Las idioteces útiles – De Peicovich, Muchnik, Forster y otros.

Les dejo el último artículo de Gustavo, publicado en JAI Uruguay

En un principio pensaba recortarlo, pero la verdad es que vale la pena leerlo todo.

En otro tema, espero que Assad sea lo suficientemente inteligente como para irse de Siria y refugiarse en algún castillo de Qatar por el resto de su vida, antes que echar mano del arsenal de armas químicas para que – lo que queda de – su  régimen  sobreviva unos meses más. Esto puede terminar mal, muy mal. Mientras los cráneos de los Servicios de Inteligencia se mantienen alerta y nos mantienen protegidos, desde acá seguiremos esperando la condena de algún ” progre humanitario” contra este dictador y su séquito de asesinos. Hola? Hay alguien?

Peicovich? Muchnik? Foster? Donde están?

Las idioteces útiles

Una respuesta al antiisraelismo de Peicovich/Muchnik/Forster

Nuestro título es cauteloso: optamos por un sustantivo abstracto, a fin de no rebajar la refutación que sigue a cuestiones personales. No venimos a descalificar a nadie por idiota, sino a desmentir sus idioteces.

Estamos sumidos en una guerra entre el medioevo y la modernidad. De un lado, sociedades que carecen de libertades individuales y violan los derechos humanos; en las que se decapita,
apedrea y flagela; en las que jóvenes son asesinadas por “honor familiar” y se prohíbe opinar.
Sociedades regidas por dictaduras, que habitualmente echan mano de la judeofobia para descargar sus propias miserias en el enemigo externo.
De este lado, la modernidad acosada, que ha producido personajes que se solidarizan con los retrógrados. Lo hacen por omisión, cuando eluden toda censura a los agresores, o por comisión, cuando en el marco de un conflicto arremeten contra una sola de las partes, y
siempre la misma.
Los partidarios de los trogloditas sirven fielmente las metas de éstos, aun si asuman curiosamente el nombre de “progresistas”. Otras veces se autodenominan “posmodernos”:
están más allá de la nunca agotada modernidad que nos ha provisto de la democracia, del imperio del raciocinio y de los derechos humanos.
Desde 1979, las fuerzas del medioevo se reconcentraron en Irán; a partir de 2007 también se apoderaron por la fuerza de Gaza, asesinando a decenas de palestinos que no respondían a sus
designios (como es habitual, nadie protestó contra aquella matanza, porque el objetivo ínsito en toda protesta progre no es defender a alguien –ni siquiera a los palestinos- sino culpar a un
grupo muy específico).
Que los retrógrados son judeófobos no es nuestra mera opinión; resulta de sus textos. La plataforma de Hamás exhorta a matar judíos por doquier.
Y también resulta de sus discursos: el vicepresidente de Irán acusó del tráfico de drogas “a los sionistas”, que absorben su misantropía “del Talmud”.
Los progres son acusados de ceguera ante las bombas y los misiles de los medievales; también son sordos ante las arengas de éstos, debido a su racismo humanitario que no les permite tomar en serio las bravatas de los islamistas fanáticos, y prefieren aceptarlas como una expresión de diversidad cultural. A ojos progres, los árabes son algo así como inimputables.
Si hacía falta una prueba más del vocabulario perverso de las idioteces útiles, la Operación Pilar Defensivo la proveyó.
En esta breve guerra, a diferencia de las anteriores, las naciones expresaron relativa comprensión por la necesidad de Israel de defenderse, después de miles de morteros que, durante meses y meses, mantuvieron a un millón de israelíes encerrados en refugios.
El Gobierno de Obama, cuya reelección los progres enarbolaron, se plantó firme del lado de Israel y su derecho a la autodefensa. La Unión Europea, habitualmente antiisraelí, en esta ocasión tuvo pronunciamientos comprensivos de Israel. Aun los árabes, palestinos incluidos, evitaron los mensajes de odio que en guerras previas destilaron contra el estado judío.

