Sobre el lobo iraní mal vestido de cordero

El extraño caso del Dr. Jeckyll y el Sr. Hyde en Irán

Por Julián Schvindlerman
Comunidades

Rouhani wolf in sheep's clothing
Uno puede sonreír, y sonreír, y ser un villano — Hamlet

A fines de septiembre una epidemia de optimismo se esparció en Nueva York ante la presencia del flamante y presuntamente moderado presidente iraní. En una visible campaña de relaciones públicas diseñada para alterar la imagen de Irán ante la opinión pública occidental, Hassan Rohani aterrizó en los Estados Unidos donde disertó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, publicó una nota de opinión en el Washington Post, concedió entrevistas televisivas a CNN y NBC en las que mostró un rostro conciliador, disertó ante un influyente think-tank e instruyó a su canciller a que se reuniera con su contraparte norteamericano. Aquellos que han estado buscando un líder moderado en la república islámica durante las últimas tres décadas, instantáneamente abrazaron con entusiasmo las palabras y gestos del iraní. Aquellos que miramos con sospecha la repentina retórica pacifista de un régimen teocrático preservamos nuestro tradicional escepticismo.

La desconfianza se sustenta en un hecho simple: hay un nuevo presidente en Irán pero el régimen es el mismo de siempre y al que Rohani ha estado sirviendo desde 1979 en distintos cargos de la estructura gubernamental.

Considere el caso de Saeed Abedini y pregúntese honestamente donde está la moderación de los ayatollahs, es decir, los jefes de Rouhani y quienes en última instancia son los hacedores de la política persa. El señor Abedini es un pastor cristiano nacido en Irán. Por practicar su fe pacíficamente él fue arrestado y sometido a palizas brutales. Abandonó el país y retornó años después con la autorización de las autoridades para construir un orfanato para los niños de Irán. El año pasado fue nuevamente encarcelado, juzgado por “crímenes contra la seguridad nacional” y condenado a ocho años de cárcel. Abedini envió una carta al gobierno en la que marcó la ironía de su situación: por asistir a niños huérfanos en Irán, sus propios hijos quedaron privados de su compañía. La semana previa al arribo del presidente Rouhani a las Naciones Unidas, el régimen liberó a ochenta prisioneros políticos en una maniobra cínica calculada sólo para mejorar la imagen presidencial. El pastor Abedini no estuvo entre ellos. Hoy continúa internado en la notoria prisión Evin.

Luego está la ambigüedad declarativa de la presidencia de Irán. En sus pronunciamientos Rohani habló de paz y diálogo, pero rehusó reunirse con el presidente Obama aun cuando éste se mostró dispuesto a ello; incluso rechazó coordinar un fugaz apretón de manos con el presidente estadounidense en los pasillos de la ONU. A último minuto -cuando estaba viajando hacia el aeropuerto- Rohani mantuvo una conversación desde su celular con Obama en lo que fue descrito como un llamado histórico.

Pero ha sido en sus pronunciamientos en torno a los judíos donde más puede verse la ambivalencia del liderazgo persa. Entre los integrantes de la delegación oficial se contaba al único miembro judío del parlamento iraní… y a la vez un gran antisionista. En ocasión del año nuevo judío, a comienzos de septiembre, Rohani envió un twitter de salutación a la comunidad judía mundial. Ante la sorpresa internacional, el gobierno iraní zigzagueó para confirmar si la cuenta de twitter era del presidente. Luego el saludo fue reiterado desde la cuenta oficial del canciller. Anteriormente, cuando se conmemoró el Día Al-Quds en Teherán en agosto, se atribuyó a Rohani haber comparado a Israel con “una herida” que debía “ser erradicada”. El régimen ayatollah posteriormente negó que el presidente hubiera afirmado tal cosa.  Es asimismo interesante leer el modo en que Rohani respondió a una pregunta de la CNN sobre el genocidio judío: “Yo no soy un estudioso de la historia… los aspectos de los que usted habla, la clarificación de estos aspectos es el deber de los historiadores e investigadores”. Esto mismo dijo a la NBC cuando le preguntaron si el Holocausto era un mito: “No soy un historiador, soy un político”. Esta postura es la que suelen adoptar los revisionistas al reconocer que un crimen fue cometido contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial pero relativizan la magnitud del mismo.

Ahora que Teherán y Washington parecen próximos a iniciar algún tipo de diálogo, prepárese a encontrar otros muchos ejemplos de esta típica duplicidad iraní.

Mientras tanto, funcionarios israelíes advierten que “ningún acuerdo es mejor a un mal acuerdo” con Irán. El mensaje pronto será transmitido públicamente en Europa. En otras palabras, un acuerdo parcial que no contemple las cuatro condiciones que Netanyahu expuso para desmantelar el programa de armas nucleares de Irán, es peor que directamente no llegar a pactar acuerdo alguno. Por ejemplo, si desmantelan la instalación de Qom pero conservan el uranio enriquecido, la planta de agua pesada en Arak y 20.000 centrifugadoras para enriquecer uranio cuando les plazca, no tiene sentido levantar las sanciones, ya que es otra forma de los ayatolás para ganar tiempo mientras avanzan en su programa nuclear. Quiera el Rey del Universo que la intransigencia de nuestros enemigos nos salve nuevamente.

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