Preocupante

Londres está mediando en conversaciones indirectas entre EE UU y Hezbollah, principalmente para cooperar en la lucha contra Al-Qaeda, en favor de la estabilidad regional y otros asuntos de la política libanesa e internacional… ¿Qué demonios está planeando Obama?

Anuncios

Munich y Ginebra

Aclaración: Este artículo fue publicado poco antes del acuerdo firmado en Ginebra entre Irán y el grupo P5+1, pero claramente mantiene su vigencia

Por Jaime Einstein

Chamberlain Kerry Zarif Hitler 611

En septiembre de 1938, las grandes potencias mundiales se reunieron en Múnich para discutir una crisis fomentada por Adolfo Hitler con la única democracia existente en el centro de Europa, Checoeslovaquia.

Checoeslovaquia, creada después del colapso del Imperio Austro-Húngaro al terminar la Primera Guerra Mundial, era un estado plurinacional y democrático. Dentro de sus fronteras vivían unos 3 millones de alemanes étnicos, que gozaban de ciudadanía checoeslovaca y de representación en el Parlamento de Praga. Todos los vecinos de Checoeslovaquia eran dictaduras de derecha, simpatizantes ideológicamente con la Italia fascista y la Alemania nazi. Varios de estos vecinos tenían reclamaciones territoriales y étnicas contra la democracia en Praga, pero estaban disuadidos a hacerlas valer debido a que los checoeslovacos poseían uno de los ejércitos más eficientes y bien armados del área centro-europea. Además, los checoeslovacos tenían un acuerdo de alianza con Francia, que a su vez era aliada del Reino Unido.

Hitler organizó a los alemanes dentro de Checoeslovaquia en un fuerte partido nazi local… se inventó una entidad étnica ficticia, los “Sudetes” Alemanes (hasta que los nazis crearon esta categoría, los habitantes de las zonas fronterizas entre Bohemia, hoy República Checa, Austria y Alemania, eran simplemente “alemanes ciudadanos checoeslovacos”). Estos “Sudetes” comenzaron una campaña a favor de “reunificarse” con sus hermanos germanos en Alemania y Austria (esta última ya había sido anexionada al Reich Nazi).

Checoeslovaquia y su presidente, Edvard Beneš, amparados en sus fuerzas armadas y su alianza occidental, rehusaron ceder ante las presiones germanas. No iban a conceder un ápice de su territorio o soberanía nacional. La defensa de todo el país dependía de las fortificaciones fronterizas con los nazis, ceder esos territorios dejaría al país inerme y causaría su desmembramiento.

Las fuerzas de seguridad de Praga se movilizaron contra los agitadores “sudetes”, encarcelando a muchos de ellos. Hitler amenazó con invadir Checoeslovaquia para “proteger los legítimos intereses de los oprimidos alemanes sudetes”.

Los generales alemanes estaban consternados con estas amenazas, sabían que Alemania todavía no estaba lista para una guerra mundial, ya que la alianza entre Praga y París hubiera provocado una conflagración global. Es más, las propias fuerzas armadas checoeslovacas hubieran representado un fuerte desafío a Alemania. No hay duda de que los nazis, eventualmente, habrían triunfado si invadían a su vecino democrático, pero no hubiera sido un paseo. Los tanques checoeslovacos eran mejores que los alemanes, y la fuerza aérea de Praga era eficiente y moderna.

Las potencias occidentales, el Reino Unido y Francia, aunque más fuertes que el estado nazi, estaban aterrorizados ante la idea de ser arrastrados a otra guerra mundial. Las horripilantes pérdidas causadas por la Primera Guerra Mundial y la aún imperante crisis económica mundial, servían de motivación para tratar de apaciguar al dinámico y resurgente gigante teutón. Hitler era un excelente jugador de póker político y un matón por excelencia. Nadie hacía mejores faroles que el Führer.

Amedrentado, Neville Chamberlain, premier británico, se reunió con su colega galo, Daladier, y acordaron en reunirse con Alemania nazi y la Italia de Mussolini en Múnich. Checoeslovaquia ni siquiera fue invitada a esta cumbre en la que su futuro sería decidido por las potencias, incluyendo a sus “aliados”.

Checoeslovaquia fue vilmente traicionada en Múnich. Sus “aliados” anglo-franceses cedieron ante todas las demandas de Hitler y acordaron en que las zonas “sudetes” fronterizas entre Bohemia, Alemania y Austria deberían ser cedidas a los nazis, en nombre del “derecho a la autodeterminación” de sus habitantes germanos. Chamberlain regresó a Londres, con su paraguas en una mano y en la otra el papelillo firmado por Hitler, que prometía que ya no tenía más ambiciones expansionistas. El apaciguador británico declaró “peace in our time” (“paz en nuestro tiempo”).

Las intenciones “pacíficas” de Alemania e Italia se lucían en España. La Guerra Civil española todavía seguía derramando sangre por toda la Península. La Legión Cóndor nazi y el ejército italiano de Mussolini continuaban sus operaciones militares contra una República española que colapsaba, sin ayuda de las democracias.

La República checoeslovaca tenía dos opciones, ambas terribles. Podían negarse a aceptar el dictado de Múnich y resistir por las armas contra una segura invasión nazi o claudicar ante la presión internacional, y contemplar la destrucción del país. El traicionado presidente Edvard Beneš sabía perfectamente que su país tendría que luchar solo, sin aliados. Hitler usó sus conexiones con el partido nacionalista eslovaco en Bratislava, a la sazón dirigido por un cura clérigo-fascista, el monseñor Tiso, para provocar la secesión de Eslovaquia, como “estado independiente”, aliado a Alemania. Polonia y Hungría se disponían a cortar jugosas lascas de su desafortunado vecino.

Beneš renunció y se marchó al exilio. Checoeslovaquia cesó de existir. Menos de un año más tarde, Hitler se olvidó del papelito firmado con Chamberlain, invadió a Polonia y comenzó la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué tiene que ver el malhadado acuerdo de Múnich de 1938 con la reunión de cumbre en Ginebra, entre Irán, los EEUU, el Reino Unido, Francia, Rusia, la Unión Europea y Alemania? Pues mucho más de lo que parece a simple vista.

En ambos casos, en la Europa Central de los 1930 y en el Oriente Medio de nuestros días, sólo existía una entidad democrática: Checoeslovaquia en Europa central, Israel en el Levante. Ambos países han compartido la desdicha de estar rodeados de dictaduras hambrientas de poder y expansión. Ambas naciones han tenido que enfrentar el reto de convivir con ideologías totalitarias, opresoras y asesinas: el nazismo alemán y el islamismo. En ambos casos el mundo estaba sumido en una depresión económica y las democracias dirigidas por líderes claudicantes y apaciguadores.

Nadie estaba dispuesto a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Hitler y Mussolini eran ampliamente admirados por numerosos intelectuales y movimientos populistas en casi todo el “mundo civilizado”. Los que no admiraban a los dictadores de la derecha, admiraban al igualmente asesino y sangriento Stalin, que mataba a sus millones de conciudadanos en el “paraíso del proletariado” que era la U.R.S.S. Muy pocos europeos sentían afinidad por la aislada democracia checoeslovaca. El totalitarismo era visto como “la ola del futuro”. La democracia era considerada caduca y aberrante. Cualquier parecido con la simpatía de la “progresía” occidental de hoy día por los movimientos islamistas no es pura coincidencia. El paralelo entre el crecimiento masivo de los grupos “populistas” en Europa y los EEUU hoy día con los pujantes partidos fascistas en la década de los 30 del siglo pasado tampoco son casualidades.

Motivado por su hambre expansionista, Hitler creó una etnia inexistente… los “alemanes sudetes”. Esta creación ficticia tenía un propósito, liquidar a la democracia checoeslovaca. Cualquier parecido entre este engendro hitleriano, y la súbita apariencia de un “pueblo árabe palestino” después de la Guerra de los Seis Días en 1967 tampoco es una coincidencia… ya lo decía el sabio Salomón, no hay nada nuevo bajo el sol.