Es cierto que el Mercosur fue menos ecuánime, pero teniendo en cuenta que viene siendo secuestrado por el chavismo, es de apreciar que, aun cuando ni siquiera mencionó el derecho de los hebreos a defenderse, tampoco atacó a Israel.
En suma: en la reciente guerra pudo quedar bastante claro que Israel no tenía opción más que bombardear los lanzamisiles que venían hostigando a su población civil, a menos que optara por una operación terrestre que iba a cobrar muchísimas más vidas de ambas partes.
El grupo que no se avino a reconocer la agresión del Hamas, y que permaneció parapetado en su antiisraelismo, fue el de fabricantes de idioteces útiles, esos que abundan en los medios de prensa.
En la segunda quincena de noviembre, salieron publicadas en Buenos Aires tres notas en las que los autores quedaban trabados en sus dogmas, sin intención alguna de revisar si la realidad estaba contradiciéndolos. En los tres casos, la premisa incuestionable fue que Israel es malo.
Nos referimos, en orden de virulencia decreciente, a los artículos de Esteban Peicovich (Perfil, 19/11), Daniel Muchnik (Perfil, 25/11), y Ricardo Forster (Página/12, 23/11).

*****

En el primero, además de idiotez, hubo judeofobia monda y lironda. Sólo a un país en el mundo Peicovich llamaría “nazi”, atribuyéndole las intenciones más malignas y comparando a su jefe de

Gobierno con Hitler. Sólo a un país le tiene reservada semejante brutalidad: al país de las víctimas del nazismo. Peicovich no escribió sólo una idiotez sino una infamia, en la que habla de razas y de acervo genético, de locura y antisemitismo, todo ello concentrado en uno solo de los doscientos países: el judío.
Muchnik, por su parte, arguye que “Israel dice tener derecho a atacar”. Todo lo demás se deriva de esta malintencionada tergiversación. Porque en realidad el derecho que le asiste a Israel es a defenderse.
A esto siguen los dos habituales mitos de la ignorancia: 1) “la Shoá empujó a la creación de Israel”, que es como decir que el cáncer empuja a mejorar la salud del que lo padece. 2) Que “los árabes fueron desplazados”: curioso desplazamiento, teniendo en cuenta que la mayoría de ellos sigue en Israel, en donde son jueces, periodistas, parlamentarios, y constituye la única población árabe de Medio Oriente que ejerce derechos humanos.
El clímax de Muchnik llega cuando sentencia que “no hay pueblo judío”, debido a que hay judíos de toda clase. Su impecable lógica impediría la existencia de colectivos cualesquiera. Sospechamos que también entre los árabes y entre los mapuches hay diferencias.
Finalmente, Muchnik decidió compartir una duda existencial que sus lectores encontrarán cuando menos extemporánea: “¿qué me hace ser judío? No lo sé”.
Coincidimos con él: Muchnik no sabe. Quizás le habría valido aprender algo antes de escribir en un diario. Pero, como es sabido, sobre Israel se sienten libres de opinar aun los menos entendidos.
El cuento de Muchnik es que, en el inventado exilio, “los palestinos eligieron Líbano y Jordania”. Curioso.
Parece ser que el millón de árabes israelíes son fantasmas. Muchnik no ignora sólo qué es ser judío, sino también que los deportados fueron Arafat y sus huestes: no el pueblo palestino. Los terroristas de la OLP fueron los masacrados por Jordania, precisamente cuando se levantaron en armas con bombas y metrallas.
Sin embargo, para Muchnik, son los gobernantes israelíes quienes “se vanaglorian de ser belicistas,
omnipotentes, y soberbios, de un odio inconmensurable y racismo”. ¿Una sola cita, por favor, maestro Muchnik? ¿Podría usted dar una sola cita con la que podamos confirmar su propio odio antiisraelí? No.

