judías deben exigirle a sus dirigencias, es claridad, precisión, honestidad y transparencia, no solo en lo discursivo, sino en las acciones concretas. Si las dirigencias pretenden ser servidoras de las comunidades y asumir funciones de liderazgo y representación, deben estar a la altura de las circunstancias, y conocer y reconocer cuando hay un enemigo que pretende aniquilar a los representados (sin olvidar que ellas están incluidas también entre las potenciales víctimas). Y si hay algo para lo cual los judíos deben estar preparados, es el momento en el cual el enemigo feroz y brutal desate finalmente  su violencia definitiva a gran escala en una contienda de vida o muerte. Cada uno podrá aportar desde su lugar y en la medida de sus posibilidades. El primer paso es hacer lo contrario a la parte de la dirigencia comunitaria que incurrió en prácticas lamentables de mirar hacia otro lado; es decir, hay que focalizarse y empezar por conocer y reconocer al enemigo: el islamismo de Irán. A partir de eso, se puede actuar con contundencia.


[1] La declaración es ficticia, y es puesta únicamente a modo de ejemplo ilustrativo del punto tratado.

[2] Ídem

[3] No queremos emplear aquí la palabra “reconocer” en el sentido de brindar legitimidad a la otra parte. El islamismo es ilegítimo, y solo lleva a la repugnancia moral. El empleo del vocablo va dirigido en sentido de reconocimiento del hecho de la existencia de un enemigo.

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3 comentarios

  1. Les acabo de descubrir, y salto de felicidad.Por fin un sitio serio, informativo. IMPRESCINDIBLE. Especialmente con la cantidad de basura que desborda Internet. Supongo que hay que aplicarse aquello que Robert Frost dijo sobre la educación: -y cito de memoria, por si me equivoco- “,la educación es la capacidad para oír cualquier cosa sin perder la compostura ni la confianza en uno mismo”.
    SHALOM. Y MUCHA SUERTE A ATID EN ESTA NUEVA ANDADURA QUE HAN EMPRENDIDO.

  2. Shalom
    Nos alegra que encuentres buen material aquí. Un saludo

  3. Sin la bomba atómica, el régimen iraní asesinó disidentes en Europa, puso bombas en Beirut y Buenos Aires, financia el terrorismo internacional, ayuda a reprimir protestas en Siria (donde su dictador aliado está enfrentando problemas mayores), promueve la violencia contra civiles indefensos en Israel, Líbano, Afganistán e Irak, posee ambiciones en Yemen y Bahrain, la habilidad para asustar los países árabes del Golfo Pérsico y cerrar el estrecho de Ormuz, amenaza con borrar a Israel del mapa y actúa para ese propósito días tras día, reprime violentamente a su población, es una brutal dictadura oligárquico-clerical que ahorca homosexuales, niega el Holocausto, comete atentados en Berlín, Tailandia, Georgia, India, Bulgaria, Chipre, Nepal, Azerbaiján, Kenia, Nigeria, Grecia, Turquía, Sudáfrica, Canadá (al menos 24 países en los cinco continentes)… asesina diplomáticos y turistas, asalta embajadas, es un régimen de fanáticos suicidas antisemitas y peligrosos lleno de misoginia, que lapida mujeres, tortura, amputa y ejecuta menores de edad y activistas de los derechos humanos, tiene aspiraciones genocidas contra otra nación, oprime a las minorías, tiene ambiciones religiosas de poder regional y global… Irán combina misiles de largo alcance con mentes de corto alcance… un peligro para el mundo en general e Israel y el pueblo judío en particular (ya sabemos que para los ayatolás los judíos en cualquier parte del mundo son blancos igual de legítimos que los israelíes, algo que han demostrado consecuentemente con sus propias palabras y hechos). Los fundamentalistas en Irán también se nutren y sostienen de situaciones conflictivas. Irán necesita la permanencia de un conflicto árabe-israelí para ejercer su influencia sobre Siria y Líbano, a través de Hezbollah y a través de Hamás o la Jihad Islámica en Gaza. Sueña con volver a construir el “Gran Imperio Persa”, reivindicar a los chiítas y sojuzgar a todos aquellos que no acepten ser gobernados teocráticamente por los ayatolás.

    ¿Qué podría ser peor que un régimen semejante armado con bombas atómicas? Al régimen más peligroso del mundo no se le debe permitir tener acceso a las armas más poderosas del mundo. No se debe permitir llegar a una situación tan peligrosa donde la ideología más radical esté equipada con las armas más extremas y destructivas. La lección que nos legaron los sobrevivientes del Holocausto es “creer en las amenazas de tus enemigos más que las promesas de tus amigos”. Antes de la Shoá, muchos creían que por tener la verdad y la razón moral de nuestro lado, prevaleceríamos frente a las bestias. Pero se equivocaron, con tener razón no alcanza, debemos tener también la fortaleza militar y la disposición a usarla. Creo firmemente en la pureza de las armas para defender a nuestra nación de los enemigos que quieren destruirla.

    No se trata “simplemente” del peligro de que los ayatolás usen las bombas para borrar del mapa al Estado hebreo, sino que un arsenal nuclear significa que el régimen fundamentalista iraní no podrá ser derrocado interna o externamente (tan inmune como Corea del Norte), podrá chantajear a medio mundo (incluyendo Europa), amenazar a sus vecinos (países como Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Árabes o el nuevo Egipto ya anunciaron que comenzarán su propia carrera nuclear en caso de que los iraníes consigan la bomba), promover impunemente el terrorismo a nivel global (tal vez entregarles armas no-convencionales), impedir a Israel defenderse ante agresiones del Hezbollah y Hamás, además de que una guerra convencional en una región tan propensa a conflictos pudiera derivar fácilmente en un Apocalipsis en caso de que los ayatolás tuvieran la bomba. Una política efectiva para contener o disuadir un Irán nuclear es imposible: ¿El mundo es capaz de contener un Irán no nuclear? Ni por asomo. ¿Entonces cómo piensan contener un Irán nuclear? Todos hablan del costo de frenar a Irán, cuando ignoran completamente el costo de no frenarlo. Además, en el marco de la disuasión americano-soviética durante la Guerra Fría, ambos bandos eran racionales, su enfrentamiento era ideológico (no existencial), su accionar no se sustentaba en fanáticas creencias mesiánicas, su objetivo no era destruir al otro pueblo y sabían perfectamente que una guerra nuclear los destruiría mutuamente. Por otro lado, como el ex-presidente Akbar Hashemi Rafsanjani de Irán ha dicho correctamente, “el lanzamiento de una sola bomba atómica pequeña no dejaría nada en Israel, mientras que un ataque nuclear israelí solo produciría algunos daños en el mundo musulmán” (también dijo que estarían dispuestos a sacrificar 15 de millones de musulmanes para aniquilar a Israel). Evidentemente el teléfono que comunicaba al Kremlin con la Casa Blanca no existiría en el caso de Israel e Irán. Un Irán nuclear supondría un antes y un después en la Historia de la Humanidad, una era de atraso, peligro, muerte y destrucción.

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