En nuestro flamante siglo, el tristemente recordado Mr. Chamberlain se ha reencarnado en el Secretario de Estado de los EEUU, John Kerry (sin el paraguas, que sepamos). Este acaudalado caballero de Massachusetts aparentemente considera que ha llegado el momento de forzar al muy molesto estado de Israel a llegar a “un acuerdo de paz” con los sudetes de hoy día, los árabes “palestinos”. En su afán de liquidar este “gravísimo problema”, el señor Kerry hace la vista gorda a las masacres de la guerra civil en Siria, que en sólo 2 años han causado más muertes y destrucción que todas las guerras árabe-israelíes desde 1948. El arrogante patricio de Nueva Inglaterra también decide ignorar al crecimiento del islamismo asesino y fanático que está afectando a todos los continentes, salvo Antártida… al menos hasta ahora.

En su búsqueda ciega de un premio Nóbel de la Paz (para empatarse con el que recibió su jefe por ¿??¿??), Kerry está dispuesto a sacrificar todos los legítimos intereses de seguridad de su supuesto aliado democrático.

En la visión mundial de Kerry existe un “insignificante” problema adicional en el Medio Oriente, aparte de la existencia de una democracia judía, que tanto incomoda a sus pacíficos vecinos árabes: la marcha galopante del Imperio Persa de los ayatolas hacia la adquisición de un arsenal nuclear. Recordemos que los ayatolas han dicho, sin pelos en la lengua, que la misión de la República Islámica de Irán es liquidar al cáncer sionista (léase, Estado de Israel). Recordemos también que Irán, uno de los grandes productores de petróleo del mundo, necesita energía nuclear para producir electricidad, como yo necesito seis dedos de los pies o tres fosas nasales. En fin, igual que Hitler anunció claramente en su Mein Kampf que su movimiento liquidaría a los judíos y avanzaría Alemania a ocupar todo el este europeo, los ayatolas (y todos los islamistas, seamos justos con ellos) nunca han ocultado su deseo de liquidar al estado y pueblo judío y establecer el califato universal.

Después de largas e infructíferas guerras en Irak y Afganistán, el occidente está cansado de enfrentamientos con los islamistas. Llegó la hora de probar la fórmula Chamberlain… apaciguamiento. Irán tiene un nuevo presidente… y el tipo hasta sabe sonreírse (como un Hitler, sin el bigotito), hagamos las paces con los ayatolas. En el occipucio de Kerry debe existir la certeza que los misiles iraníes no tienen el alcance suficiente para desarreglar a cualquiera de sus mansiones en Massachusetts, o su “town-house” en Boston, así que, ¿Hay algo que perder?

En vez de Múnich, la reunión de nuestro siglo se lleva a cabo en Ginebra. Igual que la de 1938, se excluye al principal afectado. Checoeslovaquia quedaba marginada de discusiones donde se decidiría su destino e Israel se excluye de las conferencias en Ginebra.

Todos los participantes de esta conferencia internacional parecen encantados con las sonrisas iraníes. Lady Ashton de la Unión Europea está tan enamorada de su colega iraní, que hasta está dispuesta a ponerse un chador de lujo. ¿Cuántas concesiones estamos dispuestos a darles a los buenazos de Teherán, para que en vez de hacer las bombas mañana, las hagan de aquí a dos días?

Por suerte, Monsieur Daladier no parece haberse reencarnado en el representante francés en Ginebra. Aparentemente, los franceses han redescubierto su espina dorsal, y Francia ha bloqueado el acuerdo tan ansiado por Mr. Kerry. ¡Vive la France!

