Los judíos y la guerra

Los Judíos y la Guerra

Los Judíos y la Guerra

Los macabeos entendieron que hay momentos en los que hay que pelear.

por Rav Benjamín Blech

El milagro de Januca no fue realizado sólo por Dios. Los macabeos jugaron un rol crucial al derrotar a los griego-sirios en el campo de batalla. Fue una sociedad entre el coraje humano y la guía Divina. Matitiahu y sus hijos prevalecieron porque fueron lo suficientemente sabios como para reconocer que, a pesar de que los judíos adoran la paz, reconocemos que puede haber momentos en los que hay que salir a la guerra.
Y eso no es algo que a nuestro pueblo le resulte fácil admitir – ni entonces, ni ahora.
Los sicólogos nos dicen que básicamente hay dos formas en las que podemos lidiar con el mundo: luchar o escapar. Al encontrarnos con una dificultad, podemos intentar luchar con el asunto y superarlo, o podemos huir y resignarnos.
Algunos pueden racionalizar y pensar que el “escape” es la respuesta religiosa correcta. No hago nada, y si Dios desea un resultado determinado, que Él haga lo que le parezca.
Como escuché una vez de Rav Soloveichik, esta era la forma de nuestro patriarca Yaakov, desde que estaba en el útero. Yaakov fue concebido primero. Técnicamente, él era el mayor, con todos los privilegios que le correspondían a la primogenitura. Esav, su hermano, utilizó la fuerza para salir primero. “Y después vino su hermano y su mano estaba agarrada del talón de Esav, y llamó su nombre Yaakov” (Génesis 25:26). El nombre mismo, Yaakov, viene de la palabra hebrea ‘tobillo’; aferrándose al tobillo de su hermano, Yaakov fue pisoteado al comienzo de su vida, siendo privado injustamente de sus derechos por la fuerza.
La vida de Yaakov continuó desarrollándose, guiada por la tácita filosofía de que “los niños judíos buenos no pelean”. Esav, su hermano gemelo, engañó a Itzjak, su padre, haciéndolo pensar que era el hijo más piadoso y meritorio – y si no hubiese sido por la intervención de su madre, Yaakov no hubiese dicho nunca nada sobre esta injusticia.
Cuando Yaakov se enamoró de Rajel y su suegro lo engañó intercambiando las novias para que se casara con Lea, su respuesta fue aceptar pasivamente la obligación de trabajar por otros siete años para ganarse la mano de la mujer que ya era suya por derecho.
La pasividad ante el mal y la aceptación silenciosa de la injusticia definían la teología de Yaakov. Eventualmente, Yaakov se dio cuenta de su error en la dramática historia que alteró su percepción a tal punto que causó un cambio de nombre, un cambio de nombre que demostraba que esta nueva percepción literalmente lo había convertido en una nueva persona.
En soledad y siendo atacado por un misterioso asaltante que los comentaristas identifican como el malvado representante de Esav, Yaakov se da cuenta de que la única alternativa que tiene es luchar. Al final de una larga noche de lucha, Yaakov queda rengueando pero igualmente recibe una bendición. Ya no es el pisoteado Yaakov, desde ahora en adelante es Israel – “porque has luchado con Dios y con el hombre, y has prevalecido” (Génesis 32:29).
Yaakov recibió un golpe, pero ganó la batalla – la batalla sobre su previa falta de voluntad para entrar en combate. Yaakov ganó la victoria más grande – finalmente logró conquistarse a sí mismo.
Y, explican los comentaristas, si quedó rengueando, ¿qué tiene de malo? Eso sólo implicaba que nunca más podría huir de nadie ni de ningún lugar, ni siquiera de sí mismo.
Ahora bien, el cambio de nombre de Yaakov a Israel es distinto que el de Abram a Abraham. Una vez que Abram se convirtió en Abraham, nunca más fue llamado por su nombre original. Abraham identificó su nueva misión como “el padre de muchas naciones”, el primero en traer el monoteísmo a la conciencia del mundo. El cambio de nombre era absoluto.

La paz es el objetivo máximo. Pero hasta la era mesiánica, la guerra sigue siendo una desafortunada necesidad.

Sin embargo, incluso después de que Yaakov se convirtiera en Israel – cuando el pacifista se convirtió en guerrero – todavía seguimos encontrando en algunas ocasiones que es llamado por su nombre anterior. La razón es obvia. Es lo que fue declarado tan hermosamente por Salomón en el libro Eclesiastés: “Hay un momento para la paz y hay un momento para la guerra”. Ambos nombres son utilizados, ambas modalidades son empleadas.
La paz es el objetivo máximo. Pero hasta la era mesiánica, la guerra sigue siendo una desafortunada necesidad.
Nos encantaría poder imitar la manera de Yaakov, que se sentaba tranquilamente en su tienda dedicando su vida al estudio. Pero mientras haya gente como Esav, que amenaza nuestra existencia, sabemos que debemos adoptar la identidad de Israel y batallar contra nuestros enemigos.
Los macabeos entendieron esto. Mientras que seguramente hubiesen preferido llevar la pacífica vida de los sacerdotes, reconocieron la responsabilidad puesta sobre ellos por la amenaza de un ejército greco-sirio que buscaba su destrucción.
Por supuesto, los buenos niños judíos no quieren pelear. Esa no es nuestra manera. Pero el mundo necesita saber que somos la nación de Israel, defendiendo la tierra de Israel. Y, al igual que nuestro patriarca Israel, lucharemos para sobrevivir. Al igual que los macabeos, Israel irá a la guerra cuando sea necesario. Eso es porque amamos tanto la paz que estamos dispuestos a luchar por ella.
Y ese es uno de los mensajes contemporáneos de Januca.

Lea también esperanza en el infierno y 8 noches, 8 héroes

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5 comentarios

  1. ¿Y contra quien será esta guerra? ¿Cual es el enemigo al que hay que derrotar para asegurar la paz?

    • Te doy una pista (elegí una):

      1) Durán Barba

      2) Timón y Pumba

      3) Los ayatolás iraníes

      • Hice de buena fe una pregunta seria respecto a un posting que planteaba una cuestión también seria. Lamento que se me haya respondido con una chiquilinada y me pregunto porque publican algo en un blog abierto a comentarios si la respuesta a esos comentarios va a ser eso que digo, una chiquilinada torpe.
        Eddie

    • Contra todo aquel que ataque al Estado de Israel.

      El enemigo es todo aquel que crea que la intolerancia y el racismo son cosas sin importancia y que hay personas a las que se puede atacar impunemente por ser de otra raza, religión o cultura.

      Una actitud a lo “Gandhi” puede ser eficaz cuando el oponente tiene unos mínimos valores éticos, con todas sus marrullerias y prejuicios, los igleses en la India los tenían, Cuando se carece de ellos, cuando se considera que el otro ni siquiera es una persona, que cualquier abuso contra él está permitido e incluso es algo meritorio, como es el caso de hitlerianos o mahometanos, esa actitud es suicida, entonces el único camino que queda es la violencia en el grado que sea necesaria.

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