Todas las diatribas habitan exclusivamente en la mente del difamador.
Cincuenta familias son las dueñas de la economía israelí, enseña Muchnik. No habrá contado las de Arabia Saudí ni de ningún país árabe, ni de ninguno de Latinoamérica, ni tampoco el hecho de que
el sistema social de Israel es uno de los más avanzados del mundo, así como la fortaleza de su clase media. “No sé”, pensará Muchnik, esperamos que con menos ganas de escribir.
El tercer servicio al medioevo lo prestó Forster, más sensato, pero mucho más soberbio aún, tanto, que desde un pedestal profético viene a predicar moral al pueblo de Israel (al único del mundo, se
sobreentiende, al que es indispensable dar lecciones morales).
Según Forster, “las virtudes de Israel son las de la sitiada Esparta. Su propaganda, su retórica del autoengaño”. No hay democracia, no hay Corte Suprema de Justicia, no hay prensa libre, no hay ciencia
de avanzada, ni Premios Nobel ni democracia vibrante ni universidades ejemplares en Israel. Su única virtud es la propaganda, que nunca compensará sus defectos: “pesadilla nacionalista, violencia brutal, sometimiento contra otro pueblo, pantano de los ideales, miseria moral”. Desde hace años que Forster repite la misma mentira, y ninguna evidencia lo hará morigerar la diatriba.
Recluta para su miopía a “Gershom Scholem quien, en los años previos al nazismo, eligió defender en Jerusalén la convivencia judeo-palestina”. Scholem no mencionó a los palestinos, señor Forster, porque los únicos palestinos de marras eran los judíos: Orquesta Filarmónica de Palestina, Diario de Palestina, Banco Palestino, todos judíos. Ni la ONU habló de “palestinos”.
La moral de Forster pareciera indignarse ante todos (o casi todos): “el ejército israelí mata, Hezbolá mata, Hamas mata, Siria mata, Irán mata”, pero saltea que el único que mata para defenderse es el
primero de la malintencionada lista.
Quedaron agradecidos al trío, los miles de medievales que bregan por liberar al mundo (liberarlo de Israel) y por obsequiar a la humanidad la imposición de la sharía. Agradecidos están, por la utilidad que
les dispensan los que no saben ni quieren saber.
Nuestro problema, empero, no son las idioteces útiles, sino el hecho de que las instituciones representativas de la comunidad no generan estrategias para lidiar con este problema. Que no se mosquean por el hecho de que los máximos líderes estudiantiles argentinos sean trotskistas furiosamente antiisraelíes que emergieron de los marcos comunitarios.
El medioevo siempre agradecido, y siempre activo en su arrasadora deslegitimación de uno, y solo uno, de los 194 Estados del mundo.

Cuando un mapa vale más que mil palabras

La tregua con Hamas: el desastre menos malo de todos

Sí, es verdad, la tregua con Hamas es un desastre. Israel, una democracia vibrante que logró florecer entre dictaduras pantanosas; que todos los días nos regala avances en todas las ramas del accionar humano; que sólo quiere vivir en paz con sus vecinos; que con este objetivo en mente les entregó territorios y riquezas; que a cambio de este gesto sólo recibió más muerte y destrucción; que tiene la capacidad militar para mandarlos a todos a la pre-historia; es la misma Israel que se rebaja a negociar con un puñado de trogloditas aspirantes a genocidas  para firmar una tregua que pasará a la historia como otra oportunidad desperdiciada para derrotar a nuestros enemigos, en un acuerdo auspiciado por el mismo Obama que nos pidió volver a las fronteras del 67, y donde los intermediarios son los islamo-fascistas que gobiernan en Egipto.

Caroline Glick y Martin Sherman, dos columnistas del Jerusalem Post, desarrollan esta visión en sus respectivos artículos.

No obstante, en algún momento el intelectual debe ponerse el sombrero del político e imprimirle pragmatismo a sus opiniones, si realmente quiere construir un mensaje que tenga un efecto transformador. Hacemos eso o hacemos catarsis con el teclado, pero no podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo.

En este caso, la pregunta pragmática es: ¿Cuál era la alternativa a una tregua?