Como epílogo a esta triste historia recordemos que:

1. Kerry no se ha dado por vencido, las conversaciones de Ginebra se reanudarán a finales de este mes;
2. Bibi Netanyahu y Edvard Beneš no se parecen en nada. Bibi no es santo de mi devoción, pero no tengo la menor duda de que él sabrá que la defensa de Israel es responsabilidad de nuestras propias fuerzas, y no de nuestros “aliados”. Ya lo dijo Ariel Sharón en su momento, Israel no es Checoeslovaquia.
3. Cuando Checoeslovaquia fue liberada de los nazis in 1945, el gobierno checo expulsó por la fuerza a los 3 millones de “sudetes alemanes” de su territorio. La regla general en el mundo siempre ha sido: “si empiezas una guerra y tienes el mal tino de perderla, te jodes como Herodes”. No se ha vuelto a hablar del problema de los refugiados “sudetes alemanes”, pero todavía se habla del supuesto “Nakba” de los “palestinos”.

Comentario de Jabotito:

Mi abuela materna, cuya madre murió durante el bombardeo alemán de Rovno y sus hermanas fueron asesinadas por los nazis y antisemitas ucranianos en los bosques de la muerte, detesta a las naciones europeas en general, por obvias razones. Pero del único pueblo que habla con cariño es el checo, especialmente cuando me cuenta cómo los checos tiraban pan a los vagones repletos de judíos que eran conducidos a los campos de concentración durante el Holocausto. También fueron los chechos los únicos que les dieron armas a Israel durante la Guerra de Independencia de 1948, en el momento que más necesitaba poder defenderse. El propio Isaac Rabín dijo en su momento: “Si no fuera por las armas de Checoslovaquia, dudo que hubiéramos podido ganar la guerra en el ’48”. Cualquier semejanza con la actualidad es pura coincidencia.

Los judíos y la guerra

Los Judíos y la Guerra

Los Judíos y la Guerra

Los macabeos entendieron que hay momentos en los que hay que pelear.

por Rav Benjamín Blech

El milagro de Januca no fue realizado sólo por Dios. Los macabeos jugaron un rol crucial al derrotar a los griego-sirios en el campo de batalla. Fue una sociedad entre el coraje humano y la guía Divina. Matitiahu y sus hijos prevalecieron porque fueron lo suficientemente sabios como para reconocer que, a pesar de que los judíos adoran la paz, reconocemos que puede haber momentos en los que hay que salir a la guerra.
Y eso no es algo que a nuestro pueblo le resulte fácil admitir – ni entonces, ni ahora.
Los sicólogos nos dicen que básicamente hay dos formas en las que podemos lidiar con el mundo: luchar o escapar. Al encontrarnos con una dificultad, podemos intentar luchar con el asunto y superarlo, o podemos huir y resignarnos.
Algunos pueden racionalizar y pensar que el “escape” es la respuesta religiosa correcta. No hago nada, y si Dios desea un resultado determinado, que Él haga lo que le parezca.
Como escuché una vez de Rav Soloveichik, esta era la forma de nuestro patriarca Yaakov, desde que estaba en el útero. Yaakov fue concebido primero. Técnicamente, él era el mayor, con todos los privilegios que le correspondían a la primogenitura. Esav, su hermano, utilizó la fuerza para salir primero. “Y después vino su hermano y su mano estaba agarrada del talón de Esav, y llamó su nombre Yaakov” (Génesis 25:26). El nombre mismo, Yaakov, viene de la palabra hebrea ‘tobillo’; aferrándose al tobillo de su hermano, Yaakov fue pisoteado al comienzo de su vida, siendo privado injustamente de sus derechos por la fuerza.
La vida de Yaakov continuó desarrollándose, guiada por la tácita filosofía de que “los niños judíos buenos no pelean”. Esav, su hermano gemelo, engañó a Itzjak, su padre, haciéndolo pensar que era el hijo más piadoso y meritorio – y si no hubiese sido por la intervención de su madre, Yaakov no hubiese dicho nunca nada sobre esta injusticia.
Cuando Yaakov se enamoró de Rajel y su suegro lo engañó intercambiando las novias para que se casara con Lea, su respuesta fue aceptar pasivamente la obligación de trabajar por otros siete años para ganarse la mano de la mujer que ya era suya por derecho.
La pasividad ante el mal y la aceptación silenciosa de la injusticia definían la teología de Yaakov. Eventualmente, Yaakov se dio cuenta de su error en la dramática historia que alteró su percepción a tal punto que causó un cambio de nombre, un cambio de nombre que demostraba que esta nueva percepción literalmente lo había convertido en una nueva persona.
En soledad y siendo atacado por un misterioso asaltante que los comentaristas identifican como el malvado representante de Esav, Yaakov se da cuenta de que la única alternativa que tiene es luchar. Al final de una larga noche de lucha, Yaakov queda rengueando pero igualmente recibe una bendición. Ya no es el pisoteado Yaakov, desde ahora en adelante es Israel – “porque has luchado con Dios y con el hombre, y has prevalecido” (Génesis 32:29).
Yaakov recibió un golpe, pero ganó la batalla – la batalla sobre su previa falta de voluntad para entrar en combate. Yaakov ganó la victoria más grande – finalmente logró conquistarse a sí mismo.
Y, explican los comentaristas, si quedó rengueando, ¿qué tiene de malo? Eso sólo implicaba que nunca más podría huir de nadie ni de ningún lugar, ni siquiera de sí mismo.
Ahora bien, el cambio de nombre de Yaakov a Israel es distinto que el de Abram a Abraham. Una vez que Abram se convirtió en Abraham, nunca más fue llamado por su nombre original. Abraham identificó su nueva misión como “el padre de muchas naciones”, el primero en traer el monoteísmo a la conciencia del mundo. El cambio de nombre era absoluto.

