Una respuesta (mas) sobre el “poderosisimo lobby judio en Estados Unidos”

Ante la rapidez demostrada por los editores europeos de editar el libro de los Prof. Walt y Mearshimer: Lobby de Israel y la Política Exterior estadounidense, David Harris escribe esta excelente pieza dejando en claro y respondiendo varios puntos que plantea el libro mas arriba meniconado, a continuación un extracto del artículo. Recomiendo su lectura completa:

¿Dígame el secreto?, me preguntan mis amigos europeos, espoleados por la notoriedad inicial del libro. ¿Cómo ha logrado “el Lobby” imponer los objetivos de Israel en Washington, contra “los verdaderos intereses de EEUU”, hasta “conducirlo” a la guerra en Irak?

Esperen un segundo, les contesto. Les responderé paso a paso.

Primero, la palabra “lobby” no es peyorativa. Hay miles de lobbys que orgullosamente representan todo tipo de intereses imaginables. Ellos son un pilar de la arena política pública. Alexis de Tocqueville, en su magistral “Democracia en América”, escrita hace 170 años, observó el papel clave desempeñado por las asociaciones voluntarias en la vida pública de la joven nación.

Segundo, entre los lobbys están también aquellos que representan los intereses árabes. Bien financiados, depositan gran confianza en los bufetes de abogados, en los equipos de relaciones públicas, en ex-diplomáticos, en antiguos legisladores, y en oficinas corporativas disponibles para ellos. Y a estos lobbys pro-árabes están afiliados un número creciente de organizaciones árabes y musulmanas de los EE.UU que, como otros grupos, procuran influir en la toma de decisiones y en la opinión pública.

Tercero, no hay un lobby de Israel, lejos de ello. ¿Si existen bromas sobre “dos judíos, tres opiniones”, entonces, por qué debería ser diferente cuándo se refiere al Oriente Medio? Hay grupos activos a la izquierda, en el centro, y a la derecha, cada uno tentando convencer a los legisladores para que sostengan sus particulares puntos de vista. ¿Unos son más grandes y están mejor organizados? Sí, reflejando la realidad de la comunidad judía.

Cuarto, aquellos europeos que desacreditan el poder de los lobbys en Washington, y sobre todo de aquellos que no les gustan, deberían mirar su propio patio trasero.

Bruselas se ha hecho un imán para, literalmente, miles de grupos de presión impacientes por influir en el pensamiento de los eurócratas de la ciudad y de lo expertos en estrategia parlamentaria.

Quinto, los judíos comprenden el 2% de la población americana. Incluso si cada judío estuviera alineado con Israel, algo tan probable como que todos los americanos voten a favor del mismo candidato en las siguientes elecciones, no bastaría para poder explicar el fuerte apoyo de Washington, aunque de ningún modo incondicional, a Israel. Lo que muchos dejan de entender es que la narrativa de Israel, por muchos motivos, ha captado la imaginación de los americanos. Esta es su amplia base de apoyo, no las morbosas teorías de conspiración, la que en última circunstancia explica la posición de EEUU.

Sexto, según las encuestas, los motivos claves del apoyo a Israel incluyen el compromiso de Israel por la democracia, su fiabilidad como aliado, su determinación y sus agallas para defenderse contra aquellos que le intentan destruir, sus contribuciones a la civilización humana, y, lo que no es lo menos importante, la renovación dramática del estado judío después de casi 1.900 años en el exilio.

Séptimo, la mayor parte de los americanos tampoco están tremendamente impresionados con los argumentos contrarios. Durante décadas, los palestinos han estado del lado de los mayores enemigos de EEUU. El terrorismo contra objetivos americanos, desde embajadores a aviones de pasajeros, no les han propiciado el cariño del pueblo americano. Los americanos, que construyeron una sociedad pionera frente a interminables privaciones, han tenido una gran dificultad a la hora de identificarse con aquellos que languidecen durante décadas en campamentos de refugiados mantenidos por la comunidad internacional, en vez de empezar a construir sus nuevas vidas. Los americanos creen que Israel tiene un ansioso y profundo deseo de paz, pero se asombra ante el compromiso de los palestinos.

Les sorprende la ausencia de valores democráticos básicos en todo el mundo árabe, incluso de los derechos de las mujeres, los cristianos y otras minorías religiosas, y el imperio de la ley, y todo esto tampoco les ha ayudado a ganar amigos entre los americanos.

Cuando Arabia Saudí, por ejemplo, lanzó una campaña en los medios sobre los valores compartidos entre Riad y Washington, se hizo complicado vender un país que no deja a las mujeres conducir y que mantiene al cristianismo oculto.

Octavo, cuando mis amigos europeos insisten, ¿”y la alianza profana entre los judíos americanos y la derecha religiosa, de la cual forma parte el presidente Bush”? ¿No explica la verdad del lobby? Les respondo: muchos en la derecha religiosa apoyan realmente a Israel, pero para ello no necesitan a los judíos americanos para persuadirlos. Ellos tienen sus propios motivos. Y se expresan cuando originan, el visto bueno de algunos judíos americanos y la consternación de otros.

Leer artículo completo

Social Bookmarks:
A %d blogueros les gusta esto: