¿Por qué no podemos confiar nuestra seguridad ni siquiera a verdaderos amigos como Obama, Merkel o Stephen Harper?

El mundo libre permaneció indiferente ante el horrendo exterminio

Por Guideón Hausner, fiscal en el proceso contra Adolf Eichmann*

new holocaust

Tal como hacemos todos los años, nos hemos reunido para honrar la memoria de nuestros mártires sagrados, extraer las enseñanzas del Holocausto y recordarle al mundo su culpa.

El peligro que acechaba a los judíos de Europa era evidente desde los primeros días de la llegada del nazismo al poder. Hitler rechazó incluso el pedido del presidente de Alemania, mariscal Hindenburg, quien había rogado que se apiadara de los judíos lisiados, veteranos de la Primera Guerra Mundial.

El mundo vio el peligro y guardó silencio, tal como lo guarda hoy cuando mortíferas armas sofisticadas de Alemania están a punto de pasar a las manos de los enemigos de Israel. Si el mundo libre hubiera tomado en serio la obvia amenaza de Hitler, habría preparado a tiempo refugios para la corriente de refugiados y habría asumido públicamente la defensa de los judíos. Disponía de medios de transporte, millares de refugiados polacos fueron transportados por el largo camino de la Unión Soviética al Golfo Pérsico.

Pero el mundo libre no quiso transportar a los refugiados judíos: ni antes del Holocausto, ni en las horas de peligro y tampoco después del desastre. Aunque ya se tenía la plena convicción de que sólo la adopción de medidas de represalia podría atemorizar a los nazis, aunque ya no se dudaba de la necesidad de recurrir a los bombardeos áereos de represalia– tal como habían hecho las potencias aliadas después del bombardeo de las ciudades de Inglaterra–, los países de Occidente todavía se rehusaban a prestar su cooperación. El bombardeo de Auschwitz era factible desde las bases aéreas en Italia, pero los aliados se negaron a hacerlo, a pesar que no les faltaron aviones para atacar las instalaciones de Szebnie, situadas a sólo 20 kilómetros de distancia de Auschwitz, mientras los confinados en el campo de exterminio lo veían con sus propios ojos.

La Conferencia de Evián, en 1938, fue convocada para encontrar lugares que sirvieran de asilo para los refugiados. Pero fue una conferencia ilusoria, una cruel burla que, desde un principio, trató de engañar al mundo y que fracasó aún antes de haber comenzado. Las cuotas de inmigración a los Estados Unidos se hallaban en ese entonces en manos de un fascista antisemita–el subsecretario de Estado, Breckinridge Long– quien adoptó todas las medidas posibles para impedir la entrada de refugiados judíos en los Estados Unidos, aunque fueren niños. Atemorizó a Norteamérica con cuentos fingidos sobre presuntos espías que se podrían introducir subrepticiamente entre los refugiados y declaró también que ni siquiera se dejaría llegar paquetes con comestibles a los campos de concentración, pues ello significaría liberar a Alemania del “deber” de alimentar a los cautivos. Long rechazó una propuesta de permitir la entrada de 20.000 niños judíos en los Estados Unidos. Hitler afirmaba entonces, muy ufano, que los países de Occidente simulaban conducirse con rectitud, pero en realidad no movían un dedo para ayudar a los judíos. Lamentablemente tenía razón al respecto. Roosevelt no planteó en ninguna conferencia internacional la cuestión de los refugiados como problema de urgencia: no lo hizo en Casablanca (enero de 1943), en Quebec (agosto de ese mismo año), Moscú (octubre de 1943), Teherán (noviembre de 1943), y tampoco en las conferencias de Yalta y Potsdam.

No fue una necesidad de la guerra lo que impidió la salvación de los judíos de Europa, sino la falta de interés. Roosevelt levantó una pared de papel frente a la obsesión que se había posesionado de Hitler, la de exterminar a los judíos. La actitud de los Estados Unidos hacia el rescate de judíos no pasaba de ser un palabrerío vano. James MacDonald, comisionado a cargo de los refugiados, declaró aún antes de la guerra, que no creía que los judíos norteamericanos no pudieran salvar a sus hermanos de Alemania.