La paz es el objetivo máximo. Pero hasta la era mesiánica, la guerra sigue siendo una desafortunada necesidad.

Sin embargo, incluso después de que Yaakov se convirtiera en Israel – cuando el pacifista se convirtió en guerrero – todavía seguimos encontrando en algunas ocasiones que es llamado por su nombre anterior. La razón es obvia. Es lo que fue declarado tan hermosamente por Salomón en el libro Eclesiastés: “Hay un momento para la paz y hay un momento para la guerra”. Ambos nombres son utilizados, ambas modalidades son empleadas.
La paz es el objetivo máximo. Pero hasta la era mesiánica, la guerra sigue siendo una desafortunada necesidad.
Nos encantaría poder imitar la manera de Yaakov, que se sentaba tranquilamente en su tienda dedicando su vida al estudio. Pero mientras haya gente como Esav, que amenaza nuestra existencia, sabemos que debemos adoptar la identidad de Israel y batallar contra nuestros enemigos.
Los macabeos entendieron esto. Mientras que seguramente hubiesen preferido llevar la pacífica vida de los sacerdotes, reconocieron la responsabilidad puesta sobre ellos por la amenaza de un ejército greco-sirio que buscaba su destrucción.
Por supuesto, los buenos niños judíos no quieren pelear. Esa no es nuestra manera. Pero el mundo necesita saber que somos la nación de Israel, defendiendo la tierra de Israel. Y, al igual que nuestro patriarca Israel, lucharemos para sobrevivir. Al igual que los macabeos, Israel irá a la guerra cuando sea necesario. Eso es porque amamos tanto la paz que estamos dispuestos a luchar por ella.
Y ese es uno de los mensajes contemporáneos de Januca.

Lea también esperanza en el infierno y 8 noches, 8 héroes

Sobre Durán Barba y el antisemitismo

Antisemitismo: Las brujas y su poción venenosa

No me siento un paranoico. No soy de aquellos que ve en cada no judío alguien que me persigue.

Mis padres que escaparon de esa Europa “culta y democrática” dejando atrás las historias de horror de los campos de concentración y los hornos crematorios, no me inculcaron a desconfiar y apartarme de todos, pero sí a estar atento.

