Sionismo como ideal de justicia. El enfoque de Jabotinsky.

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Sionismo como ideal de justicia. El enfoque de Jabotinsky.
Ezequiel Eiben
22/7/2015
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“Una de dos, o el sionismo desde un punto de vista moral es un fenómeno positivo o es negativo. Pero este problema debíamos haberlo resuelto antes de ingresar a este movimiento y si lo hicimos es porque vimos su aspecto positivo, es decir, vimos en él un factor moral, tendiente a un ideal de justicia.
Y si el ideal es justo, debe la justicia triunfar, sin tomar en cuenta la aprobación o desaprobación por parte de elementos ajenos”
[1].

Vladimir Jabotinsky era una figura imponente, y hacía gala de su imagen y personalidad mediante la impronta de sus textos. Uno de los escritos fundamentales del pensador judío es el citado ut supra. Allí, en La ética de la Muralla de Hierro, Rosh Betar aborda al sionismo desde un enfoque moral. Efectúa el planteo de opciones mutuamente excluyentes: el sionismo es moral, o bien es inmoral. Puntualiza que decidir sobre esa cuestión determinante era un primer paso, no algo a resolver sobre la marcha. Es decir, no había que sumarse al sionismo sin saber su significado moral y averiguarlo ya en el camino. Por el contrario, la evaluación del sionismo como fenómeno moral correspondía a un primer momento, y habiendo concluido que es positivo, ahí era correcto sumarse al movimiento.
El resultado final del análisis moral exhibía al sionismo como tendiente a la justicia. Como movimiento, estaba moralmente aprobado. Un estado para el pueblo judío en su patria ancestral, tras haber sido desposeído, perseguido, y asesinado en masa, constituía un ideal deseable para los sionistas que buscaban salvaguardar a su gente, reconstruir su hogar y reivindicar la dignidad que los enemigos trataban de quitarles.
Y si el sionismo era moral, era justo, debía llevarse adelante independientemente de la anuencia o venia de quienes no formaban parte de él. En el contexto de Jabotinsky (el texto es de 1933), el sionismo revisionista por él fundado pensaba en concretar los objetivos sionistas, aunque el Mandato Británico se mostrara renuente a cumplir con su propósito original de favorecer el establecimiento de lo que en el futuro cercano sería Israel; y a pesar de la oposición de los árabes que rechazaban el renacimiento de la soberanía judía sobre su tierra histórica. Más allá del contexto histórico concreto, la reflexión de Jabotinsky dejaba una enseñanza ética abstracta: la justicia debe prevalecer, aunque algunos no lo quieran; el justo debe obrar como es correcto sin que la desaprobación de los de afuera lo detenga.
El objetivo tan ansiado por Jabotinsky se alcanzó, aunque no pudo presenciarlo en vida: en 1948 el moderno Estado de Israel vio la luz de manera oficial. El sionismo del momento logró su cometido y los judíos volvían a gozar de la soberanía en la patria añorada.
Hoy en día, con Israel ya nacido y floreciente, ¿cuál es la manera de honrar al sionismo creador y fundador? Mantener a Israel con vida es una tarea de primer orden. Habiendo sido el movimiento sionista algo moralmente positivo, la concreción máxima de su meta es un resultado moralmente positivo. Justicia es que Israel exista, y justicia es que sea defendido para su conservación actual. Y si el ideal es justo, en palabras de Jabotinsky, debe la justicia triunfar. Israel debe triunfar, le duela a quien le duela entre sus detractores, lo desapruebe quien lo desapruebe entre los elementos ajenos. El contexto de hoy exhibe en su galería de enemigos a estados terroristas como Irán que amenaza con borrar a Israel del mapa, organizaciones terroristas como Hamas que lo atacan para sustituirlo por un estado palestino, la izquierda posmoderna mundial que lo descalifica permanentemente para socavar las mismísimas bases fundacionales del sionismo. La reflexión de Jabotinsky no resulta desfasada, y aún hoy incita a los israelíes y sionistas a no bajar la cabeza, no dejarse derrotar por los que embisten contra un ideal de justicia, y actuar por la senda del bien para cuidar lo que el sionismo conquistó actuando moralmente.
Por último, no hay que distraerse y en un descuido olvidar a quienes desde dentro del propio Israel, tratan de dinamitar la obra construida por el sionismo. Israelíes abiertamente anti-israelíes, rabiosamente anti-sionistas, partidarios de abolir o descuartizar al país judío, o de mantenerlo como un hecho lamentablemente consolidado pero acarreando sensación de culpa por ser malparido. Algunos hasta se escudan en banderas sionistas para darle a sus posiciones un halo de justificación al hablar desde una supuesta posición pro-sionismo. Ante esto, la defensa de Israel exige a sus representantes seguridad en sus principios, y no contradicción en sus premisas básicas. Si el principio es la protección del hogar de los judíos ante sus enemigos (internos o externos) y la conservación del logro sionista, pues se debe actuar sin concesiones para respetarlo. La existencia de Israel no es negociable; la auto-defensa necesaria para mantenerla, tampoco. Si se sostiene, como los judíos de la época que se sumaron al movimiento, que el sionismo es moral y tiende a la justicia, pues entonces no se debe albergar la contradicción que corroe los cimientos éticos al decir que la existencia de Israel incurre en la inmoralidad y la injusticia. Israel ha sido un proyecto moral y hoy es una realidad digna de admiración y reverencia. Horas y horas pueden pasar al calor de las discusiones sobre aspectos formales de Israel, como elementos de su configuración política, diplomacia y relaciones internacionales, estrategias militares, etc. Lo que no puede saltearse como enunciación básica y fundamental, es el derecho de Israel a ser. Aun en los casos donde el ataque proviene de un elemento interno que se autodenomina sionista para justificarse.
Vladimir Jabotinsky, gran pensador sionista y activista en pos de la justicia para el pueblo judío, legó una base ética para justificar el nacimiento y la preservación del Estado Judío. Honrar su memoria de la mejor manera no es solamente leerlo y recordarlo, sino hacer efectivo el cumplimiento de los requisitos para la existencia y defensa de Israel.

[1][1] La ética de la Muralla de Hierro, Vladimir Jabotinsky

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