También otros países amigos se rehusaron a prestar ayuda. Después de la guerra se le preguntó a un alto funcionario de Canadá cuántos refugiados recibiría su país. Su respuesta fue inequívoca: “Si dijera ninguno, sería también demasiado”.

La suerte que corrieron dos familias de Bratislava–Cohen y Landau– fue elocuente y típica de esos tiempos. Tenían derecho a visas de entrada en Canadá, pues eran agricultores de buena posición, adinerados, pero sus solicitudes de ingreso fueron rechazadas; sin embargo se les aconsejó volver a presentar su solicitud, aunque a título de “cristianos”. Hicieron caso y a los dos meses ya se hallaban en viaje hacia la libertad.

Jan Karski, delegado de la “Organización de resistencia clandestina polaca”, fue recibido en audiencia por el Presidente Roosevelt y éste le dijo que no entreveía ninguna posibilidad de salvar a los judíos hasta después de la victoria. Sobre ese trasfondo se puede comprender el paso dado por Szmul Zygielbojm, miembro del Consejo Nacional Polaco, que se quitó la vida. Antes de suicidarse, en una carta postrera, escribió: “No puedo guardar silencio mientras los remanentes del judaísmo polaco, a quienes represento, son asesinados. Con este acto quiero expresar mi más enérgica protesta contra la indiferencia del mundo, que permite el exterminio del pueblo judío”.

Nosotros, la generación posterior al Holocausto, hemos aprendido la lección. No podemos confiar en nadie, sólo en nosotros mismos.

Desbarataremos a tiempo todo intento de liquidar al Estado de los sobrevivientes.

* Artículo publicado en 1984 (cualquier semejanza con la actualidad es pura coincidencia)

Del Jerusalem Post:

‘Irán definitivamente usaría un arma nuclear contra Israel’

En una entrevista exclusiva con el Canal 2, Mohammed Razza Hidari, ex-diplomático iraní dice que si se le permite a Teherán ganar más tiempo, podría tener el conocimiento necesario para armar una bomba nuclear en un año; agrega que Venezuela provee a la República Islámica de uranio.

Si Irán fabrica una bomba nuclear “definitivamente la usaría contra Israel o cualquier otro Estado enemigo”, dijo un ex-representante del Ministerio de Exteriores iraní en una entrevista exclusiva transmitida el viernes en el Canal 2 de la televisión israelí.

“El régimen [iraní] piensa que si tiene varias bombas atómicas, tendrá garantizada una póliza de seguro”, dijo Mohammed Razza Hidari. “Ellos creen que si tienen un arma nuclear, el mundo los trataría de la forma que lo hace con Corea del Norte”.

También advirtió que si a Irán se le permite andarse con rodeos por más tiempo, “tendrán el conocimiento para armar una bomba nuclear en menos de un año”.

Hidari, que también fue designado para trabajar en el Aeropuerto Internacional de Teherán y supervisó muchos vuelos entrantes, le dijo a Enrique Zimmerman del Canal 2 que Venezuela provee uranio para el programa nuclear de Irán.

“Venezuela compra armas de criminales y las envía a Irán”, dijo Hidari al Canal 2. “Entre otras cosas que transporta Venezuela, se incluye por ejemplo uranio comprado a organizaciones mafiosas y enviadas a la República Islámica”.

Durante su estadía en el aeropuerto, Hidari vio “muchos grupos y hombres del Hezbollah que fueron a Irán para adquirir conocimiento, entre otras cosas”.

También reveló que los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria de Irán están en contacto con organizaciones terroristas en Irak y Afganistán, ligadas al Talibán y Al-Qaeda.

Hidari también sirvió como enviado iraní en diferentes países, entre ellos Georgia y Noruega. Allí trabajó para reclutar científicos nucleares occidentales prometiéndoles un salario enorme.

Hace dos años, Hidari desertó luego de ver cómo el régimen de Teherán suprime las protestas de oposición masacrando a sus ciudadanos, por lo que escapó y pasó a la clandestinidad en Oslo, donde vive escondido y trabaja para derrocar al régimen islámico en Irán.

“Occidente debería imponer sanciones políticas a Irán, tales como cerrar todas las embajadas iraníes y no permitir que ministros iraníes visiten otros países, como se hizo con el régimen del Apartheid”, concluyó Hidari.