No me paso la vida buscando ni respondiéndole a antisemitas, ni encuentro la afirmación de mi identidad Judía en la respuesta al antisemitismo. Me paseo como hombre libre y amante de mi identidad de manera manifiesta y orgullosa.

Dicho lo anterior, no soy ingenuo y sé que el misterio del antisemitismo atraviesa mi condición judía y humana. También tengo claro que el antisemitismo es un “problema de los no judíos” que nos golpea terriblemente a los judíos.

Ellos deben desarraigar su propio monstruo. Es – y sin querer mezclar aunque tengan elementos en común – como el flagelo del terrorismo integrista musulmán y tantos otros monstruos. Podemos combatirlo, pero eliminarlo es solo posible lo logren ellos desde dentro y eso si están realmente dispuestos. ¿Cabe la pregunta?

¿Cómo tratar de encontrar categorías racionales para comprender y confrontar lo irracionalidad y primitivo?

Han pasado 5774 de la creación del hombre de acuerdo al calendario Hebreo y 2013 años del calendario gregoriano; en síntesis miles de años y la evolución del hombre en sus pulsiones primitivas parece ser nula. Sin duda el antisemitismo como otros cuantos flagelos primitivos están tan arraigados que parecen imposibles de erradicar del ADN de muchos “humanos”. Obviamente nada ni nadie podrá justificar la pulsión del psicópata violador y asesino, que debe ser extirpado de la tierra.

La Torah, que es un manual de señales para toda la Eternidad, nos enseña claramente lo que debemos hacer con Amalek y sus descendientes. Si supiéramos leer claramente su mensaje veríamos cómo no hay nada nuevo bajo el sol. Para los judíos este sino viene desde el Sinaí cuando D.s nos entregó un legado de valores éticos y nos convocó a ser testimonio de su presencia y existencia frente a una humanidad tantas veces salvaje cruel e inhumana. “Luz para las naciones, se nos dijo”.

Hace poco un maestro me enseño que de la palabra Sinaí ya en la época Talmúdica descubrieron se desprende la palabra Siná-Odio.

Bien. En las últimas horas en la Argentina un encumbrado asesor de imagen política del Jefe de gobierno de la ciudad elogió a Adolf Hitler como un hombre espectacular y a Stalin como un hombre de gran sensibilidad poética. Un pelotudo en términos argentinos al que incluso el título de antisemita le queda grande. Ni para eso le da. La estupidez e irreflexión en sus declaraciones solo muestran su involucionada sensibilidad humana y que su capacidad analítica es de una pobreza extrema. Pobre Jefe de Gobierno sino se lo saca de inmediato y de manera contundente de su lado.

Claro a este personaje Duran Barba se suma a tantos otros, que en algunos casos como el Senador Eugenio Tuma, coordinador de la campaña de Michelle Bachelet si tiene un ADN manifiestamente antisemita cuando acusa a mochileros Israelíes que salen a pasear después de sus sacrificados años en el ejercito de estar con sus sofisticadas mochilas y carpas conquistando la Patagonia. Ahora por fin se descubre el hi-tech israelí.

Miren el listado en estás regiones es tan largo que excede cualquier escrito. Da para libros. Están los Pichetto, los Pino Solanas, los Chávez, los Vargas Llosa, los D¨Ellia y un listado enorme de personajes de todos los niveles, posiciones y estratos.

Están los miles que tienen menos exposición mediática y que leemos en los foros de medios con opiniones llenas de odio y prejuicio que no resisten ningún tipo de análisis objetivo de los hechos y realidades.

Como ya dije, lo irracional nunca podrá ser confrontado con lo racional. Ese es parte de nuestro problema como judíos racionales y sensibles, no querer asumir una realidad que está fuera de nuestro control.

No se trata de argumentar bien. Un loco no se recupera con argumentos. Hay que asumir que tiene una patología, medicarlo y aislarlo para que no enferme a otros.