Israel sabe donde se esconde Hamas. Todos sabemos donde se esconde Hamas. Sabemos que, por ejemplo, disparan misiles en los subsuelos de los hospitales. En esos casos, si Israel quiere eliminar a los terroristas tiene dos opciones: bombardear el hospital hasta que no quede nada o lanzar una incursión terrestre.

¿Queremos bombardear el hospital?

Me parece que ninguno de nosotros daría esa orden, ni siquiera los que me desmienten desde una computadora. No porque Israel no tenga derecho — está claro que Israel tiene la obligación moral de proteger a sus ciudadanos y que Hamas es responsable por los muertos desde el momento en que los usa como escudos humanos –, pero no daríamos la orden porque nosotros valoramos la vida. Así de cursi y de sencillo. Ergo, la única alternativa viable que nos queda es entrar por tierra y enfrentar a los terroristas.

Los analistas militares coinciden en que para derrotar al Hamas de una vez por todas, Israel necesita tener una presencia militar en Gaza durante 4 meses como mínimo. ¿Es hoy el momento de emprender esta iniciativa militar?

Primero, tenemos que pensar si el estado actual de la guerra justifica asumir el riesgo de que 75 mil reservistas israelíes crucen la frontera de Gaza. Segundo, tenemos que analizar cuáles serían las implicancias estratégicas de optar por este camino (a mi no se me ocurre un regalo mejor para Irán, por ejemplo). Tercero, no podemos olvidar las repercusiones diplomáticas y mediáticas que dicha contienda tendría (más allá de si acordamos con las premisas de los que van a criticarnos). Cuarto, tenemos que evaluar cuántos miles de millones de dólares vamos a tener que destinar para determinar si, desde un punto de vista financiero, hoy es el mejor momento de entrar en Gaza o conviene esperar. Cuarto, si aprendimos algo de la guerra entre USA e Irak, tenemos que delinear una estrategia de salida.

Estas son solo algunas de las consideraciones que debe tener el buen político en este tipo de situaciones. Creería que los líderes israelíes evaluaron la situación en base a la información con la que cuentan y concluyeron que era preferible realizar una tregua. Además, si Bibi logró que Obama se comprometa a desplegar militares en la la frontera entre Egipto y Gaza para bloquear la infiltración de armas (como puede leerse en DebkaFile), entonces Israel no solo le infligió un daño psicológico y militar al Hamas con todos los terroristas asesinados e instalaciones gubernamentales destruidas, sino que con la ayuda de USA va a impedir que Hamas pueda recuperar su arsenal en el corto o hasta mediano plazo.

Sí, la tregua pudo haber sido un desastre, pero tal vez fue el desastre menos malo de todos.

El miedo a hacer Hasbará

Como comenté en mi otro post, durante los últimos días estuve leyendo bastante los comentarios u opiniones que compartió la gente en las Redes Sociales con respecto a la guerra entre Israel y Hamas, y confieso que me llevé una grata sorpresa por la cantidad de personas que salieron a poner la cara por Israel, aunque más no sea de forma virtual.

Pero deberíamos ser más, muchos más. Israel está viviendo un momento crítico en su historia, y cada uno debería aportar su granito de arena para apoyarla desde donde pueda. A grande rasgos, hay dos obstáculos que impiden actuar: miedo e indiferencia. Con la indiferencia no hay nada que hacer. Cada uno es libre de dedicarle su tiempo libre a lo que quiera. Eso sí, cuando la realidad te toque la puerta (ej: tu hijo te dice que quiere hacer Aliyah para enlistarse en el ejército israelí), no te enojes con Israel por habértelo “robado”, como hacen algunos.  Enojate con sus enemigos, que gracias a la indiferencia de muchos pueden seguir asesinando con impunidad.

Con el miedo sí hay cosas para hacer, porque en la mayoría de los casos está fundamentado en prejuicios que terminan siendo completamente erróneos. A continuación voy a enumerar una lista de prejuicios que se pueden cruzar por la cabeza a la hora de hacer hasbará, y explicarte porqué no se corresponden con la realidad. Aclaro: no escribo desde una posición de “experto” ni muchos menos, sino basándome en mi experiencia personal. Acá va una lista:

No quiero quedar mal con compañeros de la facu, amigos, etc.

Realidad: al menos que alguno de ellos sea judeófobo, no vas a quedar mal con nadie por mostrar la realidad. A la mayoría de tus “amigos virtuales” no les interesa lo que escribís, pero va a haber una minoría que va a estar de acuerdo con vos, y por dentro te van a agradecer que hayas subido eso a tu muro.

No quiero ser visto como  “El/La sionista”.

Realidad: esto es ridículo. Al menos que las 24 horas del día estés subiendo material sobe Israel, nadie te va a ver de esa forma. Es más, muchos van a conocer una faceta “política” tuya que anteriormente desconocían. Por otra parte, ¿Qué tendría de malo eso? Sí, soy sionista,  ¿Cuál es el problema?

–  No quiero quedar mal con mi jefe.

Realidad: aunque tengas a tu jefe en Facebook, lo más probable es que no esté todo el tiempo viendo lo que escribís. Como fuera, a tu jefe no le voy importar lo que escribas o compartas en tu muro de Facebook. Le va a importar como trabajes.

No quiero pelearme con nadie.

Realidad: no tenes que pelearte con nadie. Si algún judeófobo te responde un texto enorme, podes decirle: “El Hamas dice que quiere asesinar a todos los judíos, y por eso dispara sus misiles apuntando hacia civiles israelíes mientras se esconde detrás de civiles palestinos. Israel tiene la obligación moral de defenderse.” O simplemente podes responderle: “No tengo tiempo para contestarte, estoy escribiendo una carta donde explico porqué Israel tiene derecho a defenderse”. O podes eliminarlo del Facebook y listo.

Por último, es muy gratificante encontrase físicamente con una persona y que te diga: “el otro día leí lo que escribiste, y estoy completamente de acuerdo con vos”. Esos son la mayoría, aunque algunos medios nos quieran hacer creer lo contrario.

Los límites de la buena fé

Durante los últimos días estuve leyendo bastante los comentarios que deja la gente en Facebook con respecto a la guerra entre Israel y Hamas. Calculo que ustedes también. Leí a los que apoyan a Israel (la inmensa mayoría), a los que le rezan a la “paz”, a los que cuestionan al Estado judío con buenas intenciones, etc.  Y una de las conclusiones a las que llegué es que me resulta cada vez más difícil distinguir la linea entre un comentario “desinformado” (producto de la ignorancia) y uno con olor a judeofobia (producto del odio), si es que dicha linea todavía existe.

Primero, si sos ignorante, lo más prudente es callarte la boca en lugar de cuestionar a uno — y solo uno — de los bandos.

Pero segundo y fundamental, dejé de creerte que la ignorancia es tu problema. Seamos francos: es una certeza estadística que a esta altura del partido viste alguna foto como esta:

Es una certeza estadística porque la información es cada vez más accesible para todos. Si el medio de comunicación que voluntariamente elegís no te la muestra, es muy probable que alguno de tus contactos la haya subido a su muro de Facebook. Si no tenes Facebook, siempre te queda la opción de buscar la palabra Hamas y entrar a Wikipedia para saber quiénes son los enemigos de Israel. Si no te gusta leer,  podes elegir un canal más didáctico como Youtube, donde vas a encontrarte con videos como este:

Aun así, obviando todos los recursos que te provee la web 2.0 para conocer la realidad,  preferís retar a la democracia hebrea o realizar una equivalencia moral entre su derecho a la autodefensa y el impulso destructivo de sus enemigos.

Los límites de la buena fe empiezan cuando la ignorancia es una elección.

Hoy en día, la ignorancia es una elección, ni más ni menos.

Ahmed Jabari – Eliminado

 

 

 

 

 

 

 

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Espero que el próximo que salga en la foto sea Ismail Haniyeh.

¿Domingo histórico?

Este domingo puede pasar a la historia como el día en que comenzó la muerte — y toda muerte es un suicidio, decía Schopenhauer — de la izquierda fascista en América Latina.

Fuerza Capriles!

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