Comentario de Jabotito:

Ahmadinejad niega la Shoá, mientras amenaza e intenta llevar a cabo una nueva. Al hablar un inglés fluido, tengo la ventaja de poder comunicarme bastante seguido con muchos iraníes en Internet y les puedo asegurar que una proporción enorme de ese pueblo recuerda con nostalgia los días en que el rey persa Ciro el Grande permitió a los judíos retornar a su capital, ellos están más ansiosos que yo por derrocar al régimen ayatolá y reestablecer en su país una República laica y democrática que libere a sus ciudadanos. Y si bien Irán tiene la peor reputación en el mundo, todavía le queda unos pocos aliados. Son los mismos que quieren minimizar la tragedia del Holocausto, restarle importancia, decir que fue hace muchos años y es un invento de los judíos para controlar el mundo. Lo se porque leo permanentemente lo que escriben sus partidarios en la web. Regímenes como el de Irán y Venezuela pronto descubrirán que la voluntad judía por sobrevivir es más fuerte que todas sus artimañas, propaganda e intentos encubiertos por destruir a Israel. Espero que paguen el precio con intereses y, como les gusta decir a ellos, desproporcionadamente.

También del JP:

“Vivimos en un mundo lleno de prejuicio y violencia. Un mundo en el cual el antisemitismo es patrocinado, extendido y difundido por gobiernos, clérigos, y profesores,” dijo el embajador israelí en la ONU.

Allan J. Jacobs, presidente de B’nai B’rith Internacional, advirtió que los negacionistas seguirán existiendo mientras el tiempo pasa y más testigos del horror van falleciendo. “Sabemos que esto va a pasar,” dijo Jacobs. “Ciertamente existe una dicotomía. Y seguiremos luchando contra ella en cada escenario que podamos, incluyendo la ONU“.

El momento más ruidoso vino en forma de aplauso gigante al final del discurso de Prosor:

“De las colinas de Jerusalén, a los campos de Treblinka, a los pasillos de las Naciones Unidas,” declaró Prosor, “nosotros decimos — como hemos hecho por cientos de años antes, y nuestros hijos dirán después de nosotros — Am Israel Jai. El pueblo de Israel vivirá”.

La mejor contribución de George Orwell a desenmarañar la judeofobia la formuló en el contexto de su crítica al pacifismo. En su ensayo Reflexiones acerca de Ghandhi sostiene Orwell que Gandhi nunca percibió la naturaleza brutal del totalitarismo y por ende suponía toda lucha como una extrapolación de su propia disputa con el Imperio Británico. En dicho ensayo, Orwell incluye una específica mención de los judíos, en forma de una de las preguntas incómodas que hoy saltean quienes se oponen a un posible ataque contra el régimen de los ayatolás iraníes. Decía Orwell en 1949:

Con respecto a la última guerra, una pregunta que todo pacifista tenía una clara obligación de responder era: “¿Y qué de los judíos? ¿Está usted dispuesto a que se los extermine? Si no lo está, ¿cómo propone usted que se los salve sin recurrir a la guerra?”

Debo decir que nunca escuché una respuesta honesta a esta pregunta por parte de un pacifista occidental, aunque escuché muchas evasivas. A Gandhi se le preguntó algo similar en 1938 y su respuesta está incluida en “Gandhi y Stalin” de Louis Fischer: “Los judíos alemanes debían cometer suicidio colectivo, lo que habría levantado al mundo y al pueblo alemán contra la violencia de Hitler”.

Después de la guerra, Gandhi se justificó: “los judíos habían sido de todos modos asesinados, así que podrían haber muerto de modo significativo”.

Para los judíos, la pregunta que formulaba Orwell acerca de la Segunda Guerra contra el nazismo no es diferente de la de ahora en la Tercera Guerra Mundial contra el islamismo. La autocracia iraní amenaza con una “tormenta islámica que derribará al pútrido árbol del país sionista” y, pese a las advertencias de la comunidad internacional y las sanciones económicas de las grandes potencias, continúa impertérrita hacia la obtención de armas nucleares. Por ello los pacifistas deberían responder a la pregunta: “¿Está usted dispuesto a que se borre a Israel del mapa con armas atómicas? ¿Otra vez seis millones de judíos exterminados? Si no lo está, ¿cómo propone usted que se los salve sin recurrir a la guerra?”

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