Claro que debemos tener presente la frase de Luther King. El problema no es el mal de los malos sino la indiferencia de los buenos. Ahí si tenemos que llamar y convocar a los que están sanos a apartar a los enfermos de sus filas.

El relativismo moral nos ha llevado a tragedias de las cuales hay que sacar lecciones. Con el mal no se convive, así como con el cáncer, el mismo debe ser extirpado.

Este escrito podría tener muchas segundas partes y de hecho las tiene. Hay infinitos sociólogos, psicólogos, filósofos que han abordado la judeofobia y como se instala e incluso afecta a los judíos en sus conductas internas. Eso da para otro escrito y les aseguro que se sorprenderán; ver cómo el odio externo se transforma en auto odio o en la búsqueda de producir victimas dentro de nosotros mismos ya que no sabemos como confrontar con la violencia externa.

Otro extenso capítulo lo podremos dedicar a los cortesanos judíos del poder que, cuando tienen que asumir con dignidad su condición, muchas veces son cómplices del antisemita de turno llegando en algunos casos patéticos a recordarnos al nefasto Judenrat.

Los que conservamos cierta cuota de lucidez, hace mucho nos dimos cuenta que el nuevo capitulo en el mismo odio ancestral es el trato absolutamente discriminatorio e inmoral que recibe el único estado judío del mundo que es acusado permanentemente como los judíos de una manera absolutamente irracional e inmoral de ser el gran problema de la humanidad.

Los datos son tan claros y contundentes que solo la ceguera del antisemitismo, hoy rebautizado antisionismo, puede no ver el ejemplo que es ese pequeño estado para todas las naciones de este planeta.

Señores como dice el dicho: no creo en las brujas, ni que todas los sean, pero que las hay las hay.

Fuente: Radio Jai

Obsesión anti-israelí de la ONU desenmascarada nuevamente

El Primer Ministro israelí le ofreció trabajo si resulta despedida

¿Para qué soy el Primer Ministro? (emocionante)

http://www.youtube.com/watch?v=XctYHXRU4gI&feature=c4-overview&list=UU4XJnRPZjXhgvVMhXKNSJvQ

PD: Tengo que mostrar solo el link porque de lo contrario el blog me redirige al último video subido por el canal, en vez del que yo quiero. Disculpen las molestias.

Crítica al marxismo

En este link pueden leer mi ensayo “Crítica al marxismo”.

En él ataco los postulados marxistas en metafísica, epistemología, ética y política, y sus proyecciones en el derecho y la psicología.
Incluyo comparaciones con el totalitarismo islamista y denuncio la judeofobia de Marx. Con respecto de esto último, les dejo un extracto:

La ética colectivista entierra la individualidad de los hombres, y realiza sobre ellos observaciones de clase, análisis grupales, y generalizaciones indebidas, al tiempo que se muestra incapaz de distinguir a los individuos como unidades primarias, cada uno como ser único e independiente, sin ataduras invisibles a la masa total de ellos. Por esto, vemos discriminaciones y acusaciones colectivas absurdas, dentro de las cuales la acusación contra los judíos es ilustrativa. Ya vimos que Marx personalizaba al enemigo en los capitalistas. En su escrito “La cuestión judía”, incurre aun más en la personalización del enemigo: dentro del enemigo capitalista general, identifica especialmente a los judíos de manera colectiva. Marx (cuyas banderas paradójicamente hoy son levantadas por unos cuantos movimientos izquierdistas “anti-discriminación”) era un discriminador colectivista y judeófobo que desperdigó su odio en estos términos: 

“Consideremos al judío real, mundano (…).  
¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo? La necesidad práctica, el interés propio. ¿Cuál es la religión mundana del judío? La usura. ¿Cuál es su Dios mundano? El dinero.
¡Pues bien entonces! La emancipación de la usura y el dinero, por consiguiente, del judaísmo práctico y mundano, sería la autoemancipación de nuestra época.
Una organización de la sociedad que aboliera las precondiciones para la usura, y por lo tanto la posibilidad de practicar la usura, haría imposible al judío”.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: